Cuenta los inicios de la historia detrás de la mujer que dirige la Asociación de Surtidores. Se declara ignaciana de corazón y con vocación para servir a la gente.
Fuente: El Deber
Sussy Dorado, gerente de Asosur, se declara una mujer decidida para lograr sus metas. Agradece el apoyo de su familia y siente que ha cumplido uno de los principales objetivos en su vida profesional, al ejercer la abogacía. Lleva más de 15 años al frente de Asosur. Abrió las puertas de su casa a Natali Justiniano, para confesarse En Confianza.
-¿Qué recuerdos tiene de su infancia?
Yo nací en San Ignacio de Velasco, un pueblo que está casi 600 kilómetros de Santa Cruz y que para mí es el pueblo más bello del mundo, porque obviamente tuve una infancia muy hermosa allá. Cuando cierro los ojos, si hay un lugar de paz, de felicidad, es justamente mi pueblo.
Amo mis orígenes, amo a mi gente. Mi familia ha sido un pilar fundamental en toda mi trayectoria hasta el día de hoy.
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-¿Se acuerda de ese último abrazo, antes de venir a Santa Cruz?
No me olvido nunca porque fue un adiós de parte de mi padre, pero con muchas condiciones. De hecho, yo salí bachiller a los 16 años y a los 17 me tocaba migrar a la gran ciudad para poder cursar los estudios universitarios. Mi papá no quería que yo me venga porque en esa época uno se convertía en mayor de edad recién a los 21 años.
La condición para dejarme venir era que me dedicara a estudiar, sin meterme en la política en la universidad. Él me conocía, sabía que yo le había heredado eso, que yo lo llevaba en la sangre. Juro que fue lo más difícil que me ha tocado cumplir, pero lo hice.
-¿Bolivia tiene tantas ciudades hermosas, por qué eligió Santa Cruz?
De hecho, no fue una opción que me dieron mi papá y mi mamá en ese momento. Era la que quedaba más cerca, en donde también tenía familiares, que me podían ayudar cuando yo hubiese necesitado algo.
De hecho, mi mamá tenía su madrina de bautizo, a quien todas le decíamos abuela. Entonces fue en la casa de la abuela Hilda donde yo llegué primero. Costó convencer a papá de que tenía que dejar el nido, que tenía que seguir adelante.
Yo salí secretaria dactilógrafa a los catorce años en San Ignacio. Allá estudié inglés, estudié alemán, también corte y confección… es decir, todos los oficios que podía desempeñar en el pueblo.
Mi padre me preguntó si yo estaba enamorada y le dije que la alternativa era un ‘matrimonio arreglado’ como los de antes, o irme a Santa Cruz a estudiar para ser abogada. Fue así que me dejó venir. Hice la maleta llena de sueños y esperanzas, con ganas de comerme el mundo. Porque yo siempre fui impetuosa.
-¿Y cómo fue ese primer contacto con la universidad?
Cuando quise inscribirme a estudiar Derecho… ¡sorpresa! La Facultad había sido cerrada. Entonces, me registré en la Facultad de Idiomas, para estudiar inglés y francés. Aparte, estudié secretariado ejecutivo con una beca que me gané del Club de Leones y eso me permitió también tener un título para poder trabajar, porque yo era consciente de que la vida en pueblo no es sencilla y todavía tenía dos hermanos menores como para exigirle a mi papá que me enviara una mensualidad. Por eso, decidí trabajar durante el día y estudiar por la noche.
-¿Cuál es el significado de haberse convertido en abogada?
Siento que he cumplido la meta que tuve desde niña. Tengo la profesión que me permite ayudar a la gente y creo que mi principal rol es ayudar. Una de mis hijas me pregunta que si no me acobarda estar más de quince años en lo mismo. Y le digo que no, porque todos los días me llama alguien para que pueda ayudarle con temas legales.
-¿Cómo fue abrirse espacio, hasta llegar a la gerencia general de Asosur?
No fue nada fácil. Pero tampoco ha sido complicado para alguien que tiene el deseo de hacer las cosas todo lo mejor que se pueda. En estos 15 años me he topado con toda clase de gente. Valoro mucho las amistades que he conseguido en este trabajo. Y he tenido que lidiar con todo tipo de autoridades.
Cuando yo comencé, hace 15 años, fue complicado porque justo aprobaron la ley que permitía intervenir las estaciones de servicios. Ahí me tocó ayudar a los surtidores con desarrolladores que trajimos de Argentina de Colombia, para ofrecer los servicios que ya se daban en esos países. Empecé bailando con la más fea y espero poder bailar con la más bonita en este gobierno.

