Santa Cruz crece, pero su movilidad sigue atrapada


Las ciudades no son objetos inmóviles. Son organismos vivos, dinámicos, en permanente transformación. Crecen, cambian sus actividades, aumentan su población y modifican sus formas de habitar y desplazarse. Por eso, la planificación urbana y, especialmente, la movilidad debe evolucionar al mismo ritmo.

Una ciudad moderna y atractiva no se construye únicamente con edificios, avenidas y nuevas urbanizaciones. Se construye también garantizando que las personas puedan desplazarse con fluidez, seguridad y eficiencia. La movilidad urbana debe ser entendida como un componente fundamental de la calidad de vida y del desarrollo.



Hace aproximadamente veinte años me atreví a escribir la que fue mi primera nota de opinión, publicada generosamente por El Deber. El tema central era la preocupación de un simple ciudadano ante las crecientes dificultades del tráfico vehicular en Santa Cruz de la Sierra.

Ya entonces advertía una realidad que, lamentablemente, continúa vigente: muchas calles y avenidas de nuestra ciudad habían dejado de cumplir plenamente su función esencial de permitir la circulación de vehículos para convertirse, en gran medida, en áreas permanentes de estacionamiento.

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Las vías fueron concebidas para circular, no para almacenar vehículos durante horas.

El resultado de este uso inadecuado es evidente. Una calle de varios carriles puede perder aproximadamente un tercio de su capacidad cuando uno de ellos es ocupado permanentemente por vehículos estacionados. En algunos casos, cuando el estacionamiento ocupa ambos lados, la reducción de la capacidad de circulación puede ser aún mayor.

Esta situación resulta cada vez más inconcebible e inaceptable en una ciudad que continúa creciendo aceleradamente y va camino a convertirse en una gran metrópoli.

Un ejemplo evidente, entre muchos otros, es la avenida San Martín, en la zona de Equipetrol. La proliferación de edificios, comercios, oficinas, nuevas actividades y el inevitable uso para el ingreso y salida del Urubó, ha incrementado considerablemente el flujo vehicular.

Durante buena parte del día, la circulación se vuelve lenta y congestionada. Sin embargo, una parte importante del espacio destinado a la movilidad permanece ocupada por vehículos estacionados.

Ante esta realidad, corresponde tomar decisiones prácticas y oportunas. Una medida inmediata podría ser prohibir el estacionamiento vehicular en determinados horarios de mayor circulación, por ejemplo, entre las 6:00 y las 18:00 horas, permitiendo que las vías recuperen su verdadera función.

Naturalmente, prohibir el estacionamiento en las avenidas no significa desconocer una necesidad real. Los ciudadanos necesitan espacios seguros y accesibles para dejar sus vehículos. Pero esos espacios deben estar adecuadamente planificados.

En la nota de opinión antes mencionada propuse que el Gobierno Municipal, mediante alianzas público-privadas, impulse la construcción de estacionamientos públicos en edificios especializados o mediante el aprovechamiento de subsuelos en zonas estratégicas de la ciudad.

Esta propuesta mantiene plena vigencia.

Santa Cruz de la Sierra necesita comenzar a pensar su movilidad con una visión de futuro. No podemos continuar resolviendo los problemas del crecimiento urbano con las mismas soluciones de hace décadas. Se requiere planificación, normas claras, inversión y, sobre todo, la decisión política de recuperar el espacio público para la función para la cual fue concebido.

Las nuevas autoridades municipales tienen la oportunidad de abordar este problema con seriedad y sentido de urgencia.

La ciudad seguirá creciendo. Recuperar la fluidez de nuestras calles y avenidas no es solamente un problema de tránsito. Es una decisión en favor de una ciudad más ordenada, eficiente y humana.

Santa Cruz no puede detener su crecimiento, pero sí puede y debe aprender a organizarlo mejor.

 

 

Fernando Crespo Lijerón