
Fuente: Infobae
(Desde Washington, Estados Unidos) La OEA aprobó una convocatoria urgente de cancilleres de toda la región para condenar a la dictadura de Nicaragua, que desde septiembre tiene intenciones de suspender para siempre los comicios presidenciales y legislativos.
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La decisión política del foro regional fue aprobada por 29 países, Brasil en contra y la abstención de México. Los gobiernos de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum jugaron en tándem, pese a que utilizaron diferentes métodos al momento de votar.
En concreto: los embajadores de Lula y Sheimbaum rechazaron la convocatoria de todos los cancilleres para repudiar otra decisión autocrática de los dictadores Murillo y Ortega.
La cumbre diplomática aún no tiene fecha precisa. Pero debería ser antes del primero septiembre, ya que ese día la Asamblea Nacional abolirá el derecho de votar en Nicaragua.

Antes de la votación se abrió un espacio de debate geopolítico que exhibió las diferencias entre Estados Unidos y sus aliados frente a la posición que detentan Brasil y México en la región.
Benoni Belli -embajador de Lula ante la OEA- planteó una objeción formal que tenía como única finalidad política evitar que la OEA pudiera convocar a los cancilleres para debatir la situación en Nicaragua.
“Nosotros consideramos que hay que agotar las posibilidades de actuar desde el Consejo Permanente y la Secretaría General. Por este motivo, no entendemos que sea el motivo adecuado para convocar a una reunión de cancilleres. Esta conducta va en contra de las mejores actuaciones diplomáticas y también el espíritu de cooperación entre los organismos multilaterales. En lugar de contribuir a una solución sustentable, simplemente estamos precipitando un principio de negociación para obtener visibilidad política en detrimento de medidas que podrían ayudar de manera eficiente a ratificar los derechos de Nicaragua”, afirmó Belli.
Y completó: “Nosotros respaldamos la creación de un grupo de especialistas nacionales para tratar de solucionar la situación en Nicaragua, según lo fue sugerido por el señor (Albert) Ramdin, secretario general, en una reunión sobre este tema para analizar la situación en Nicaragua”.
La posición reluctante de Belli fue replicada por Carlos Cherniak, embajador de la Argentina en la OEA, quien desnudó la posición formal que alegaba Brasil.
Cherniak planteó lo que pensaban otros 28 representantes diplomáticos en el foro regional: no hay tiempo para debates académicos, la dictadura de Nicaragua otra vez violará los derechos humanos en beneficio propio.
“Tenemos en claro de que estamos en una situación de una emergencia enorme en un país que su gobierno decidió que no va a haber más elecciones y no va a haber más democracia. Ninguno de nuestros países que firmó la carta democrática y tiene un compromiso con este sistema interamericano puede permanecer absolutamente inerme frente a esta situación”, sostuvo Cherniak.
Y añadió: Cada uno de nuestros colegas tiene que saber lo que se juega con su voto respecto de esta cuestión. Es un tema muy delicado y todos los exiliados nicaragüenses que nos acompañan, todos aquellos que han perdido su nacionalidad por el autoritarismo del gobierno nicaragüense, todos aquellos que están mirando por diferentes mecanismos visuales, virtuales, toda esta situación, están mirando qué va a hacer la OEA y qué va a hacer cada uno de los países en términos de solidaridad con aquellos nicaragüenses que están sufriendo la represión y que le están diciendo que nunca más van a tener democracia».

El 19 de julio, durante un acto oficial para reivindicar a la Revolución Sandinista, Daniel Ortega anunció que se iban a abolir los derechos electorales en Nicaragua.
“No volverán a haber elecciones. No volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder. (…) Aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al Gobierno. ¡Jamás, jamás, jamás!”, anunció el dictador nicaraguense.
Este anuncio autoritario, que se ejecutaría el primero de septiembre por la Asamblea Nacional, puso en marcha los mecanismos institucionales de la OEA.
Estados Unidos avalado por sus aliados en América Latina solicitó que se convocara a una cumbre de cancilleres para repudiar la decisión del régimen sandinista y definir una línea de acción que pueda preservar el derecho a votar en Nicaragua.
Con la oposición de Brasil y la abstención de México, 29 países avalaron la convocatoria a la cumbre de cancilleres, que podría suceder la semana siguiente.

