Altos mandos militares estadounidenses fueron sometidos a pruebas de detector de mentiras durante el mes de agosto, según reveló esta semana el New York Times. El Pentágono tomó esta medida radical para tratar de determinar el origen de las filtraciones sobre la escasez de municiones que enfrenta el ejército. Algo sin precedentes a este nivel y, sobre todo, de tal magnitud.

Con Gwendal Lavina, corresponsal de RFI en Nueva York
En total, unos cincuenta militares, entre ellos algunos de los más altos mandos del ejército estadounidense, tuvieron que someterse a la prueba. Según el New York Times, que da a conocer el caso, se trata de miembros del Estado Mayor Conjunto, así como de personal de apoyo del Pentágono.
El objetivo: determinar si alguno de ellos filtró deliberadamente información a la prensa sobre el racionamiento de ciertos misiles debido a una escasez provocada por la guerra en Irán. Una información que la administración de Trump desmiente
Al parecer, nadie habría reprobado el examen
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Si bien este tipo de pruebas se realizan habitualmente, por ejemplo, para la renovación de las autorizaciones de seguridad, es la primera vez que se utilizan con este fin a tan amplia escala. Así lo explica Mark Esper, exsecretario de Defensa, en el medio Bloomberg.
«Nunca había visto algo así; me parece algo sin precedentes por su magnitud. Pero a ninguna administración le gustan las filtraciones, y esta en particular. Hay mucha preocupación por la información clasificada sobre las municiones. ¡Pero, en realidad, hace mucho que la han publicado centros de estudios, periodistas e incluso exmiembros del Pentágono! Así que ya veremos qué pasa», comentó.
Según CBS, nadie falló en el detector de mentiras. Por su parte, el Pentágono se negó a comentar el procedimiento, aunque afirmó que toma en serio las filtraciones y la seguridad de la información clasificada.
