¿Y después del parto? El silencio


 

LA NIÑA QUE DEJÓ DE SER CIFRA. Ella tenía 13 años cuando supo que estaba embarazada. Siguió yendo al colegio con el uniforme holgado para ocultar el vientre. Cuando su madre la llevó al centro de salud, le dieron hierro y ficido fólico. Nadie activó el protocolo de violencia sexual. No hubo denuncia. No hubo psicólogo. No hubo Defensoría. Su historia no es una excepción: en Tarija, 704 estudiantes quedaron embarazadas en 2025 y 537 niñas y adolescentes pasaron por los servicios de salud hasta julio de 2026. Pero lo que ocurre después del parto -la salud mental sin atención, la deserción escolar, la carga del cuidado, la pobreza y la violencia- sigue siendo un vacío que el Estado no ha querido o no ha podido llenar. Este reportaje sigue las huellas de las niñas que desaparecen de las estadísticas.

LA LEY FRENTE A LA VIDA. Bolivia tiene una de las legislaciones mfis protectoras de la región. La Ley 548 prohíbe expulsar del colegio a las estudiantes embarazadas. La Ley 348 castiga la violencia sexual. La Sentencia Constitucional 206/2014 permite la interrupción legal del embarazo en casos de violación. La Ley 1639 prohíbe el matrimonio y las uniones infantiles. Pero en Tarija, 704 estudiantes quedaron embarazadas en 2025; 45 niñas de 10 a 12 años fueron víctimas de abuso sexual; y en lo que va de 2026 solo se practicaron nueve interrupciones legales del embarazo. La brecha entre la norma y la vida es abismal. Después del parto, las madres adolescentes desaparecen de los registros. ¿Qué pasa cuando el Estado deja de contarlas? Este reportaje revela el vacío que ninguna ley ha logrado cubrir.



EL CHACO Y EL ABANDONO POSTPARTO. En el Gran Chaco, donde se concentra mfis de la mitad de los embarazos no planificados de Tarija, las niñas no solo enfrentan el parto: enfrentan un sistema que las abandona después. En Yacuiba, la estrategia AIDA carece de psicólogos, trabajadores sociales y salas equipadas; las “mochilas AIDA” han tenido que ser prestadas de Tarija. El Dr. Walter Flores y la Dra.

Soledad Illescas, técnica de la Red de Salud, advierten que el embarazo adolescente es una “interrupción de la trayectoria de vida” y que el acompañamiento posterior a la interrupción legal del embarazo es un vacío emocional que el sistema ignora. Mientras tanto, en comunidades weenhayek se reporta el “capuchito”: padres que ofrecen a sus hijas por unos 200 Bolivianos. Yacuiba es zona roja de VIH. Este reportaje cuenta lo que ocurre después del parto en la región mfis desigual de Bolivia.

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“El verdadero carficter de una sociedad se revela en el trato que da a su niñez.”

–      Nelson MANDELA. Sudafricano, político, abogado y activista; expresidente de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz (1993)

 

2018

Resumen

El reportaje “¿Y después del parto? El silencio” investiga el vacío institucional, sanitario, psicológico y social que enfrentan las niñas y adolescentes embarazadas en Tarija, Bolivia, con especial atención al Gran Chaco y Yacuiba. A partir de datos oficiales, del Informe Defensorial Sueños Interrumpidos (2024) y del diagnóstico técnico del coordinador de la Red de Salud de Yacuiba, Dr. Walter Flores y la Dra. Soledad Illescas, técnica de la Red de Salud, el texto muestra que el embarazo adolescente no termina con el parto: allí comienza una cadena de abandono, deserción escolar, maternidad forzada, violencia y pobreza.

En 2025, 704 estudiantes quedaron embarazadas en Tarija; hasta julio de 2026, el SEDES registró 537 embarazos en niñas y adolescentes de 10 a 19 años. En 2024, 45 niñas de 10 a 12 años fueron víctimas de abuso sexual. A nivel nacional, Bolivia registró 2.738 partos de menores de 14 años y 240 de menores de 10. Aunque existen leyes protectoras -Ley 548, Ley 348, Sentencia Constitucional 206/2014 y Ley 1639-, su aplicación es mínima: la educación sexual integral no tiene horas ni evaluación, solo 1.398 docentes fueron capacitados entre 2021 y 2025, y las interrupciones legales del embarazo cayeron de 60 a 9.

Las entrevistas a 73 adolescentes revelan que el 83% sintió truncado su proyecto de vida; el 29% dejó de estudiar durante el embarazo; solo el 34% continuó después del parto; el 36% asume sola el cuidado; en el 49% de los casos el progenitor no participa; y el 30% pensó o quiso abortar. En el Gran Chaco, la estrategia AIDA carece de personal y recursos, las “mochilas AIDA” se prestan desde Tarija y el Liceo Gran Chaco paga con recursos propios una psicóloga. El Dr. Flores y la Dra. Illescas advierten sobre relaciones asimétricas de poder, el “capuchito” en comunidades weenhayek, la zona roja de VIH y la urgencia de kioscos saludables y salud mental. El reportaje cierra con propuestas: seguimiento individual, presupuesto municipal vinculante, EIS como asignatura evaluada, protocolo unificado para menores de 15 años, cuidado infantil, financiamiento de AIDA, denuncia de oficio e investigación epidemiológica local.

Abstract

The investigative report “¿And After Childbirth? The silence ” examines the institutional, health, psychological and social void faced by pregnant girls and adolescents in Tarija, Bolivia, with particular focus on the Gran Chaco and Yacuiba. Drawing on official data, the Defensoría del Pueblo’s Sueños Interrumpidos report (2024), and the technical diagnosis by Dr. Walter Flores and Dra. Soledad Illescas, a Red de Salud specialist, the article shows that adolescent pregnancy does not end with childbirth: it marks the beginning of abandonment, school dropout, forced motherhood, violence and poverty.

In 2025, 704 students became pregnant in Tarija; by July 2026, SEDES registered 537 pregnancies among girls and adolescents aged 10–19. In 2024, 45 girls aged 10–12 were victims of sexual abuse. Nationally, Bolivia recorded 2,738 births to girls under 14 and 240 to girls under 10. Although protective laws exist -Law 548, Law 348, Constitutional Judgment 206/2014 and Law 1639- their implementation is minimal: comprehensive sexuality education lacks assigned hours and evaluation, only 1,398 teachers were trained between 2021 and 2025, and legal interruptions of pregnancy fell from 60 to 9.

Interviews with 73 adolescents reveal that 83% felt their life project was derailed; 29% dropped out during pregnancy; only 34% continued studying after childbirth; 36% assume sole caregiving; in 49% of cases the father does not participate; and 30% considered or wanted an abortion. In the Gran Chaco, the AIDA strategy lacks staff and resources, “AIDA backpacks” are borrowed from Tarija, and Liceo Gran Chaco pays for a psychologist with its own funds. Dr. Flores and Dra. Illescas warn about asymmetric power relations, the “capuchito” practice among Weenhayek communities, the HIV red zone, and the urgent need for healthy school kiosks and mental health programs. The report concludes with proposals: individual follow-up, binding municipal budgets, EIS as an evaluated subject, a unified protocol for girls under 15, childcare infrastructure, AIDA funding, ex officio prosecution, and local epidemiological research.

 

Palabras clave / Keywords

Palabras clave: embarazo adolescente; posparto; Tarija; Gran Chaco; Yacuiba; violencia sexual; derechos sexuales y reproductivos; interrupción legal del embarazo; educación sexual integral; AIDA; salud mental; embarazo infantil forzado; MUITF; EIF; Bolivia; políticas pfiblicas; niñas y adolescentes.

Keywords: adolescent pregnancy; postpartum; Tarija; Gran Chaco; Yacuiba; sexual violence; sexual and reproductive rights; legal interruption of pregnancy; comprehensive sexuality education; AIDA; mental health; forced child pregnancy; child and early forced marriage; Bolivia; public policies; girls and adolescents.

Ella tenía 13 años cuando supo que estaba embarazada. No se lo dijo a nadie durante semanas. Siguió yendo al colegio, sentada en la filtima fila, con el uniforme holgado para que nadie notara el vientre que empezaba a crecer. Cuando su madre lo descubrió, la llevó al centro de salud. Allí le hicieron un control prenatal, le dieron hierro y ácido fólico, y le preguntaron quién era el padre. Ella no respondió. El protocolo de violencia sexual no se activó. No hubo denuncia. No hubo psicólogo. No hubo Defensoría.

Esta historia no es un caso aislado. Es el patrón que emerge de los datos oficiales en Tarija, el departamento donde 704 estudiantes quedaron embarazadas durante 2025, segfin la Dirección Departamental de Educación. Hasta julio de 2026, el Servicio Departamental de Salud (SEDES) registró 537 embarazos en niñas y adolescentes de 10 a 19 años, un promedio de 76 casos cada mes. Su director, Nils Cassón, advirtió que muchos no se registran oficialmente y que existen “embarazos ocultos y abortos clandestinos”. La pregunta que casi nadie formula es la que importa: ¿qué ocurre con la vida de esas niñas después del parto?

La cifra que oculta a las niñas

Aquí viene lo inquietante. En septiembre de 2025, la directora departamental de Educación, Eldy Urzagaste, reconoció que las campañas de sensibilización no funcionan: “Mientras mfis sensibilización tenemos, los casos siguen subiendo”. La respuesta del sistema se ha concentrado en exhortar a las familias más que en garantizar servicios efectivos de salud sexual y reproductiva.

El dato más estremecedor no está en el total. De los 800 casos registrados en 2024 por el SEDEGES, 45 correspondieron a niñas de entre 10 y 12 años víctimas de abuso sexual. “Son niñas que han dado a luz a otros niños”, dijo sin rodeos María Esther Valencia, directora del SEDEGES. Cada una de esas 45 historias prueba que el embarazo infantil no es un problema de educación sexual: es un problema de violencia sexual impune.

A nivel nacional, Bolivia registró 2.738 partos de niñas menores de 14 años en un solo año, de los cuales 240 correspondieron a menores de 10. Cada dos días, una niña menor de una década se convirtió en madre producto de un embarazo forzado. La Defensoría del Pueblo documentó que la mayoría de los casos de violencia sexual contra niñas indígenas en comunidades del Chaco “quedan en la impunidad por las limitaciones que tiene la justicia comunitaria”.

El Informe Defensorial Sueños Interrumpidos (2024) entrevistó a 73 adolescentes mujeres en seis departamentos. Los resultados desnudan el vacío posterior al parto: el 83% sintió que su proyecto de vida cambió; el 29% dejó el estudio durante el embarazo; solo el 34% continuó estudiando después de dar a luz; el 36% asume sola el cuidado de su hija o hijo; en el 49% de los casos el progenitor no participa en la educación ni el cuidado; y el 30% pensó o quiso abortar. La mayoría desaparece de las estadísticas.

El Chaco: donde la desigualdad tiene rostro

Más de la mitad de los embarazos no planificados de Tarija se concentran en la Región Autónoma de Gran Chaco, región que integran Yacuiba, Villa Montes y Caraparí. Villa Montes, con aproximadamente 133 casos, concentra el 25% del total departamental. Yacuiba registró 21 embarazos en niñas de 10 a 14 años, una cifra que supera la de tres ciudades capitales. En Entre Ríos, el 21% de los embarazos municipales son de adolescentes; en San Lorenzo y El Puente, el 19%. La ruralidad no es una causa, pero es un agravante: el 62,9% de los embarazos adolescentes de Tarija ocurre en provincias, donde el acceso a salud, educación y anticoncepción es más limitado.

En Villa Montes, la directora distrital de Educación, Celinda Rodríguez, admitió que la educación sexual en las aulas “no basta”. Recordó que la normativa garantiza tolerancia académica para que las adolescentes gestantes no abandonen sus estudios, pero la norma no se cumple. Organizaciones sociales alertan que “en la prfictica muchas adolescentes abandonan las aulas por estigmatización, falta de apoyo institucional o presiones familiares”.

El diagnóstico técnico recogido en Yacuiba por el coordinador del Red de Salud, Dr. Walter Flores y la Dra. Soledad Illescas, técnica de entidad, revela una realidad más compleja. Aunque la percepción sitfia el problema en el campo, las cifras muestran mayor incidencia urbana: San Isidro, San Jerónimo y Barrio Obrero concentran los casos captados. En el área rural, en cambio, existe un subregistro preocupante: Caiza (5 casos), Barrio Nuevo (4), Yahuacua y Villa del Carmen (3 cada uno). En comunidades weenhayek de Crevaux y D’Orbigny se reporta el “capuchito”: padres que, por necesidad económica, ofrecen a sus hijas de 12 o 13 años a hombres mayores por sumas que rondan los 200 Bolivianos.

El Dr. Flores advierte que la relación asimétrica de poder, incluso con dos años de diferencia, puede ser indicador de manipulación o explotación, aunque exista un supuesto “consentimiento”. La Dra. Illescas sostiene que la salud debe ser integral: el consumo excesivo de azficar y carbohidratos en kioscos escolares altera el ánimo y aumenta la impulsividad; Yacuiba es “zona roja” de VIH, con migración del virus hacia mujeres de hogar y estudiantes. Sin kioscos saludables ni salud mental, la prevención es retórica.

La brecha entre la ley y la vida

Bolivia tiene una de las legislaciones más protectoras de la región. La Ley 548 prohíbe la expulsión de estudiantes embarazadas. La Ley 348 define la violencia sexual. La Sentencia Constitucional 206/2014 establece la interrupción legal del embarazo como derecho humano en casos de violación. La Ley 1639, promulgada en septiembre de 2025, prohíbe de manera absoluta el matrimonio y las uniones infantiles. La Educación Integral en Sexualidad (EIS) está normada en el Currículo Base 2023 y reforzada por la Resolución Ministerial 0001/2023.

Sin embargo, la brecha entre norma y práctica es abismal. La EIS no funciona como asignatura independiente sino de manera transversal, sin horas asignadas ni evaluación de aprendizajes. Entre 2021 y 2025, solo 1.398 docentes -de más de 100.000 en todo el país- fueron capacitados para implementarla. Los funcionarios de salud desconocen la normativa de interrupción legal del embarazo. Las Defensorías municipales operan con equipos incompletos. El Artículo 23 de la Ley 548, que obliga a los municipios a reasignar presupuesto para prevención cuando superan el índice de embarazo adolescente, se incumple de manera generalizada.

En 2025, el SEDES reportó 60 interrupciones legales del embarazo en niñas menores de 14 años víctimas de violencia sexual. En lo que va de 2026, solo nueve. La caída no refleja una reducción de la violencia, sino las barreras que enfrentan las niñas para acceder a un derecho que la ley les reconoce. Grupos antiderechos se han movilizado para impedir que niñas de 11 años, violadas por sus padrastros, accedan a la interrupción legal del embarazo.

La Defensoría del Pueblo identificó, además, 487 matrimonios de niñas de 12, 13, 14 y 15 años registrados por el SERECI hasta 2018. En 112 casos, el esposo doblaba o triplicaba la edad de la esposa de 16 años. Los Matrimonios y Uniones Infantiles, Tempranas y Forzadas (MUITF) y los Embarazos Infantiles Forzados (EIF) son causa y consecuencia: la maternidad infantil precipita la unión, y la unión perpetfia la violencia y la pobreza.

AIDA: una estrategia sin presupuesto

La estrategia AIDA (Atención Integral Diferenciada al Adolescente) debería garantizar salud con confidencialidad. En Yacuiba, segfin el diagnóstico del Dr. Flores y la Dra. Illescas, su implementación es deficitaria: faltan psicólogos, trabajadores sociales y salas equipadas. Las “mochilas AIDA” han tenido que ser prestadas de Tarija. Ante la ineficiencia estatal, el Liceo Gran Chaco destaca como ejemplo de resiliencia: los padres de familia pagan de su propio bolsillo una psicóloga para atender a las estudiantes.

El Estado no puede exigir a las adolescentes que estudien y, al mismo tiempo, no ofrecerles cuidado infantil, transporte, salud mental y protección. La Dra. Illescas insiste en que el acompañamiento post-ILE no puede ser solo clínico-legal: existe un vacío emocional posterior que el sistema ignora. El éxito de una política de salud no puede medirse solo por el cumplimiento de un plazo legal, sino por la recuperación integral de la integridad psíquica de la víctima.

¿Qué debería cambiar?

La evidencia permite identificar intervenciones articuladas:

  • Primero, un sistema de seguimiento individual. Cada caso de embarazo adolescente debe registrarse desde la detección hasta la reinserción educativa o laboral, con visitas domiciliarias y verificación de Sin seguimiento, no hay manera de saber si las políticas funcionan.
  • Segundo, presupuesto municipal vinculante. El Artículo 23 de la Ley 548 debe reglamentarse con una fórmula de asignación mínima vinculada al índice de embarazo adolescente municipal. Los municipios que incumplen deben enfrentar consecuencias administrativas.
  • Tercero, educación sexual integral como asignatura con evaluación. La EIS no puede seguir dependiendo de la iniciativa de cada docente. Debe tener currículo definido, horas asignadas y evaluación de aprendizajes.
  • Cuarto, protocolo unificado para embarazo en menores de 15 años. Cada caso debe activar simultáneamente atención sanitaria, denuncia penal, medida de protección, acompañamiento psicológico y verificación de la interrupción legal del embarazo cuando corresponda.
  • Quinto, infraestructura de cuidado infantil en unidades educativas. Sin cuidado infantil, las madres adolescentes no pueden continuar estudiando.
  • Sexto, financiamiento blindado para AIDA y kioscos saludables, como propone la Dra. Illescas, junto con programas de salud mental que aborden la depresión vinculada al entorno digital y la falta de proyecto de vida.

·        Séptimo, denuncia de oficio en toda asimetría de poder o violencia sexual,

como exige la Ley 348. El Dr. Flores subraya que todo embarazo en una menor de 15 años debe ser tratado como una agresión sexual bajo una mirada de protección rigurosa.

  • Octavo, investigación epidemiológica local para romper el subregistro y diseñar políticas basadas en evidencia, no en supuestos.

El costo de la inacción es medible. El embarazo adolescente le cuesta a Bolivia el 0,91% del PIB nacional, unos 373,3 millones de dólares en costo de oportunidad, y 322 millones en pérdida anual de ingresos de la población femenina. Las madres adolescentes ganan 28,1% menos que quienes postergaron la maternidad.

Pero el argumento más poderoso no es económico. Es humano. Detrás de cada cifra hay una niña que dejó de estudiar, una adolescente que asumió responsabilidades para las que no estaba preparada, una madre joven que enfrenta la vida con recursos insuficientes.

La pregunta que vertebra esta investigación -¿qué ocurre con la vida de una niña después de que todos dejan de contarla como una cifra?- sigue sin respuesta completa. Pero la evidencia disponible permite afirmar que, en la mayoría de los casos, lo que ocurre no es lo que debería ocurrir.

 

Fuentes:

Dirección Departamental de Educación de Tarija; SEDES Tarija; SEDEGES; Defensoría del Pueblo, Informe Defensorial Sueños Interrumpidos (2024); MESECVI (2016, 2022); entrevistas técnicas del Dr. Walter Flores y la Dra. Soledad Illescas, técnica de la Red de Salud, en el informe integral sobre Yacuiba y el Gran Chaco; Ley 548, Ley 348, Sentencia Constitucional 206/2014, Ley 1639; UNFPA/Ipas Bolivia.

 

 

 

 

Por: Esteban Farfán Romero Analista y Ensayista Crítico