Mientras los exámenes médicos de Oliveira confirmaron la presencia de mercurio en su organismo, decenas de comunidades esperan que esta denuncia no quede en el olvido.
eju.tv / Video: Radio Fides
La corregidora del municipio de Magdalena, en el departamento del Beni, Carla Oliveira, se convirtió en la voz de una crisis silenciosa que envenena a las comunidades amazónicas. Tras entrar en contacto con las aguas del río Blanco, la autoridad presentó graves daños en la piel y, luego de someterse a exámenes médicos en Argentina, fue alertada sobre un posible cáncer de piel. Su testimonio expone la cara más cruda de la contaminación por mercurio que ya recorre los ríos del norte boliviano.
«Mi persona sufrió daños en la piel, agua contaminada, obviamente exceso de mercurio, incluso la noticia que a mí me dieron, porque tuve que hacer un examen directo e indirecto, el examen directo tardó tres meses, recibí la noticia que puede ser cáncer de piel. Yo que no voy mucho al río, a Tepico. Nos están matando. Sería muy ideal que paremos este monstruo, porque es un monstruo gigante, la minería hay que frenar, nos están matando», enfatizó la autoridad ante un auditorio, al tiempo que advirtió que las próximas pruebas serán aún más contundentes porque las aguas están cada vez más contaminadas.

El calvario de Oliveira no es un caso aislado, sino el síntoma de una contaminación generalizada. Un estudio técnico realizado por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) confirmó la presencia de mercurio en los ríos de la Amazonía boliviana, que afecta directamente a comunidades indígenas que dependen de estos afluentes para su alimentación y subsistencia. El vicepresidente del Tribunal de Justicia Indígena de la CIDOB, Ángel Durán, señaló que los análisis evidencian una afectación que alcanza a numerosas poblaciones ribereñas, que ya han denunciado la presencia del metal pesado en sus territorios.
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La contaminación por mercurio, derivada de la minería aurífera, ha sido documentada por diversas instituciones. La CPILAP y la UMSA realizaron un estudio sobre los niveles de mercurio en comunidades asentadas en los ríos Madre de Dios y Beni, cuyos resultados revelan altos índices de contaminación en los pueblos y comunidades aguas abajo de los centros mineros. El informe, difundido por la Fundación Solón, califica la situación como «una gran alarma nacional» que exige respuestas urgentes.
Un reportaje de Mongabay profundizó en el problema al establecer que diez especies de peces que habitan el río Beni presentan distintos niveles de contaminación por mercurio. La investigación científica, que evaluó simultáneamente el valor nutricional y el riesgo tóxico, concluyó que no todas las especies son igualmente peligrosas, y propuso una guía para que las poblaciones indígenas puedan seleccionar los peces menos contaminados sin renunciar a su dieta tradicional. Sin embargo, la advertencia es clara: el mercurio ya está en la cadena alimentaria.
El grito de Oliveira resuena con fuerza. «Nos están matando», repitió, en una denuncia que no solo apunta a la minería ilegal, sino también a la inacción del Estado. Las autoridades han sido advertidas, los estudios científicos están sobre la mesa y las comunidades amazónicas ya pagan el precio de una actividad extractiva que no mira por la vida ni por el medio ambiente.
Mientras los exámenes médicos de Oliveira confirmaron la presencia de mercurio en su organismo, decenas de comunidades esperan que esta denuncia no quede en el olvido.