Más de 2,6 millones de bolivianas tienen una ocupación, el doble que hace 23 años, muchas emprenden y soportan crisis. Su creciente presencia contrasta con las dificultades para acceder a cargos directivos, mejores ingresos y empleos formales.
Por Ernesto Estremadoiro Flores

Fuente: El Deber
María Romero esboza en un papel lo que será un elegante vestido. En medio de telas y el ruido de las máquinas de coser, crea prendas femeninas que llegarán a 12 tiendas de Santa Cruz. Sueña con tener pronto una fábrica y convertir a Leidy Fashion en una marca que genere empleo. Amelia Solórzano también ha hecho de la confección su vida. Con seis décadas a sus espaldas, desde hace 35 años dirige los hilos de Patra, una marca de ropa deportiva que se ha consolidado como una de las más importantes del país.
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Ambas tienen más en común que su pasión por la confección: son sobrevivientes de la adversidad. Son también un reflejo de cómo la mujer cobra cada vez más relevancia en el tejido económico del país. Las dos comenzaron desde cero, impulsadas por la necesidad de salir adelante y la pasión por consolidar sus sueños. Así lograron crear empresas y generar fuentes de empleo.
Sus historias reflejan una transformación que también muestran las estadísticas. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la presencia de las mujeres en el mercado laboral se duplicó en los últimos 23 años. En 2001, el país registraba 1,17 millones de mujeres ocupadas; en 2012, la cifra aumentó a 1,91 millones y, en 2024, alcanzó los 2,62 millones. Esto representa un crecimiento del 122%, equivalente a 1,44 millones de ocupadas adicionales.
Hoy, las mujeres representan aproximadamente el 45% de los 5,82 millones de personas en edad laboral en el país y que reciben una retribución. Su creciente participación se refleja en la tasa global de participación laboral femenina, que pasó del 45,7% en 2001 al 65,8% en 2024.
Desde una casa de barro
María recuerda aquel cuarto de barro donde comenzó todo. Era una habitación vacía, sin comodidades, en una zona de Santa Cruz donde no llegaba el transporte público, la electricidad era prestada y el agua se sacaba de un pozo. Allí, entre dos máquinas de coser domésticas empezó a construir Lady Fashion, una marca de ropa femenina que nació de la necesidad y terminó convirtiéndose en una empresa familiar.
Hace 34 años, María no soñaba con tener una fábrica. Su preocupación era mucho más urgente: conseguir dinero para alimentar a sus dos hijos pequeños. Se había casado joven, apenas había cursado estudios básicos y, junto con su esposo, sobrevivía con ingresos que apenas alcanzaban para cubrir los gastos del hogar.
La situación empeoró cuando su marido sufrió dos accidentes que lo dejaron imposibilitado de trabajar. Con dos pequeños, y sin una fuente de ingresos suficiente, tuvo que buscar una salida. “Ahí fue que sentí la necesidad de independizarme”, recuerda.
Compró un pequeño motor eléctrico para una de sus máquinas de coser gracias al dinero que ganó trabajando durante dos meses en una pensión. Aquel motor, que reemplazaba el esfuerzo de pedalear, representaba un avance importante para alguien que tenía tan pocos recursos. Una prima le prestó Bs 50 y con ese dinero compró tela y confeccionó sus primeros conjuntos femeninos.
Los primeros años estuvieron marcados por el sacrificio. María cosía durante las noches y salía a vender sus prendas durante el día. Mientras tanto, su esposo, todavía limitado por los accidentes, se encargaba de preparar la comida.
Durante casi dos años vendió de manera ambulante hasta conseguir un espacio en la Feria Barrio Lindo, donde comenzó con apenas dos o tres prendas.
El negocio crecía lentamente, hasta que un proveedor de telas decidió confiar en ella y le entregó mercadería a crédito por unos $us 2.000. María confeccionó nuevos diseños y, en su primera feria, un comprador brasileño adquirió toda su producción.
Aquella venta cambió su destino. Con esfuerzo, los pedidos aumentaron y el pequeño taller comenzó a crecer. Las paredes del antiguo cuarto de barro fueron desapareciendo para dar paso a nuevos ambientes de trabajo.
Hoy, su marca Lady Fashion confecciona ropa femenina que llega a diferentes regiones de Bolivia y al mercado argentino. Cuenta con aproximadamente 12 espacios comerciales distribuidos en tres puntos de venta y genera trabajo para unas 60 personas, entre familiares, trabajadores y talleristas externos.
Pero María todavía tiene un sueño pendiente: construir su propia fábrica. Ya compró un terreno y espera comenzar las obras en 2027.
De Cotagaita a Santa Cruz
Amelia tenía dos hijos pequeños, estaba embarazada de cuatro meses y atravesaba un doloroso divorcio cuando decidió emprender. No tenía una empresa ni grandes recursos, pero sí la necesidad de sostener a su familia. Con una vieja máquina Singer de pedal y otra máquina adaptada comenzó a confeccionar ropa en un pequeño taller instalado al fondo de su casa, en el barrio San Isidro del Plan Tres Mil, en Santa Cruz.
Era 1994. Había estudiado corte y confección en la Academia La Merced y su hermano, que también trabajaba en el rubro, la animó a iniciar el negocio. Así nació Patra, una marca que, más de tres décadas después, se ha consolidado en el mercado boliviano de ropa deportiva.
Pero la historia de Amelia comenzó mucho antes, en Cotagaita, al sur de Potosí. Cuando tenía cinco años, su padre salió a buscar trabajo y nunca regresó. A los diez años, ella llegó a Santa Cruz con su madre y hermanos. Se instalaron en Villa Rosario, una zona que entonces carecía de agua potable y electricidad. La pobreza marcó su infancia y la obligó a estudiar en horario nocturno.
“Mi vida ha sido muy dura, desde que nací. Me ha tocado criar a mis hijos prácticamente sola y sacarlos adelante”, recuerda.
El emprendimiento le permitió sostener a su familia, pero enfrentó momentos que amenazaron con destruirlo. En sus primeros siete años, gran parte de la producción se comercializaba en Yacuiba, en la frontera con Argentina. La crisis económica argentina y el llamado ‘corralito’ provocaron el cierre de ese mercado. Amelia se quedó sin compradores y el negocio cerró por un año.
Lejos de rendirse, volvió a empezar. Llevó sus prendas a la Feria Barrio Lindo y comenzó a conquistar el mercado nacional. Los pedidos aumentaron y aquel pequeño taller familiar fue creciendo hasta convertirse en una fábrica instalada en Villa Unión, también en el Plan Tres Mil.
“Soy una persona muy testaruda, no me doy por vencida fácilmente. Creo que eso ha sido determinante para sobrellevar todo”, afirma.
Hoy, Patra genera entre 20 y 25 empleos directos, cuenta con aproximadamente 200 clientes mayoristas en el país y, según Amelia, el 95% de su personal está compuesto por mujeres. La empresa también se prepara para una nueva etapa: ampliar su presencia hacia un segmento de mayor poder adquisitivo y explorar oportunidades de confección para compañías brasileñas. Sin embargo, la actual incertidumbre económica ha frenado parte de sus planes de inversión.
Patra tiene un significado especial. Su nombre nació de la unión de Patricia, su hija, y Amelia. La niña que esperaba cuando comenzó el emprendimiento creció junto con la empresa. Por eso, cuando le preguntan qué representa hoy aquella marca que construyó entre crisis y sacrificios, responde sin dudar: “Patra es mi sexto hijo”.
Detrás de esa frase están tres décadas de trabajo, una madre que tuvo que empezar de nuevo varias veces y una mujer que encontró en la confección una forma de generar empleo y aportar a la economía.
Análisis
Las mujeres han ganado protagonismo en la economía boliviana y representan el 58% de los trabajadores en ocupaciones profesionales e intelectuales. Sin embargo, este avance todavía no se traduce en igualdad de ingresos ni de oportunidades laborales. La brecha salarial respecto a los hombres llegó al 23% en 2025, según los datos expuestos por la economista y docente Jimena León.
La especialista explica que el aporte femenino va más allá del empleo remunerado, pues también comprende el emprendimiento, la actividad comercial y el bienestar de las familias.
“La mujer aporta diferentes facetas dentro de la economía, desde el emprendimiento, desde la dinamización de la economía y desde el bienestar de la familia también”, señala.
Sostiene que medir esta contribución mediante un solo indicador resulta complicado.
No obstante, destacó que las mujeres han alcanzado una mayor presencia en actividades profesionales, comerciales y de servicios.
Según las cifras que presentó, el 34% de las mujeres cuenta con educación superior, frente al 32% de los hombres.
Esta diferencia también se refleja en las ocupaciones profesionales e intelectuales, donde la participación femenina alcanza el 58%.
En contraste, las mujeres representan apenas el 38,5% de quienes ocupan cargos directivos, una diferencia que evidencia las dificultades para acceder a puestos de mayor jerarquía.
Uno de los principales desafíos es la calidad del empleo. León indicó que el 85% de las mujeres ocupadas se encontraba en la informalidad en 2025, frente al 80% de los hombres.
La economista explicó que esta situación se produce en un mercado laboral caracterizado por una elevada informalidad, pero con mayor incidencia entre las trabajadoras.
Otro indicador es el desempleo. De acuerdo con los datos de 2026 citados por la economista, la tasa femenina alcanzó el 3,7%, mientras que entre los hombres fue del 3%.
María sueña con construir su fábrica y Amelia busca conquistar nuevos mercados. Ambas comenzaron con pocos recursos y hoy generan empleo. Sus historias reflejan el avance de las mujeres en la economía, pero también un desafío pendiente: que participación se traduzca en mejores salarios, empleos de calidad e igualdad de oportunidades.
PARA SABER
Empleadoras
El Censo 2024, realizado por el INE, registra 38.906 mujeres empleadoras o socias en Bolivia. Esta cifra refleja su participación no solo como trabajadoras, sino también como responsables de actividades económicas que pueden generar empleo.
Trabajadoras
Según el Censo de Población y Vivienda, en Bolivia 840.773 mujeres trabajan como empleadas u obreras, equivalentes al 32,1% de la población femenina ocupada. El dato muestra el peso del empleo asalariado dentro de la participación económica de las mujeres.
LAS CIFRAS
2,62 millones de mujeres. Son las que integran la población ocupada de Bolivia, según datos del Censo 2024.
1,24 millones de mujeres trabajan por cuenta propia, una de las principales modalidades de ocupación femenina.
Fuente: El Deber


