No es tiempo para «tibios»


Existen muchos tipos de personas en nuestro conflictivo mundo. Están aquellas que tienen muy firmes sus convicciones y las mantienen a pesar de todas las consecuencias y los otros que al primer remezón, literalmente se les caen los pantalones y están prestos a cambiarlas para acomodarse a los requerimientos y no tener mayores problemas.

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Izq: marcha del liderazgo y el pueblo cruceño contra los abusos del gobierno, ocurrió en julio pasado. Der: Los prefectos de la oposición: Suárez, Cossío, Savina y Costas, la unidad que  debieran preservar.



“Estas son mis convicciones, pero si no le gustan también tengo otras”, una frase de Groucho Marx que es expresiva de aquellos a quienes cuesta mantenerse firmes en lo que creen o por lo que en alguna oportunidad lucharon.

Lamentablemente la consecuencia no es una mercadería que tenga mucha demanda en un mundo guiado por el pragmatismo y menos aún la tiene en Bolivia donde se ha hecho costumbre “cruzar ríos de sangre” y renunciar a las más íntimas convicciones en aras de la búsqueda o permanencia en algún nivel de poder o simplemente para que nadie nos moleste.

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Consecuente fue Nelson Mandela que estuvo casi 30 años en la cárcel y no lograron doblegarlo. También lo fueron aquellos que, equivocados o no, en los años 60 y 70 optaron por la lucha armada y dejaron el pellejo en su empeño. No son consecuentes aquellos que a la primera oportunidad están dispuestos a cambiar de bando por una prebenda, cualquiera que sea esta, o quienes dicen haber sido partícipes de heroicos hechos revolucionarios en los que no se les vio un pelo.

En este año que culmina los bolivianos estamos agotando nuestra capacidad de asombro al observar como gentes de la llamada clase media (profesionales, empresarios, comerciantes, deportistas) y hasta barras bravas y pandilleros se pasaron a las filas masistas a fin de agarrar lo que venga aunque sean las migajas.

El fenómeno se da en diferentes regiones del país. Ahí tenemos en Tarija a ex dirigentes cívicos como el expodemista senador Roberto Ruiz, el chaqueño Bayar y el rector de la Universidad JMS, Carlos Cabrera, que ahora hacen campaña por Evo. Otro tanto ocurre en Beni, Chuquisaca, Cochabamba y en el corazón autonomista de Bolivia: Santa Cruz.

A propósito cabe la pregunta ¿qué le ha pasado al prefecto y/o gobernador Rubén Costas?.

Al parecer al prefecto cruceño lo tienen muy asustado las amenazas de juicios y auditorías a su gestión y su inclusión en el informe trucho emitido por los masistas de la comisión especial de la Cámara de Diputados en relación al caso Rozsa sobre supuesto terrorismo y separatismo.

Si es así, lamentablemente Rubén Costas no tiene la talla requerida para enfrentar los desafíos y problemas que seguramente se vendrán a corto plazo si es que Evo Morales concreta su intención de quedarse en el palacio de Gobierno otros cinco años más y los que sea posible.

Evidentemente Morales es el presidente de los bolivianos incluidos los que no votaron por él pero de ahí a establecer una relación de vasallaje existe mucho trecho. Todas las autoridades departamentales deben coordinar sus trabajos con el Jefe de Estado y esto es ineludible, pero eso no implica someterse a sus caprichos ni ceder a los chantajes que a diario se disparan desde palacio de gobierno contra los prefectos no oficialistas. 

En la época actual existen ciertas especificidades que no pueden soslayar el prefecto de Santa Cruz ni los lideres del departamento. La principal de ellas está ligada con el tema autonómico, en los términos determinados por el referéndum y respecto del cual Costas no puede desentenderse.

Las palabras y algunas acciones políticas del prefecto Costas, como dejar solo a Leopoldo Fernández cuando fue encarcelado, declarar su «neutralidad» respecto de los candidatos de oposición y no haber convocado nunca más al pueblo cruceño a la defensa de la autonomía, dan margen a mucha duda y sospecha que él mismo debiera ocuparse de desecharlas expresando una posición clara y firme respecto a los temas que interesan a los cruceños.

Debe dejar bien sentado que no lo asusta la posibilidad de ser el próximo objetivo del gobierno ya que este era un riesgo previsible y más aún, debe descartar que este dispuesto a hipotecar las legítimas aspiraciones cruceñas a cambio de una reelección en la que contarían con el respaldo del MAS.

No esta demás advertirles a todos los que se acomodaron en el carro de Evo que no deben olvidar que el jefazo y el MAS no son muy agradecidos con quienes se le arriman. Solo los utilizan y luego los descartan como material electoral desechable.