Arrancó el último partido de Messi en la selección argentina, con lágrimas y una gran ovación


Entre lágrimas, ovaciones y abrazado a sus tres hijos durante el himno, Messi protagoniza una noche cargada de emoción en el Monumental, donde disputa ante Benín su último partido con la camiseta argentina.

eju.tv

El Monumental se vistió de nostalgia para despedir a su máximo ídolo. Lionel Messi salió al campo para disputar su último partido con la Selección Argentina y, antes de que comenzara a rodar la pelota, protagonizó una de las imágenes más emotivas de la jornada: entonó el himno nacional argentino acompañado por sus tres hijos, mientras las tribunas lo despedían entre aplausos, lágrimas y una ovación interminable.



El capitán argentino, visiblemente emocionado, miró hacia las tribunas y saludó a un público que llegó para decirle adiós al hombre que durante más de dos décadas hizo soñar a millones. Desde un palco, Antonela Roccuzzo y otros familiares registraban con sus teléfonos celulares cada instante de una noche que quedará guardada para siempre en la memoria.

Las cámaras también captaron a Lionel Scaloni con lágrimas en los ojos. El entrenador que acompañó a Messi en una de las etapas más gloriosas de la historia de la Albiceleste tampoco pudo contener la emoción ante la despedida del capitán.

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Messi disputa ante Benín su partido número 208 con la Selección Argentina, una cifra que reafirma su lugar como el futbolista con más presencias en la historia del combinado nacional. Pero esta vez el número parece quedar en segundo plano. Lo verdaderamente importante es que el 10 está jugando por última vez ante su gente, en el mismo estadio que tantas veces lo recibió como héroe.

A su lado estuvieron algunos de los compañeros con los que construyó una generación inolvidable. Emiliano Martínez, Agustín Giay, Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Nicolás Tagliafico, Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Julián Álvarez y Lautaro Martínez fueron los elegidos para acompañarlo desde el inicio.

Dibu Martínez, incluso, lo miraba de reojo durante los instantes previos, atento a la emoción de su capitán. Porque esta noche no era una más. Era la noche en la que el fútbol argentino comenzó a despedirse de su eterno número 10.

El partido comenzó con 30 minutos de retraso, pero para el público presente la espera parecía no importar. Las tribunas estaban concentradas en un solo hombre: Messi.

El niño que alguna vez soñó con jugar para Argentina, el joven que sufrió derrotas y críticas, el capitán que levantó la Copa América, la Finalissima y finalmente la Copa del Mundo, estaba allí una vez más, vestido de celeste y blanco.

Y mientras el himno llegaba a su final, Messi se emocionó. También lo hizo su familia. También sus compañeros. También Scaloni. Y también un Monumental entero.

Porque hay despedidas que no necesitan demasiadas palabras.

Solo basta mirar al 10, escuchar una última vez el himno junto a él y entender que se está cerrando una de las historias más extraordinarias que el fútbol haya contado.