Bolivia no cambiará si el ciudadano sigue siendo espectador


Existe una posibilidad que debería preocuparnos profundamente: que los errores, la ineficacia, la errática política de provisión de combustibles y las denuncias de corrupción de los actuales actores políticos terminen creando las condiciones para el retorno de aquello que muchos creíamos superado.

Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿Qué podemos hacer nosotros, los ciudadanos de a pie?



La historia boliviana demuestra que la ciudadanía tiene capacidad para cambiar el rumbo del país. A pesar de ciertos cuestionamientos, un ejemplo es la experiencia que vimos en el 2019. El problema es que esa fuerza aparece generalmente cuando la crisis ya llegó al límite y después desafortunadamente volvemos a entregar completamente nuestro destino a los políticos.

Ese ciclo definitivamente debe terminar.

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La democracia no consiste solamente en votar cada cinco años. Consiste también en vigilar, fiscalizar, exigir transparencia, denunciar la corrupción y participar activamente en la vida pública.

No se trata de ser oficialistas ni opositores. Se trata de ser ciudadanos responsables.

Apoyar lo que esté bien, cuestionar lo que esté mal y exigir que cada autoridad recuerde que el poder no le pertenece: le fue prestado temporalmente por la ciudadanía.

Quizás el gran error de Bolivia ha sido esperar siempre el cambio desde arriba. Tal vez el verdadero cambio tenga que comenzar desde abajo: desde cada ciudadano que decide no tolerar la corrupción, el abuso, el prebendalismo y la indiferencia.

Bolivia no necesita solamente nuevos políticos. Necesita nuevos ciudadanos, con una mentalidad y una actitud diferente.

Porque mientras sigamos esperando que un líder venga a salvarnos, seguiremos condenados a repetir nuestra historia.

El futuro de Bolivia no puede quedar solamente en manos de quienes gobiernan. También depende de quienes elegimos, vigilamos y exigimos.

El cambio que Bolivia necesita no puede seguir esperando al próximo presidente. Tiene que comenzar ahora mismo con nosotros.

Fernando Crespo Lijeron