Plantean la transición desde una agricultura reactiva hacia una agricultura predictiva y anticipativa, basada en información climática y decisiones técnicas previas al establecimiento de los cultivos.
Por eju.tv / La Paz /
Con temperaturas superiores al promedio histórico, déficit de precipitaciones, sequías prolongadas e incremento del riesgo de incendios forestales se sentirá el fenómeno de El Niño en Bolivia durante el último trimestre de este año, alertó ingeniero Luis Alberto Alpire.
El especialista instó a los productores y a las autoridades a sumir medidas preventivas para evitar daños irreversibles en la producción de alimentos y en la misma población.
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“La Administración Nacional de Oceanía y Atmosférica de Estados Unidos rarifica la vigencia de El Niño y establece ciertas probabilidades de que este evento ocurra a fin de año, en el último trimestre, con una potencia que pueda afectar o dañar, sobre todo, al sector productivo”, explicó.
Según Alpire, las aguas del Pacífico Ecuatoriano estarán a 30 grados y tendrá efectos con altas temperaturas, sequías prolongadas, lluvias por debajo del promedio y además condiciones propicias para que los incendios forestales se propaguen.
“El 2024 fue un Niño no tan fuerte. Si se plantean las proyecciones que están reflejadas, sería más severo que el año 2024”, alertó aunque insistió que son “probabilidades”, no obstante afirmó que es “preferible es prevenir que lamentar”. “Mejor es que nos preparemos no para lo peor, porque lo contrario sería estar pasivo y esperar que venga y nos azote”, dijo.
Alpire participó a inicios de mes del Foro Técnico “Riesgos y Desafíos del Súper Niño para el Sector Agropecuario de Bolivia” organizado por el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Santa Cruz (Cinacruz) y este miércoles se publicaron las conclusiones.
En el foro, se subrayó “la elevada probabilidad de un evento El Niño de intensidad moderada a fuerte, caracterizado por temperaturas superiores al promedio histórico, déficit de precipitaciones, sequías prolongadas e incremento del riesgo de incendios forestales, particularmente en el oriente boliviano”.
Esto impactaría en la reducción del rendimiento de los cultivos, incrementaría plagas y enfermedades y, además, dejaría en vulnerabilidad a la ganadería por escasez de forraje.
Por ello, se planteó la transición desde una agricultura reactiva hacia una agricultura predictiva y anticipativa, basada en información climática y decisiones técnicas previas al establecimiento de los cultivos.
En ese marco, se recomendó como acciones prioritarias incorporar pronósticos climáticos en la planificación agrícola; ajustar fechas de siembra de acuerdo con las perspectivas climáticas; seleccionar variedades con mayor tolerancia al estrés hídrico y térmico; fortalecer el monitoreo fitosanitario durante etapas críticas; mejorar el manejo del agua mediante reservorios y cosecha de agua; y promover la seguridad forrajera mediante silos y reservas estratégicas.
También se propuso impulsar sistemas de alerta temprana y monitoreo climático y fortalecer programas de capacitación y asistencia técnica para productores.
