Hace meses que la relación diplomática entre Perú y Bolivia se reduce al folclore, aunque hay que reconocer que esto es mejor que los insultos y la “exportación” de la violencia promovida desde La Paz. Que La Diablada, que el Ekeko, que el charango; ese ha sido el nivel de discusión entre los gobiernos de Evo Morales y Alan García, aunque recientemente se sumó un hecho que vuelve a encender el avispero folclórico. Resulta que el vicecanciller boliviano, Hugo Fernández, ha dicho que el espionaje es una actividad normal entre los Estados y que la clave es “no dejarse pescar”. Así se refería el funcionario nacional al escándalo que envuelve a los gobiernos de Chile y Perú, sobre un militar peruano que recibía pagos de las autoridades chilenas para pasarle información estratégica de su propio país. Consultado sobre estas declaraciones, el canciller peruano, José Antonio García Belaúnde, dijo que ese punto de vista es nada más que un componente del amplio y rico folclore boliviano. “Ese ritmo no lo bailamos”, remató el dignatario.
Bajo el Penoco – El Día