La Cumbre de San Pedro 


 

 



Resulta conmovedor ver a dos titanes de la política criolla reencontrarse en la “Cárcel de San Pedro”, ese micromundo donde el capitalismo salvaje funciona mejor que en el libre mercado exterior. Lara, con su traje impecable y su sonrisa de campaña perpetua, caminaba esquivando niños que jugaban en el patio y delegados de sección que cobran peaje por el derecho a respirar. El contraste era poesía pura: el poder vigente negociando con el poder tras las rejas, separados únicamente por una sentencia judicial y un par de incómodos guardaespaldas.

 

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El vicepresidente cruzó el umbral del penal con esa desconexión robótica que lo caracteriza, como si en lugar de entrar a una de las cárceles más hacinadas del continente estuviera ingresando a un laboratorio de simulación social. Para un hombre con su marcado perfil esquizoide, el caos vibrante, los gritos de los internos y el olor a encierro del penal no provocaron ni un pestañeo de asombro; el excapitán habita en su propio entramado mental, un lugar aséptico donde las emociones humanas son simples variables prescindibles.

 

La cita con el expresidente Arce no requirió de salones alfombrados ni de edecanes de gala; bastó el hacinamiento habitual, el olor a fritura barata y ese aire de mercado popular que caracteriza a la cárcel más famosa del país.

 

Arce, a su vez, despojado del bastón de mando y de los aplausos almibarados, recibió al expolicía en una celda que, según los estándares del penal, califica como «suite de lujo» gracias a los milagros de la billetera. La entrevista tuvo el tono de una tragicomedia. El vicepresidente, mostrando una empatía tan plástica como sus discursos, se interesó por las condiciones del recluso, obviando el detalle de que su propio gobierno ayudó a diseñar el encarcelamiento  del exmandatario.

 

Asimismo, es muy posible que el encuentro tuvo la finalidad de recabar algunos informes o técnicas de un golpe de Estado, iguales o mejores que las señaladas por Cursio Malaparte o al menos, aquellas aplicadas por el inefable Gral Zuñiga.

 

Los detalles del diálogo se mantienen bajo el habitual secretismo de Estado, pero las sonrisas tensas a la salida lo dijeron todo. Lara abandonó el recinto carcelario con la prisa de quien teme que las puertas se cierren para siempre a sus espaldas, dejando a Arce en su nuevo despacho de adobe.

 

Al final, la visita debió cumplir su verdadero objetivo, como el de averiguar al “cajero”  algunos detalles de las cuentas bancarias que el jefazo no puede todavía descifrar, pese a los años de retiro en su republiqueta del Chapare. Asimismo, sin ruborizarse, Lara reconoce su alianza con el proscrito y pide que se respete  un referéndum, en el que se consulte a los bolivianos si aceptan su habilitación, para volver a candidatear “Si gana, entonces se respeta la voluntad del pueblo” señaló.

 

Del mismo modo, la cita fue útil para regalarle a la prensa una foto morbosa y recordarle a la clase política que, en este país, el palacio de gobierno y la celda común están a solo un cambio de gestión y a un pequeño paso de distancia. Razones suficientes que justificaron la celebración de la Cumbre de San Pedro.

 

 

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