Una de cal y otra de arena, eso es lo que dejó el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre el desempeño del comercio exterior boliviano al primer semestre de 2026. La buena noticia fue que Bolivia exportó 6.395 millones de dólares e importó 4.739 millones, logrando un superávit de casi 1.700 millones de dólares, una cifra que definitivamente merece ser destacada, ya que se la alcanzó pese a todas las dificultades políticas, sociales y económicas.
La mala noticia es que la gente violenta que bloqueó al país durante 53 días en los meses de mayo y junio provocó un doloroso freno a la economía boliviana: las exportaciones cayeron por más de 1.000 millones de dólares, dando al traste con la expectativa de superar los 14.000 millones y marcar un nuevo hito histórico: el señor Mario Argollo y “su” COB, los tristemente célebres “movimientos sociales” y las despiadadas ONGs que lucran con la pobreza deben estar felices de que tan linda aspiración casi se haya esfumado.
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Esa gente ignorante —así hayan estudiado, sean posgraduados o hablen con un tufillo gringo, gaucho o europeo- no entiende que exportar no es simplemente vender algo a otro país, sino, que es el summun del esfuerzo de arriesgar, invertir, producir, abrir mercados y ganar clientes a lo largo de una extensa cadena de valor que genera empleos e ingresos para los ciudadanos, mientras que a otros les basta armar un discurso bonito, prometer trabajar por los pobres, extender la mano y recibir millonadas para, a la postre, no hacer nada bueno.
Lo cierto es que nuestros exportadores que generan con gran esfuerzo los dólares que nos permiten importar combustibles, vehículos, maquinarias, equipos, insumos industriales, medicamentos y tantos otros bienes que necesitamos para producir, transportarnos y vivir, cuando son afectados por los bloqueadores, sus instigadores y financiadores, el golpe artero no acaba ahí, sino que, más temprano que tarde, el impacto lo sentirá el bolsillo del ciudadano de a pie, ya que menos exportaciones implica menos dólares para el país, y menos dólares significa mayor presión sobre el tipo de cambio, por eso es que el dólar sube y termina encareciéndolo todo: el transporte, los alimentos, insumos y servicios. El bloqueo afecta sin misericordia a la economía de los bolivianos.
Pero, a pesar de los mañudos y los dañinos, el informe del INE muestra algo alentador: comparadas al primer semestre de 2025, las exportaciones crecieron 55% en valor, esto es, 2.269 millones de dólares ¡hubieran sido más de 3.000 millones de no haber mediado los perversos bloqueadores! Los minerales, aunque cayeron en volumen, explican gran parte de ese salto, gracias a los altos precios internacionales. Por su parte, las Exportaciones No Tradicionales subieron 222 millones de dólares, representando 22% del total exportado.
Pero… ¿Sabrán los bloqueadores y sus ONGs financiadoras que para producir y exportar hay que trabajar, sembrar, cosechar, transformar, transportar, comerciar y cumplir contratos? Sea que sí o sea que no, igual se empecinan en robarnos algo muy valioso: la paz social.
Volviendo al Informe, es bueno aclarar que importar no es malo, aunque hay quienes no entienden que al no ser ningún país plenamente autosuficiente, las importaciones son parte de la vida y este dato es importante: el 83% de lo importado por Bolivia son combustibles, insumos, bienes de capital y equipos de transporte, que en gran parte ingresan por Santa Cruz, pero que van a otros departamentos para invertir, producir, trabajar y movilizar al país.
De ahí que las exportaciones e importaciones no son enemigas, en realidad, son las dos caras de una misma moneda: el comercio exterior. Y, esa moneda genera y necesita dólares, aunque hay algunos intelectualoides y malos dirigentes que se empeñan, en un afán casi orgásmico, en llevar a Bolivia a la ruina. Cuando acabe el estado de excepción ¿lo volveremos a permitir?
Protestar es un derecho y reclamar también, pero nadie puede vulnerar los derechos de los demás; tenemos derecho a circular, producir, estudiar, a la salud, a alimentarnos y a la seguridad: ¡Déjennos vivir y trabajar en paz!
Por eso, la necesidad de una Ley Antibloqueos, no para coartar la protesta social, sino, para proteger nuestros derechos —garantizar la pacífica convivencia— y evitar que la violencia se imponga sobre la razón. Bolivia precisa reglas claras, seguridad jurídica y previsibilidad para que quien invierta pueda sacar su producción; quien exporte pueda cumplir su contrato; quien importe pueda recibir su mercadería; y, que el jefe de hogar pueda llegar a su trabajo.
Los bloqueadores, sus instigadores y financiadores deben entender que sin inversión no hay producción; sin producción no hay exportación; sin exportación no hay dólares y sin dólares la vida se vuelve más cara. Si no lo entienden por las buenas, que lo hagan por la fuerza de una Ley Antibloqueos que prevea no solo una sanción penal, sino el pago del daño económico ¡a ver si así aprenden!
Gary Antonio Rodríguez Álvarez
Economista y Magíster en Comercio Internacional
