El abogado estoico


No me cabe la menor duda que uno de los placeres de la vida, es el disfrute de la lectura. Los míos van por tratar de intercalar un libro de doctrina (jurídica: Abogado que no estudia es cada día menos Abogado) con otro de literatura y así es que acabo de disfrutar del “abogado estoico” del actual Decano del Colegio de Abogados de Sevilla Oscar Fernández León (Aranzadi La Ley, Madrid, 2025).

Se trata de uno de esos libros que no se puede parar de leerlo y da pena acabarlo. Está dedicado a los Abogados quienes cada día defendemos no solo causas ajenas, sino también nuestro equilibrio interior. Plantea volver a la sabiduría de quienes aprendieron a dominarse a sí mismos antes de intentar dominar al mundo; logrando una fusión magistral entre la filosofía clásica y la práctica jurídica contemporánea, transformando las enseñanzas de los pensadores estoicos como Seneca, Epicteto, Zenón o Marco Aurelio en herramientas completamente aplicables para la práctica diaria de la Abogacía, especialmente la libre desde el Bufete.



A mi juicio, la idea y enseñanza principal que transmite recurriendo al estoicismo radica en la aplicación de la dicotomía del control que enseña a distinguir entre las cosas que dependen de uno y las que no, para enfocarnos y ocuparnos de aquellas; pues pocas profesiones como la abogacía están tan expuestas a la incertidumbre, el conflicto y la presión constante. Cabe entonces, aprender que nuestra reputación profesional no la decide un fallo, ni la opinión de un cliente, sino nuestra integridad en cada caso y acto. Y eso, sólo depende de cada uno.

Frecuentemente no se controla totalmente el resultado del proceso, pero sí tu integridad personal y profesional y esa es la verdadera autoridad del Abogado. Plantea convertir nuestro trabajo en un entrenamiento para la virtud -vivir de acuerdo con la razón, en armonía con la naturaleza-. Enseña el “desapego implicado”: el Abogado debe entregarse al caso con energía, preparación y dedicación absolutas, pero sin permitir que su bienestar emocional fluctúe al ritmo de los veredictos; implica demostrar pleno compromiso hacia el cliente y al mismo tiempo, preservar nuestra serenidad interior. Enseña no depender emocionalmente de los resultados sean positivos o negativos y a mantener la ecuanimidad ante la victoria o derrota.

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Como la abogacía es una práctica que demanda fortaleza interior que obliga afrontar desafíos emocionales, éticos y prácticos, ofrece estas virtudes como herramientas para esos fines: tolerancia a la frustración, paciencia, prudencia, perseverancia, humildad, autoconciencia, autocontrol, empatía, atención plena, autoevaluación y escucha activa.

Y es que para el abogado inmerso en un mundo de tensiones constantes, conflictos de intereses y decisiones que tienen un impacto significativo en la vida de otros; los principios estoicos resultan especialmente útiles: auto control, aceptación de lo inevitable, enfoque en lo que depende de uno y compromiso con la virtud.

Cada capítulo parte de algún acontecimiento usual que los Abogados enfrentamos en nuestra práctica cotidiana, para luego acudir a las enseñanzas de los clásicos estoicos y a continuación desarrolla su aplicación al ámbito de la abogacía formulando una conclusión. Terminan con un diálogo entre Marco Aurelio y Epicsene en el que abordan los temas del capítulo.

Naturalmente me es materialmente imposible resumir las enseñanzas completamente prácticas que el libro transmite de aplicación a la noble profesión de la Abogacía; empero, espero haberles podido siquiera en alguna medida transmitirles especialmente a mis colegas y a los lectores, el placer y disfrute de esa lectura, absolutamente aplicable a la Abogacía actual.

Como reza su presentación, se trata de una guía de equilibrio interior para juristas que desean ejercer con cabeza clara y corazón sereno. Es un libro inspirador, útil y profundamente ético, que demuestra que el Abogado también puede y debe ser filósofo de su propia vida.

Nos enseña que: “El verdadero éxito profesional no reside en los resultados externos, sino en la serenidad interior, la coherencia moral y la virtud con la que enfrentamos cada caso y cada día” (Oscar FERNANDEZ LEON).