La llegada a Bolivia del presidente de Irán, Mahmound Ahmadinejad, mueve a algunas reflexiones dados los antecedentes del visitante que no se caracteriza precisamente por su tolerancia.
Los presidentes de Bolivia Evo Morales y de Irán Mahmoud Ahmadinejad, firmaron acuerdos de cooperación el martes 24 de noviembre de 2009 en La Paz (Foto Abi)
Ahmadinejad ha sumido a su país en una etapa de oscurantismo que hubiera cuestionado el propio ayatollah Khomeini y ha hecho de Irán no un modelo a seguir y si un pésimo ejemplo en diversos aspectos, incluido el de género, respecto al cual el MAS se jacta de igualitarismo.
El actual Irán muestra desigualdades sociales tan profundas y abismales que pareciera que se ha estancado en la Edad Media , sino antes. Una casta de clérigos domina todos los ámbitos de la vida de los iraníes y todo está regido por normas provenientes de una interpretación ortodoxa de El Corán.
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El gobierno y los clérigos chiitas conforman una unidad. No hay una separación entre el Estado y la religión, los principios son teocráticos; es decir todo lo contrario al Estado laico que dice preconizar Evo Morales.
Las mujeres se encuentran totalmente sometidas y son consideradas inferiores. Su función se reduce a la de parir, deben vestir a toda hora el “chador” por cuanto las formas femeninas son consideradas como un instrumento del demonio que induce al pecado a los hombres.
Solo pueden mostrarse ante su marido, quien es considerado su amo y señor y por tanto puede repudiarla y de ser necesario, disponer hasta de su vida. En las calles solo pueden andar con un miembro de su familia si son solteras y de su marido si son casadas. Los clérigos promueven la muerte por lapidamiento (pedradas) sin son sindicadas de adulterio.
En otros aspectos el Irán de Ahmadinejad tampoco es muy tolerante. Las organizaciones políticas de izquierda están prohibidas y sus militantes brutalmente reprimidos. Ni que decir de los homosexuales que reciben un tratamiento muy similar al que se les daba durante la Inquisición.
Su radicalismo religioso con fuerte acento apocalíptico ha hecho de que sea mirado como un país peligroso cuyos habitantes pueden muy bien inmolarse y arrastrar en su martirio a otras personas que no tienen nada que ver con ellos.
Resulta muy difícil de creer que una planta de lácteos, una canal de televisión, un hospital de segundo nivel además de vagas referencias a la explotación de litio sean los únicos motivos que hayan movido a Evo Morales a querer andar en una compañía tan poco recomendable.
La teocracia iraní está ansiosa de romper el aislamiento al que la ha conducido su agresividad suicida y ha puesto los ojos en Sudamérica. En Brasil, con ciertos reparos, obtuvo respaldo para un programa nuclear con fines pacíficos, derecho que nadie le niega pero sus expectativas van mucho más allá.
Dentro de su concepción religiosa fatalista no les incomodaría desatar una hecatombe mundial y en la región han encontrado a una persona que tiene los mismos criterios. Naturalmente se trata del presidente venezolano Hugo Chávez que en los últimos días ha exacerbado sus sentimientos belicistas y se la pasa mostrando los colmillos a la vecina Colombia.
Es preciso decir también que el gobierno de Evo Morales al haber perdido todo atisbo de independencia y estar totalmente sometido a Chávez transita por el mismo camino. Las decisiones sobre el futuro de Bolivia se adoptan en el palacio de Miraflores (de Caracas) y no en el palacio Quemado.
Bolivia está alineada no con Irán sino con Venezuela y es este país el que ha incorporado al nuestro como furgón de cola en un pacto que podría traer muchos pesares con el pretexto de la “lucha contra el imperialismo”.
Irán es como aquellas personas a las que nunca se invita a la fiesta de cumpleaños y los que lo hacen siempre terminan embarrándose con ellas. Es lamentable que la mediocre diplomacia masista no solo haya aislado a Bolivia del resto del mundo, sino que las pocas nuevas relaciones que ha logrado sean precisamente con los países mas cuestionados de la comunidad internacional.