

“Todo tiene solución”. La frase sorprende porque llega cuando miles de venezolanos todavía intentan dimensionar la magnitud de la tragedia que dejaron los dos terremotos del pasado 24 de junio en La Guaira. Mientras continúan las tareas de evaluación de edificios y muchas familias permanecen fuera de sus hogares o regresan a inmuebles agrietados para recuperar las pertenencias que lograron sobrevivir al desastre, el ingeniero estructural israelí Avi Cohen sostiene que el futuro de la costa venezolana no está condenado por la fuerza de la naturaleza, sino por las decisiones que se tomen durante la reconstrucción.
Los dos sismos, que golpearon el centro-norte de Venezuela con pocos minutos de diferencia, provocaron una de las mayores emergencias que ha vivido el país en las últimas décadas. Tras los días dedicados a las labores de búsqueda y rescate, la prioridad pasó a ser otra: determinar qué edificios pueden volver a ser habitados, cuáles deberán demolerse y cómo reconstruir una región marcada históricamente por terremotos y deslizamientos de tierra.

Con ese objetivo llegó una misión internacional de ingenieros estructurales procedentes de Israel, cuyo trabajo no consiste en remover escombros, sino en inspeccionar las edificaciones que permanecen en pie para establecer si conservan condiciones de seguridad. Entre ellos se encuentra Avi Cohen, funcionario académico de alto nivel del equipo y especialista en ingeniería estructural y diseño antisísmico.
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Después de recorrer durante varios días las zonas más afectadas, Cohen asegura que una de las primeras conclusiones fue inesperada. Aunque el paisaje está dominado por edificios dañados y fachadas agrietadas, muchas de las lesiones visibles no comprometen necesariamente la estabilidad de las estructuras. Esa evaluación, explica, ha permitido que numerosas familias recuperen la confianza para regresar a sus viviendas tras las inspecciones técnicas.

Sin embargo, el especialista considera que la verdadera prueba comenzará cuando termine la emergencia. A su juicio, la tragedia debería abrir un debate profundo sobre la forma en que se construye en La Guaira, una región que ya sufrió la devastación del deslave de Vargas de 1999 y que convive desde hace décadas con amenazas geológicas conocidas. El desafío, afirma, no pasa por abandonar la costa, sino por comprender mejor el terreno y adaptar la ingeniería a sus condiciones.
A continuación la entrevista completa con Avi Cohen, responsable académico principal del equipo israelí en La Guiara, Venezuela:
—Después de recorrer las zonas afectadas, ¿cree que La Guaira tiene futuro?
—Totalmente. Esta franja de la costa tiene una belleza extraordinaria. Lo que hay que entender como ingenieros es cuál es el punto débil de esta zona: si es el suelo, si es el método de construcción o si existe otro factor. Hoy en día existen tecnologías y métodos de cálculo que permiten construir incluso en terrenos complejos. La ciencia existe; solo hay que entender el problema y adaptar correctamente el diseño.
—Entonces, ¿no considera que la solución sea abandonar las zonas más afectadas?
—No. Todo tiene solución. Yo trabajo diseñando construcciones antisísmicas y sabemos que es posible construir de manera segura incluso en suelos problemáticos. Lo importante es realizar un diseño apropiado para las condiciones del terreno. Esa tecnología existe y se utiliza en muchas partes del mundo.
—¿Con qué panorama se encontraron cuando llegaron a Venezuela?
—Nos recibieron muy cálidamente desde el primer momento. Llegamos durante la madrugada y pocas horas después ya estábamos camino a La Guaira. Nuestra misión no era participar en las labores de rescate, sino evaluar edificios que quedaron parcialmente dañados para determinar si podían seguir siendo habitados.
—¿Cuál fue la primera impresión durante las inspecciones?
—La primera impresión fue de una devastación muy grande. Hay muchos edificios dañados y algunos completamente colapsados. Pero cuando comenzamos a inspeccionarlos descubrimos que muchas grietas o daños visibles no correspondían necesariamente a fallas estructurales graves. La mayoría de los edificios que hemos evaluado están en mejores condiciones de las que uno imaginaría al verlos desde afuera. Eso ha permitido que muchas personas recuperen la confianza para regresar a sus hogares.
—Ustedes llegaron cuando la etapa de rescate prácticamente había terminado.
—Correcto. Cuando llegamos ya había transcurrido aproximadamente una semana desde el terremoto y la fase de rescate estaba concluyendo. Nuestro objetivo era apoyar la continuidad de la recuperación, ayudando a determinar qué edificaciones podían volver a utilizarse. Somos un equipo de ingenieros, no de rescatistas.
—Han trabajado en otros grandes desastres. ¿Qué diferencias encontraron en Venezuela?
—Cada país tiene sistemas de construcción distintos y enfrenta desafíos diferentes. Hemos trabajado en lugares como Turquía y Haití, pero aquí encontramos algo muy positivo: el apoyo de las autoridades y también de la población. Nos dieron espacio para trabajar, escucharon nuestras recomendaciones y colaboraron durante toda la misión. Eso facilita enormemente el trabajo técnico.

—¿Qué enseñanza deja esta tragedia para el futuro de La Guaira?
—Lo primero que aprendí es que esta región ya ha sufrido muchos desastres. Está el deslave de Vargas de 1999 y también antecedentes sísmicos importantes. Cuando uno participa en estas misiones no solo viene a evaluar daños; también viene a entender qué ocurrió para mejorar las prácticas de construcción, los reglamentos y los estudios del suelo.
—¿Qué debería cambiar?
—He escuchado muchas veces aquí que existen lugares donde se sabe que el suelo no es adecuado para construir y, aun así, se construye. Como sociedad hay que detenerse, analizar qué falló y decidir qué cosas deben cambiar para que esto no vuelva a ocurrir. Esa tarea involucra tanto a las autoridades como a la comunidad.
—Israel y Venezuela no mantienen relaciones diplomáticas desde hace años. ¿Eso representó algún obstáculo para la misión?
—No. En este tipo de desastres las diferencias políticas quedan de lado. Nosotros vinimos a ayudar. No hacemos política; hacemos ingeniería y trabajamos para las personas. Hemos sido recibidos muy bien y sentimos que esa actitud fue recíproca.
—¿Venezuela podría beneficiarse de una mayor cooperación técnica internacional?
—Creo que sí. Siempre es positivo compartir conocimiento. Todos los países pueden aprender unos de otros. Nosotros tenemos experiencia, igual que México y otros países acostumbrados a construir en zonas sísmicas. Ese intercambio científico y profesional siempre termina beneficiando a todos.
—¿Cómo es el trabajo diario del equipo?
—Cada mañana nos reunimos para definir los objetivos del día. Nos asignan un sector y vamos edificio por edificio. Necesitamos la autorización de los propietarios para ingresar y realizar las evaluaciones. Trabajamos hasta que cae la tarde y luego planificamos la jornada siguiente.
—¿Cuánto tiempo permanecerá la misión en Venezuela?
—Nuestro compromiso inicial es de dos semanas. Después habrá una rotación de personal y llegarán nuevos integrantes del equipo. Por ahora no conocemos la fecha definitiva en que concluirá la misión.
