Participación Popular y Salud: El motor de la descentralización y la inclusión en Bolivia


Dr. Javier Torres Goitia Caballero

 

  1. Una propuesta de unidad con memoria histórica

El post de Carlos Hugo Molina sobre el mensaje del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y el certero análisis de Fernando Molina («Breve historia de la participación popular», en Brújula Digital) resultan fundamentales para encarar el momento difícil que vive el país.

Lo que propone Goni es una auténtica propuesta de unidad nacional basada en el capitalismo popular, un instrumento ideológico e institucional necesario para reactivar una sociedad productiva, solidaria e inclusiva que disfrute su diversidad. No habla desde la ilusión, sino desde la solvencia moral de quien ya trazó una ruta transformadora en la región. Rememorar este proceso nos devuelve el espíritu del Plan de Todos y su histórico lema: «SÍ SE PUEDE», demostrando con hechos que la descentralización y la participación popular sí fueron posibles.



  1. 1983–1988: La alianza obrero-popular y la salud como modelo regional

Las personas que iniciamos esta experiencia en 1983 a la cabeza del Dr. Javier Torres Goitia Torres asumimos la premisa de confiar en la capacidad popular para conducir exitosamente su propio destino en salud. Aunque en ese momento no se tomó en cuenta la estructura político-administrativa del municipio o departamento, logramos evidenciar que las comunidades locales poseían la capacidad y la energía para gestionar tareas que hasta entonces eran patrimonio exclusivo de los médicos de las ciudades capitales.

En esta gesta de las Movilizaciones Populares por la Salud (1983–1985), el éxito no habría sido posible sin la alianza estratégica con el movimiento obrero y gremial. Cabe destacar la participación fundamental de Toribio Hinojosa, alto dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB), quien junto al respaldo determinante de líderes como Simón Reyes, Óscar Salas, Iver Atahuichi, Mantilla y otros dirigentes sindicales y gremiales, movilizaron la capacidad organizativa de los trabajadores para conformar los Comités Populares de Salud en cada barrio, mina y comunidad.

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Paralelamente, se inició la articulación funcional de la medicina occidental con la medicina tradicional en las áreas rurales, creando miles de Unidades de Rehidratación Oral (UROS) gestionadas directamente por las comunidades para salvar la vida de miles de niños. A tal punto llegó el impacto de esta experiencia que la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) impulsó en la región los Sistemas Locales de Salud (SILOS) inspirados en este modelo boliviano. Mientras tanto, en el país, pensadores como Carlos Hugo Molina, Miguel Urioste, Iván Finot y Xavier Albó trabajaban en la reestructuración administrativa del Estado.

III. 1994: La Participación Popular, los visionarios de la reforma y el DILOS

Cuando se promulgó la Ley de Participación Popular en 1994, fue fundamental el liderazgo y la visión de hombres como Gonzalo Sánchez de Lozada, Víctor Hugo Cárdenas, Carlos Hugo Molina, Fernando Romero, Freddy Teodovich, Buby Kreidler, Chacho Justiniano, Roberto Barbery y Javier Torres Goitia Torres, quienes actuaron como los verdaderos visionarios de una Bolivia diferente, moderna, productiva y descentralizada.

Desafortunadamente, esa profunda visión de desarrollo y ese proyecto de país a largo plazo se vieron truncados e interrumpidos por la ambición y la angurria política de Carlos Mesa, cuya falta de horizonte estratégico fracturó la continuidad de las reformas estructurales que estaban cambiando el Estado.

En ese marco de transformaciones, el sector salud estuvo a la vanguardia de su aplicación práctica a través de un equipo técnico dentro del Ministerio de Previsión Social y Salud Pública —integrado por el Dr. Oscar Sandoval, Guillermo Aponte Reyes Ortiz, Raúl Prada, Victoria Urioste, Rosario Quiroga, Virginia Camacho, Mario Galindo, mi persona y destacados profesionales— que diseñó la primera estructura de administración sanitaria local de la región: el Directorio Local de Salud (DILOS). El DILOS se estableció con base municipal y representación paritaria (Alcaldía, Prefectura, Gobierno Nacional y Comité Local de Salud) para gestionar la promoción, prevención y recuperación de la salud, dando origen al Seguro Nacional de Maternidad y Niñez y evolucionando posteriormente hacia el SUMI en 2003.

  1. La gobernanza local del DILOS: Una matriz de gestión extrapolable

La salud pública en la región ha sido tratada históricamente como la «cenicienta» de las políticas gubernamentales y la «quinta rueda del carro». Sin embargo, en Bolivia los grandes avances sociales desde 1952 han estado vinculados al sector salud (Caja Nacional de Seguridad Social en 1952, Movilizaciones Populares en 1983, Participación Popular en 1994 y SUMI en 2003).

El gran aporte del DILOS trasciende el ámbito sanitario: constituye una matriz de gobernanza local replicable a todas las áreas de la gestión pública. Al incorporar activamente al sector público, la seguridad social a corto plazo, la empresa privada y las organizaciones comunitarias, esta estructura demuestra cómo el Capitalismo Popular descentraliza las decisiones desde la base hacia arriba.

Esta misma gobernanza participativa del DILOS puede y debe ser extrapolada a otros sectores clave del desarrollo nacional:

  1. Educación: Gestión descentralizada de la infraestructura escolar y adecuación curricular vinculada a las vocaciones productivas locales.
  2. Producción agraria público/privada: Alianzas estratégicas entre municipios, productores locales, cooperativas y la empresa privada para dinamizar cadenas de valor y garantizar la seguridad alimentaria.
  3. Cuidado del medio ambiente: Manejo comunitario de cuencas, protección de recursos naturales y gestión integral de residuos desde el territorio.
  4. Transporte, vivienda y servicios básicos: Planificación participativa del hábitat urbano y rural articulada a las necesidades reales de los vecinos.
  5. Conclusión: La experiencia real de 1994 como cimiento de la unidad

Para modernizar el Estado, fomentar la inversión y diversificar la economía, se requiere una ciudadanía sana, capacitada, con autoestima y con confianza en sus propias organizaciones locales.

El mensaje reciente del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada no es un llamado a la unidad desde la utopía o el deseo abstracto. Es una convocatoria cimentada en la experiencia real y concreta de la Participación Popular de 1994, que demostró que Bolivia puede descentralizar política y administrativamente la gestión pública. La gobernanza participativa creada en salud marcó el camino para democratizar la educación, la producción, el ambiente y la vivienda, demostrando que construir una patria inclusiva, productiva y descentralizada SÍ SE PUEDE

Dr. Javier Torres Goitia Caballero