Palmasola: 13 años de la tragedia y la bomba sigue latente


 

El 23 de agosto de 2013 en una de las cárceles más grandes de Bolivia: Palmasola, ocurrió un hecho de gran magnitud de muerte y dolor: La masacre de Palmasola con 30 muertos y un niño, como producto de un enfrentamiento entre dos grupos de internos sobre el control del área de máxima seguridad de la cárcel, además alrededor de 38 heridos graves.



La Policía deslindó responsabilidades bajo el argumento que era una pelea de dos grupos poderosos, cuyos integrantes estaban armados de machetes, palos, garrafas, cerillas y otras armas.

Palmasola, situada en el departamento de Santa Cruz, es una de las cárceles más conflictivas del sistema boliviano, que adolece de un retraso en los juicios tal que hasta el 75% de los reclusos está en prisión preventiva. Y un número significativo vive en sus celdas con familiares menores, una práctica permitida si estos no tienen a nadie más que se haga cargo de ellos.

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Se ha convertido en un barrio populoso con todos los servicios de venta de comidas, intercambio comercial, cuartos hacinados, talleres de varios oficios humanos, biblioteca, templos, canchas, donde los detenidos buscan cómo pasar el día, sin sujetarse a un programa de rehabilitación, terapias, lecturas, charlas y otras actividades paralelas.

Es decir, la mayoría de los internos han pasado ya del dictamen inicial del juez de detención preventiva, sin que tengan sentencias o sean enviados a sus casas con detención domiciliaria, aspecto que está dirigido solo a algunos acusados que gocen de prestigio, solvencia económica y relaciones políticas, como los casos de los dueños de las sospechosas 32 maletas, un ex juez y una exdiputada, fueron privilegiados con la detención domiciliaria. ¿Es selectiva la justicia?

Luego de la masacre el Defensor del Pueblo, Rolando Villena (2010-2016) emitió un importante informe de investigación y recomendaciones, que no fueron tomadas en cuenta por los gobiernos que pasaron desde ese hecho hasta el presente, por lo que el sistema carcelario sigue siendo una bomba de tiempo, que en estos últimos días ha generado mas noticias trágicas: balacera y asesinato de dos personas en Chonchocoro, fuga de Palmasola, reyertas, violencias y discriminación contra la población GLTB y el vergonzoso hacinamiento en que deben convivir los más de 9.500 personas privadas de libertad que hoy guardan detención en el Centro Penitenciario de Palmasola, cárcel que fuera creada para alrededor 4.000 personas.

Debería tomarse como el fin y el inicio de un nuevo sistema penitenciario, pero no aprendimos las lecciones. Ese día hubo más de 30 detenidos muertos de diferentes formas: quemados, macheteados, golpeados, con balas.

Pero hace 13 años pasó algo más que una supuesta pugna por el control del PC-7 y desnudó la crítica situación del régimen penitenciario:

  • Complicidad de los policías y de las autoridades penitenciarias en los controles para el ingreso de personas, utensilios, armas, bebidas, etc.
  • Cero controles y seguimiento al interior de las celdas carcelarias, donde los detenidos pueden hacer lo que ellas quieran.
  • Ausencia de programas de rehabilitación, de terapias ocupacionales y políticas sociales.
  • La enorme retardación de justicia y el hacinamiento en las celdas de Palmasola. Y las permanentes denuncias de corrupción, prevaricatos y otros contra los administradores de justicia.

Como si nos acompañara un destino trágico las autoridades no aprenden de los desastres y desde ese agosto de 2013, pese a las conclusiones y recomendaciones de la Defensoría del Pueblo, no se han hecho avances ni concretados programas para disminuir el hacinamiento carcelario, aumentar los prediarios, combatir la retardación de justicia, mejorar los controles policiales de los visitantes y tener control total al interior de las cárceles de Bolivia.

El ex gobernador de Palmasola, Juan Carlos Justiniano, asegura que la población penitenciaria en un 70% está detenido ilegalmente, porque ya han sobrepasado los seis meses o varios años de sus medidas cautelares. “Cuando el interno pide la extinción de la pena, el juzgador señala que no le corresponde, porque la fiscalía aún está en etapa de investigación, entre ellos se lavan las manos, hay una falencia bárbara en la justicia, falta de voluntad política de los juzgadores”.

En las jornadas de descongelamiento judicial que se realizan cada cierto tiempo en Palmasola solo logran liberar entre 5 a 6 privados de libertad, cuando deberían hacerlo en cantidades mayores.

Justiniano apunta en el nudo de la cuestión: tenemos un sistema penitenciario que es parte del gobierno, sin ningún tipo de políticas penitenciarias y sociales, en cuanto a prevenir el crimen, celeridad judicial y programas de terapias ocupacionales.

El sistema carcelario no es prioridad para el Estado boliviano, porque considera que los que han cometido delitos son desechos humanos y personas crueles que no se merecen ni programas de rehabilitación, terapias, alimentación, debido proceso y tener mejores condiciones de vida.

El gobernador de Santa Cruz, Juan Pablo Velasco, ha lanzado una importante advertencia: convertir a Palmasola en un verdadero centro penitenciario y que no sea como un barrio periurbano, tal como está desarrollado. Eso se debe hacer y urgente.

Una realidad que también fue fuente de inspiración para las letras y los autores, que buscaron denunciar y alertar sobre esta delicada situación, que poco o nada cambió en ese recinto carcelario: siguen los mismos problemas estructurales, las mismas irregularidades y la poca atención que prestan las instancias competentes para apoyar de la mejor manera a las personas privadas de libertad, que prácticamente son abandonadas a sus suertes una vez que ingresan como un número entre todos los que han cometido delitos de violaciones, robos, hurtos, asesinados, tráfico y consumo de cocaína, corrupción, estafas, agresiones, etc.

Edmundo Paz Soldán, laureado y destacado escritor cochabambino de renombre internacional en su libro Los días de la peste nos refleja la cruda, cruel y nefasta realidad del sistema carcelario del país; los hechos son más poderosos que la imaginación:

“Mande guardias a la capilla, prohíba la entrada, avise que habrá una nueva requisitoria y  los castigos serán peores. Prepárese, en los próximos días habrá arrestados y recibiremos un montón de prisioneros.

No hay más lugar, jefe. Las celdas están pletóricas.

Hay cuartos cómodos en el segundo patio. Ni qué decir de lso departamentos del primer patio. El de Lillo, por ejemplo, ocupa todo un ala.

Sabe que sin lo que nos pagan esos reclusos no podríamos esperanzarnos.

Haga lo que tenga que hacer. No podemos estar presos de nuestros presos.

Ya lo somos de algunos, quiso decir, pero no lo dijo. En vez de eso: veré que se puede hacer. Donde entran treinta pueden entrar treinta y uno. O cincuenta y siete”.

“Es la característica del sistema judicial. Corrupción y maleantes de primera que se mueven por coimas. Todo es plata hasta al más pobre extorsionan y roban. Y si no pagan te dejan preso”, es el testimonio de unos de los 9.500 detenidos en Palmasola.

 

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