Por Freddy Teodovich Ortíz
Constituida por el Ejército Nacional, la Fuerza Aérea Boliviana y la Armada Boliviana, las Fuerzas Armadas de la Nación son la institución fundamental y permanente del Estado, cuyos principios doctrinarios, entre otros, son de preservar el mandato constitucional, la paz y la unidad nacional y la estabilidad de las instituciones democráticas; siendo depositarias de su libertad, progreso e integridad territorial y espiritual (Art. 1 Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas de Bolivia).
Su misión fundamental es defender y conservar la independencia nacional, la seguridad y estabilidad de la república, el honor y la soberanía nacional, asegurando el imperio de la Constitución Política del Estado, garantizando la estabilidad del gobierno legalmente constituido.
La ley establece que las Fuerzas Armadas participan activamente en el desarrollo nacional, mediante la capacitación de los recursos humanos para la realización de obras de infraestructura social y productiva y otras, especialmente en las zonas fronterizas.
Las Fuerzas Armadas han sido testigos y actores de gran parte de la historia, acompañando y actuando en todos y cada uno de los momentos en que Bolivia requirió de ellas, enfrentando conflictos bélicos ante agresiones extranjeras, combatiendo la insurgencia de grupos armados irregulares, actuando con firmeza en situaciones de convulsión interna; y ahora, coadyuvando en las tareas de lucha contra el narcotráfico y el contrabando que son los más graves males que asolan al país.
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A las limitaciones propias de un país subdesarrollado, con muy pocos recursos orientados a la inversión y al crecimiento, debemos sumar los veinte años de desgobierno del MAS, que despilfarró los grandes ingresos que como nunca en la historia, un gobierno tuvo a su disposición. Los cuantiosos fondos por la exportación de gas y los altos precios de los minerales y alimentos en el mercado mundial, sólo sirvieron para enriquecer a políticos y dirigentes masistas que malversaron y robaron esta riqueza.
Las fuerzas militares que están bajo mando y por ley no deliberan, poco o nada recibieron de semejante bonanza, y hoy al igual que todo Bolivia, se encuentran sin presupuesto, sin equipos y provisiones, enfrentando situaciones de material obsoleto que provoca siniestros fortuitos en sus instalaciones, sacrificando vidas inocentes como lamentablemente acaba de acontecer en Viacha.
Seguramente las investigaciones establecerán las culpas por la negligencia y el error, en la búsqueda de encontrar y perseguir culpables; pero de seguro, ninguna investigación acusará la desidia, la irresponsabilidad, y, ante todo la corrupta administración de los gobernantes del MAS responsables directos de este desastre.
Hoy, con tantas urgencias y limitaciones, con tantas restricciones de recursos, se hace necesario apelar a la creatividad y la innovación para encarar un programa de modernización de las fuerzas armadas, que permitan proyectarla con una mirada de eficiencia, capacidad y solvencia. Cuando ejercí como Ministro de Defensa en 2002, propuse al Alto Mando Militar un programa de modernización para ser desarrollado a partir de 2003; lamentablemente, poco o nada se ejecutó por los cambios que todos conocemos.
La fuerza militar tiene dos componentes fundamentales: el primero, los cuadros profesionales, que son formados tomando como base la vocación de los postulantes que acuden a las academias e institutos militares, para recibir formación y entrenamiento, dentro de un programa educativo que enseña doctrina, ciencias y arte militar, por una parte, y el amor y el sacrificio a la patria por la otra.
Los subtenientes una vez concluida su formación básica, se incorporan a las fuerzas, en un camino de vida que les llevará a servir en todas y cada una de las regiones del país, cumpliendo con disciplina las misiones y tareas que le encomiende el mando, ascendiendo en grados y jerarquías según su capacidad y conocimiento, para alcanzar finalmente el honor de general y almirante de la república.
El otro componente de la fuerza está constituido por los conscriptos qué, de forma obligatoria para los varones y voluntaria para las mujeres, son convocados para servir bajo bandera por un período mínimo de doce meses, recibiendo instrucción militar y cívica, constituyéndose en reservista según las categorías de edad y preparación una vez cumplido el año de servicio. El sistema de reclutamiento permite también optar por el servicio premilitar y los servicios auxiliares, según los reglamentos y procedimientos respectivos.
Como vemos, la formación en el estamento profesional resulta de alta importancia, ya que en ellos queda depositada la defensa y conservación de la independencia, la seguridad y estabilidad de la república; en tanto que, el entrenamiento y capacitación de los soldados, forma y modula su carácter y conducta ciudadana.
Como está diseñado el servicio militar en Bolivia, permite a nuestro criterio realizar ajustes significativos, que impactarían sin duda en el desarrollo y fortalecimiento de la fuerza y del país. Para ello, se debería considerar trabajar en los dos estamentos, enfocando los objetivos a la formación y profesionalización de ambos.
En el primer caso, los cadetes deberían recibir instrucción y entrenamiento militar según el pensum y período de estudios establecido; adicional, deberían optar dentro de la oferta académica, estudiar simultáneamente una carrera de: Ingeniería (civil, sistemas, electrónica), Derecho (penal, civil), Medicina (general). Al egresar como subtenientes, también obtendrían su título académico universitario, iniciando su carrera militar cumpliendo las misiones que el mando les asigne.
La formación del militar exige conocimientos y preparación continua, y son requisitos obligatorios para el ascenso al grado inmediato superior (teniente, capitán, mayor), siendo la Escuela de Comando (que se accedería por méritos y por disponibilidad de espacio) donde los oficiales con el grado de mayor, serán calificados para ejercer el mando de grandes unidades, ascendiendo al grado de coronel.
El aspirante que no pueda ingresar al curso de comando, quedaría habilitado para continuar en la carrera militar, en el área de profesorado y servicios de acuerdo al área profesional de su especialidad, sirviendo en los centros y unidades de servicios y formación (institutos, hospitales, universidades) y en la justicia militar si son formados en derecho, como fiscales o defensores.
En cuanto al servicio militar regular, será de carácter voluntario por cuatro años, siendo seleccionados los mejores alumnos que manifiesten su propósito y deseo de recibir entrenamiento militar y formación profesional; es decir, que los institutos y universidades atenderán ambos estamentos (profesional/servicio).
Este sistema se tornará sumamente atractivo para los estudiantes, porque en la práctica significará obtener una beca de formación y estudios, ya que el servicio militar actual provee, alimentación, hospedaje, vestimenta y atención médica sin ningún costo.
Los aspirantes que no hubieran accedido a la formación básica y por lo tanto no estuvieran calificados para estudios de nivel superior, podrán de forma voluntaria presentarse, y ser admitidos como conscriptos, recibiendo instrucción y entrenamiento militar, además de formación como técnicos medios con un buen nivel de preparación en áreas de tecnología y servicios (comunicaciones, topografía, enfermería, guardabosques, sistemas).
Todos podemos vislumbrar el impacto que tendría un sistema de formación de alta calidad combinando estudios y práctica, entrenamientos y disciplina bajo responsabilidad de profesionales militares cuya vocación y amor a Bolivia ha sido siempre comprobada.
El aplicar una reforma de esta naturaleza, sin lugar a dudas cambiaría el curso del crecimiento y desarrollo nacional; basta decir, que el desarrollo y crecimiento de los países, el grado de la riqueza y el bienestar de sus ciudadanos, la fortaleza y la seguridad de sus instituciones, son el resultado del nivel de educación y ante todo formación de sus hombres y mujeres.
Atrevámonos a cambiar… somos capaces de hacerlo.
