Hugo Chávez, el deslenguado presidente de Venezuela, hace mucho tiempo que ha traspasado sin disimulo la línea que separa la cordura de la locura y lo peor es que en sus arrebatos está arrastrando no solo a su país sino que amenaza con hacerlo también a toda la región.
Ya debiéramos estar acostumbrados a los frecuentes dislates en que incurre Chávez pero al verdad es que esta vez se le fue la mano. Habló de ir a la guerra como de ir a un día de campo, como quien hace un comentario trivial alrededor de una mesa. Hasta ese punto ha llegado la irresponsabilidad de quien se cree el “salvador” de América Latina y que emporcado en sus delirantes proyectos abusa el nombre del Libertador Simón Bolívar.
Es difícil deducir el porque de su convocatoria a “prepararse para la guerra” que hizo a su grupo de obedientes generales de opereta que lo siguen de manera perruna y elogian todos sus disparates. Una mente que no se caracteriza por el uso de la racionalidad siempre nos dejará un enorme margen de dudas.
Pero eso no es todo. Como en sus febriles sueños Chávez se ve encabezando una cruzada emancipadora latinoamericana considera que un ataque contra Venezuela, que solo está en su extraviada mente, tendría como consecuencia la generación de un conflicto continental al que se atreve a ponerle plazos y dice que duraría cien años.
Posiblemente en sus cálculos supone que tendría el respaldo de gobiernos sumisos, entre ellos el de Bolivia, para sus arrebatos bélicos y por tanto se regocija imaginando una cruenta y centenaria lucha contra un enemigo ficticio y de la que el emergería como el máximo exponente del socialismo del siglo XXI.
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Para nadie es un secreto que el bravucón de Caracas no dudaría en arrastrar a toda la región a un conflicto bélico y ofrecer a todo su pueblo en holocausto pero lo que resulta muy llamativo es que existan todavía algunos gobiernos que lo consideren un referente, entre ellos, naturalmente, el de Bolivia.
La ingente cantidad de petrodólares que recibe Venezuela ha sido destinada principalmente a la compra de armamento moderno y sofisticado mientras que la mayor parte de los venezolanos viven aún condiciones de pobreza. El peligro radica en que Chávez arde en deseos de usar sus juguetitos con cualquier pretexto.
No es una artimaña nueva el generar problemas externos para ocultar los problemas internos. Este recurso ha sido utilizado por tiranuelos y sátrapas de la mas diversa laya a lo largo de la historia del mundo y Chávez no podía ser la excepción.
Chávez necesita con desesperación algo que la permita desviar la atención de los más que acuciantes problemas que aquejan a los venezolanos que al parecer se están cansando de escuchar solo palabras sobre el mejoramiento de sus condiciones de vida al impulso de un difuso “socialismo del siglo XXI”.
Sus toques de clarín tienen esa inconfesada intención lo que hace más preocupante aún el tema. Esa actitud beligerante, sin duda alguna, podría acabar involucrando a los bolivianos una que vez que Evo Morales es el más incondicional acólito de Chávez y ha demostrado en más de una ocasión que capaz de hacer lo imposible para agradarlo, entre otras cosas permitir que se inmiscuya abiertamente en los asuntos internos de Bolivia. De ahí a involucrarnos en una arriesgada aventura no hay más que un paso.