Santa Cruz: A diez meses del desastre, en Achiras luchan por salir adelante a la espera de ayuda


Las familias damnificadas se dan modos para recuperarse con sus propios medios, mientras llega el apoyo comprometido. Las huellas del lodo permanecen en las casas, calles y en la cancha. La Alcaldía gestiona la reconstrucción de las viviendas

A diez meses del desastre, en Achiras luchan por salir adelante a la espera de ayuda

Medardo Durán conserva una publicación que refleja la magnitud de la tragedia./Fotos: Ricardo Montero

Fuente: El Deber



Por Carmela Delgado y Deisy Ortiz Duran

 

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La marca y las rajaduras en las paredes son señales de las huellas imborrables que quedaron grabadas en la memoria de los pobladores tras la tragedia del 17 de noviembre de 2025, cuando el lodo y la palizada derrumbaron viviendas, sepultaron sus pertenencias, cobraron la vida de una mujer y dejaron a otra hasta ahora desaparecida. Los pobladores de Achiras lograron levantarse y continuar avanzando, pero siguen a la espera de ayuda.

La Alcaldía asegura que gestiona la reconstrucción de las viviendas, por lo que ya se tienen 24 carpetas aprobadas.

Han pasado diez meses desde el desastre y el pueblo no ha vuelto a ser el mismo. Las casas que cedieron ante la fuerza del agua permanecen abandonadas y no queda ni rastro de la vivienda de Verónica Eve Peña, quien continúa desaparecida y cuya ausencia sigue causando dolor entre sus familiares.

La cancha que estaba bien mantenida e iluminada, donde los chicos disfrutaban pasear y un club deportivo pasaba clases, sigue con el césped dañado y los alrededores están llenos de piedras.

Los pobladores luchan solos para reponerse del torrente de lodo y rocas que arrasó con el pueblo, dejando unas 30 familias damnificadas.

 

A diez meses del desastre, en Achiras luchan por salir adelante a la espera de ayuda

Una de las viviendas que quedó inhabitable, por daños estructurales

 

Entre ellos está Isidoro Paredes, quien se quedó sin un techo y estaba viviendo en un baño que se salvó de ser arrasado. La situación conmovió a los comunarios, que en medio de sus necesidades aportaron dinero y materiales para construir un cuarto para que puede vivir dignamente.

Después del desastre que azotó la zona, los profesores María Susana Pérez y Pedro Centellas lograron reparar su casa con la ayuda de sus hijos. Para volver a ponerla en pie, la pareja agotó sus ahorros. Ambos salvaron la vida cuando sus vecinos les lanzaron una manguera: se la ataron a la cintura y fueron arrastrados hasta un lugar seguro, mientras el agua les llegaba al pecho.

Siendo una mujer sin muchos rodeos, María Susana recuerda que cuando llegaron a levantar los datos y canalizar la ayuda se les acercó y les preguntó si llegaría apoyo para las viviendas afectadas. La suya quedó con rajaduras y todas sus cosas enterradas en el lodo y la palizada que subió casi dos metros dentro de la vivienda.

Hasta el momento la única casa que fue reconstruida es la de Noel Hinojosa, quien perdió a su esposa durante la tragedia y a quien la Fiscalía le donó una nueva vivienda.

María Susana agradece a sus hijos que acudieron de inmediato a socorrerlos y a la ayuda de amigos y colegas.

 

A diez meses del desastre, en Achiras luchan por salir adelante a la espera de ayuda

La profesora María Susana hace pan mientras cuenta cómo se salvaron

 

El profesor Pedro dice que se realizaron tres relevamientos de las viviendas afectadas. Sin embargo, ante la falta de apoyo, algunas familias han tenido que asumir por su cuenta las reparaciones y otras siguen esperando.

“Nos sentimos abandonados totalmente, la gente está viendo la forma de levantarse con sus propios medios”, comenta su vecina Ana María Yabeta Paniagua, que tuvo que hacer un encadenado en su casa  para que no se derrumbe por las rajaduras. “Con amigos y familiares logramos sacar rápido el lodo para que no colapse la estructura”, cuenta al indicar que otras viviendas, que estuvieron bajo el lodo por más de cinco días, terminaron desplomándose. Ella y sus hijos se salvaron, saliendo por la ventana del segundo piso.

Los niños todavía no logran superar el trauma que les dejó la tragedia. Ana María cuenta que hace una semana cayó una lluvia con truenos y su hija de ocho años comenzó a llorar. Su hijo de tres años también se asusta cuando escucha hablar de lo ocurrido. “Lluvia, lluvia, lluvia”, repite, apuntando hacia el cerro.

Pero como todas las familias, busca salir adelante y ya logró reponer su venta, a la que ‘bautizó’ con el nombre de “Tienda El Milagro”, ya que una enorme roca y el tronco de un árbol desviaron la mazamorra y evitaron que la casa se derrumbe.

A diez meses del desastre, en Achiras luchan por salir adelante a la espera de ayuda

El nombre del negocio de Ana María alude al milagro de salvar la vida

 

Medardo Durán (81) está agradecido de haber salvado la vida, pese a que perdió todas sus pertenencias. “No he podido recuperar heladeras, cocinas, ropa, mis plantas ni nada. Seguimos esperando la ayuda”, dice.

En el mezanine donde se refugió la noche del desastre todavía quedan sus pisadas. “El lodo me tumbó y quedé bajo el agua hasta logré subir por las escaleras”,  recuerda. Al día siguiente bajó para buscar ayuda y lo que encontró a su paso fue solo destrucción. “Caminé hasta la casa de un familiar, donde me cobijaron y me dieron ropa, porque quedé casi desnudo”, cuenta.

Se conmueve hasta las lágrimas al recordar que mientras enfrentaba al lodo en su casa comparó lo sucedido en Achiras con el relato bíblico del arca de Noé y miró la foto de su madre para tener fuerzas y  seguir luchando. “Dios es grande, la vida es prestada y me la sigue dando, solo Él sabe hasta cuando”, manifiesta.

Ha podido limpiar y pintar su casa, pero aún está con el temor de que la naturaleza vuelva a golpear al pueblo.

A unos pasos de casa, pasando la carretera, vive Mario Hinojosa (77), quien asegura que cada vez aparecen más rajaduras en las paredes  de su hogar. Mientras selecciona el frejol cosechado, lamenta que no pudo recuperar los 300 quintales de zapallo que tenía para entregar y otro tanto de yuca.  “Vinieron  a ver los daños, a pedirnos un montón de datos, pero hasta ahora no ha llegado nada”, señala.  En su huerta ha vuelto a sembrar zanahoria, maíz, cebolla y otros productos para su consumo.

 

A diez meses del desastre, en Achiras luchan por salir adelante a la espera de ayuda

Mario Hinojosa muestra parte de su producción que volvió a sembrar después de la riada

 

Alistan las carpetas

Las autoridades municipales realizan las gestiones para lograr que la ayuda llegue. Hasta el momento, ya fueron aprobadas 24 carpetas para la construcción de viviendas, mientras que otras cuatro se encuentran en análisis, según informó el asesor jurídico del Gobierno Municipal de Samaipata, Boris Miranda.

Uno de los inconvenientes fue que al inicio la documentación no se organizó adecuadamente. Muchos expedientes presentaban requisitos incompletos y no se cumplieron los plazos establecidos. “Retomamos el proyecto y ahora todas las carpetas se encuentran en la unidad de asesoría jurídica y la parte técnica de la Agencia Estatal de Vivienda, por lo que estamos a la espera de una respuesta. Se ha tropezado con requisitos muy rigurosos que no corresponden a un plan de emergencia, sino a uno regular”, explica, al indicar que se hará una reunión con los damnificados.

En este sentido, se solicitó la flexibilización de los requisitos de manera excepcional porque muchas personas estaban quedando al margen. “No ha sido suficiente, pero hemos podido rescatar algunos casos especiales”, dice.

Por la magnitud de la tragedia, algunos sufrieron la pérdida total de su vivienda y otros tuvieron que abandonarla porque el deterioro las dejó inhabitables.

En el caso especial del esposo de Verónica, que era inquilino, se está viendo que pueda estar dentro de los beneficiados porque perdió a su familiar.
El municipio también está dotando predios para las viviendas que no pueden ser construidas en zonas de riesgo.

La reconstrucción de la cancha aún no tiene presupuesto. Los vecinos decidieron destinar los recursos previstos para las comunidades y los distritos el próximo año al funcionamiento del centro de salud integral, cuya infraestructura y equipamiento requieren adecuaciones en la infraestructura y equipamiento.

La tragedia expulsó a varias familias que ahora buscan volver

La única escuela que tiene el pueblo y que sirvió de refugio para damnificados y de base de operaciones para socorristas logró cumplir con el calendario escolar. Fue gracias a las mingas organizadas por los comunarios, que habilitaron los ambientes para que las clases inicien a tiempo.

Con ayuda de maquinaria pesada retiraron el lodazal que cubría el patio, las autoridades pintaron las paredes y una persona ayudó a reponer el portón.
Ahora las clases transcurren entre el bullicio de los niños y aulas adornadas con los colores de Santa Cruz. Es una escuela multigrado que aún extraña a los alumnos cuyas familias emigraron tras perderlo todo.

Alejandra Mendoza, directora y maestra de primero y segundo de primaria, contó que algunas familias ya piensan en retornar y se han contactado para inscribir a sus hijos para la próxima gestión.

“Por el desastre muchas familias emigraron. El año pasado teníamos más de 50 alumnos y este año estamos con 43. Eso sí,  algunas familias están por retornar. Salieron por el tema del trabajo, ya que la riada afectó la zona de los sembradíos”, explicó la maestra.

Al recorrer el pueblo se observan viviendas abandonadas con paredes dañadas. Una de ellas tiene escrito a mano sobre los ladrillos: “prohibido ingresar”. Tiene un gran hueco en la pared.