El académico británico considera que Bolivia repitió un patrón histórico: reformas profundas que pierden impulso cuando el poder se personaliza y las instituciones se debilitan.

Cecilia Estache, James Robinson y Diego Peñaranda (der.)
Fuente: Brújula Digital
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
El premio Nobel de economía James Robinson es una de las principales referencias mundiales en economía política, instituciones y desarrollo. Es coautor, junto con Daron Acemoglu, de Por qué fracasan las naciones(Why Nations Fail) y El corredor estrecho(The Narrow Corridor), obras que han influido en el debate sobre las causas de la prosperidad y el fracaso de los Estados. Este profesor de la Escuela Harris de Políticas Públicas de la Universidad de Chicago es uno de los principales estudiosos de la relación entre las instituciones y el desarrollo económico.
En una reciente visita a la Universidad de Oxford, Inglaterra, el profesor Robinson fue entrevistado por los estudiantes de posgrado Cecilia Estache, de Paraguay, y Diego Peñaranda, de Bolivia para el podcast de la universidad.
Robinson conoce muy bien la realidad latinoamericana, aspecto al que le ayuda el hecho de que está casado con la destacada economista colombiana Maria Angélica Bautista, también investigadora de la Universidad de Chicago. El Nobel demostró también conocer con profundidad la realidad boliviana.
En ese sentido, sostuvo que Bolivia experimentó avances “extraordinariamente positivos” en inclusión y reconocimiento de los pueblos indígenas durante el ascenso del Movimiento al Socialismo (MAS), pero consideró que ese proceso terminó desvirtuándose por la concentración del poder alrededor de Evo Morales.
“Hubo avances importantes en términos de inclusión, de empoderamiento y de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y de su identidad. Creo que todo eso fue extraordinariamente positivo. Pero, según mi apreciación, Evo Morales terminó corrompiendo ese movimiento. Se convirtió en un proyecto personal”, afirmó.
Para Robinson, el deterioro no solo afectó al liderazgo político, sino también a la cohesión del propio MAS. “Al menos los bolivianos lograron apartarlo del poder y el movimiento quedó profundamente dañado. La cohesión del MAS también terminó deteriorándose. Creo que muchas de esas conquistas comenzaron a revertirse”.
El economista británico comparó esa evolución con procesos anteriores de la historia boliviana. Recordó que, tras la Revolución Nacional de 1952, las reformas redujeron de forma significativa la desigualdad, aunque buena parte de esos avances se perdió durante las décadas siguientes.
“Me parece que Bolivia ha vuelto a vivir una experiencia parecida”, señaló, antes de vincular ese fenómeno con la “ley de hierro de la oligarquía”, concepto desarrollado en su libro Por qué fracasan las naciones para describir la tendencia de los movimientos reformistas a reproducir dinámicas de concentración del poder.
A su juicio, el mismo patrón puede observarse en otros procesos políticos de América Latina. Mencionó al Partido de los Trabajadores de Brasil y al chavismo venezolano como ejemplos de movimientos que comenzaron con objetivos transformadores y terminaron convirtiéndose en proyectos personalistas. “Hay algo muy sistemático en todo esto dentro de América Latina. Y todavía no contamos con una buena explicación desde las ciencias sociales”.
Las declaraciones surgieron al responder una pregunta sobre la actual crisis boliviana, marcada por conflictos sociales y la resistencia a reformas económicas como la eliminación de los subsidios a los combustibles.
El “desequilibrio fundamental” de América Latina
Más allá del caso boliviano, Robinson presentó la principal idea de su investigación más reciente, desarrollada junto con el historiador José Luis Falcone. El eje de ese trabajo es lo que denomina el “desequilibrio fundamental” de América Latina: la persistente distancia entre los ideales que las sociedades se plantean y la capacidad real de sus instituciones para hacerlos efectivos.
Inspirado en el concepto de La ciudad letrada, del uruguayo Ángel Rama, sostuvo que buena parte de los problemas políticos de la región nacen de esa tensión permanente entre “lo ideal y lo real”. Desde esa perspectiva, fenómenos como el clientelismo dejan de explicarse únicamente por relaciones de poder o corrupción.
“Existe un ideal: que el Estado debería prestar servicios públicos, generar oportunidades y garantizar derechos. Pero, en la práctica, no logra hacerlo”, explicó. En ese vacío aparecen los intermediarios políticos. “Los políticos peronistas se colocan justamente entre la realidad y el ideal”. Ese mecanismo, sostuvo, ayuda a entender por qué el clientelismo persiste incluso en sistemas democráticos.
La misma lógica se refleja, según Robinson, en la construcción institucional de la región. “Los latinoamericanos somos muy buenos redactando leyes, pero no tan buenos aplicándolas”, resumió al referirse a la frecuente brecha entre las normas aprobadas y su implementación efectiva.
Ese enfoque también lo llevó a cuestionar una de las recomendaciones más extendidas en materia de desarrollo: la formalización del sector informal. En lugar de intentar eliminarlo, planteó que podría ser más útil comprender cómo funciona y potenciar sus propias capacidades.
“Quizás deberíamos dejar de intentar convertir al sector informal en formal y empezar a comprender cómo funciona según sus propias reglas y su propia lógica”, afirmó. Incluso sugirió que allí podría existir “un modelo de desarrollo o una forma de capitalismo informal que pueda prosperar y tener éxito”.
Durante la conversación también reflexionó sobre el impacto personal de haber recibido el Premio Nobel de Economía. Lejos de considerar el galardón como el cierre de su carrera, aseguró que sigue motivado por las preguntas que aún no logra responder.
“Hay muchísimas cosas que todavía no entiendo y sigo tan entusiasmado por hacer investigación como hace cuarenta años”, comentó. Recordó que poco después del premio varias personas le sugirieron retirarse, una posibilidad que nunca contempló. “¿Por qué habría de jubilarme? Convertí mi pasatiempo en mi forma de vida”.
