Escudado detrás de las botas de los militares ordenó la detención de una mujer que le recordó su rol de protector del contrabando y la mandó presa junto a sus hijos. Una nueva muestra de la prepotencia y cobardía de Quintana, el ministro favorito de Evo, que se entronizó en Pando para disponer de vidas y haciendas.
Mujeres valientes: Betzi Aponte en Porvenir (izq); Rosario Canedo, magistrada de la Corte Suprema de Justicia, en huelga de hambre(der)
Juan Ramón Quintana ha trasladado su «cuartel de operaciones» a Pando y Beni para cumplir una instrucción muy concreta: ganar las elecciones a como de lugar en esos departamentos sin reparar en métodos o medios y sabe muy bien que en este cometido arriesga su pega y por tanto ha puesto en marcha el juego sucio, del cual los pandinos ya tienen sobrados ejemplos.
Se sabe que dentro del MAS Quintana tiene adversarios que no verían con disgusto que el partido gobernante sufra una gran derrota tanto en Beni como en Pando si eso les sirve como pretexto para desplazarlo en las preferencias de Evo. Se trata de la eterna lucha de cortesanos por los favores del reyezuelo.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
El estar en la cuerda floja suele malograr los nervios a algunas personas que están acostumbradas a medrar del poder y más a alguien que como Juan “Camión” sabe que una vez que deje de saborear las mieles del poder deberá enfrentar tanto a opositores como oficialistas. A los primeros por los abusos que cometió y comete en su contra y a los segundos por haberlos desplazado de los principales niveles de decisión. Siempre llega el momento de rendir cuentas por el uso discrecional del poder.
Al parecer Quintana calma sus nervios cometiendo abusos contra aquellos que no pueden defenderse. La televisión mostró las imágenes en las que aparece Betzi Aponte, interrumpiendo una declaración de Quintana a los medios el pasado mes de septiembre, donde acusaba al exprefecto Fernández y a los autonomistas de ser los responsables de los muertos en Porvenir.
Betzi estuvo en Porvenir y como tantos pandinos sabe lo que pasó y sabe que el verdadero promotor de los enfrentamientos en Pando es Quintana, por ello su pregunta lapidaria ¿“A usted cuántos años le van a dar por el contrabando que hizo, hijo de p… nadie lo quiere en Pando”?. Nervioso y con la rabia marcada en el rostro Quintana quedo descolocado, pero para su venganza utilizó a fiscales para darle un escarmiento a esta mujer que ha mostrado tener mas «cojones» que él y varios de los «lideres» de la oposición que se achican ante el menor embate o amenazas del gobierno.
Para acallar a Betzi (y que sirva de escarmiento para otros) Quintana apela a una figura jurídica tan arcaica como la del “desacato”.
Durante el Imperio Romano la figura del desacato fue instaurada para proteger la imagen del emperador no fuera que a algún despistado se le ocurriera lanzar improperios contra él o ventilar públicamente su vida privada.
La tipificación del desacato se prestó muy bien para ser usada por los regímenes dictatoriales y totalitarios, como una de sus más temibles armas a fin de acallar toda disidencia o denuncia de sus atropellos, por lo que no es extraño que muchos países democráticos la hayan eliminado de sus códigos penales.
Las organizaciones de defensa de libertad de expresión y los organismos del Pacto de San José de Costa Rica señalan, además, que este delito es usado comúnmente en la región como amenaza contra la libertad de expresión.
La Convención Interamericana de Derechos Humanos sostiene que las leyes de desacato no constituyen una restricción legítima de la libertad de expresión ni son necesarias para asegurar el orden público en una sociedad democrática y por tanto promueve su exclusión de los códigos penales en la región.
Se trata por tanto de una figura jurídica que debiera haber sido echada al desván del olvido pero que sigue siendo utilizada por aquellos intolerantes con poder que se consideran intocables.
No resulta extraño que Quintana cuyas inclinaciones democráticas son muy discutibles, haya optado por la figura del “desacato” para acallar a una persona que sabe muy bien que es lo que realmente sucedió ese 11 de septiembre y tuvo el coraje suficiente para gritárselo en la cara. Es que para el gobierno y la gente como Quintana la verdad constituye un agravio.