Ya lo habíamos repetido hasta el cansancio. El MAS no juega limpio y no existe razón alguna para que podamos pensar que en el futuro cambiará de actitud. Su táctica es la descalificación del adversario a como de lugar y sin considerar si los métodos son éticos o no. Lo importante es que sean efectivos.
Todo el mundo sabía que algo se venía sobre Manfred Reyes Villa y ahora que conocemos su arraigo y anotación preventiva de bienes podemos decir que en realidad la sacó barata. El entorno palaciego que gusta definirse como “jacobino” hubiera preferido que la jueza Mirtha Montaño disponga simple llanamente su detención en el penal de San Antonio.
Ciertamente resulta algo muy difícil de creer que un candidato a la presidencia se vaya a dar a la fuga así por así pero ese fue el argumento que esgrimieron los abogados de la prefectura cochabambina que ejercen como acusadores para pedir primero la detención de Reyes Villa aunque después tuvieron que contentarse con la cautelación.
No nos corresponde evaluar si las acusaciones contra el candidato por el Plan Progreso son ciertas o no. Esa es una labor que corresponde a la justicia así esté cada vez más devaluada y dependiente como consecuencia directa de los embates masistas.
Todo el mundo sabía que la campaña electoral no sería una taza de leche ya que el MAS no repararía en medios ni mecanismos para alcanzar esa suprema aspiración que son los dos tercios en la Asamblea Plurinacional, hasta ahora conocida como el parlamento. No le interesa solo ganar; quiere hacerlo en forma aplastante de forma de reproducir su poder en el futuro de forma continua y permanente.
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Lo dijeron ellos mismos. Quiere quedarse en el poder por lo menos 50 años y para eso naturalmente tienen que montar toda la estructura institucional que les permita hacerlo. En este empeño están dispuestos a barrer con cuanto escollo se les ponga en el camino. Los partidarios de Manfred dicen que la medida responde al miedo que experimentan los masistas ante subida de su candidato en las encuestas. Es posible, pero esto responde al debate táctico electoral.
Lo que nos preocupa es que el MAS ya nos está dando muestras inequívocas de cual será su actitud en el futuro si por esas casualidades o un control férreo del voto en algunas regiones, logra concretar su ambición de controlar de forma absoluta la Asamblea, lo que le daría también el control del Órgano Judicial.
Es evidente que el MAS no tolerará oposición alguna y que aplicará todos los mecanismos, legales o ilegales, para anular cualquier intento opositor. Sin embargo en este punto cabe hacer notar que si el MAS asume el poder absoluto que pretende, en los hechos todo lo que haga será legal. Se hará realidad el concepto de Evo Morales: ellos le meterán nomás y los abogados (y legisladores) después lo legalizarán.
Por el momento, en el caso de Reyes Villa no lograron anularlo del todo pero es claro que están haciendo lo imposible para ponerle piedras en el camino. Con su arraigo evitarán que haga campaña electoral en el exterior pero lo que no están observando los estrategas masistas que en el plano interno podrían generar una “victimización” del candidato.
Esto es lo que en política se llama el “efecto boomerang”. Es decir que las medidas que se adoptan pueden terminar favoreciendo a quien se quiere perjudicar y perjudican a quien las impulsó.