Derrotados no solo en la oposición


El oficialismo ganó y la oposición perdió, pero en ambos bandos hay derrotados patéticos; el atropellador Quintana  es uno y el otro Samuel a quien le queda el consuelo de seguir haciendo dinero en sus prósperas empresas.

imageQuintana (centro) en una de sus frecuentes visitas a Cobija. Sus sonrisas y la camisa amazónica no convencieron a los pandinos.

En todos los aspectos de la actividad política existen los evidentes perdedores, aquellos que tienen un interés directo en determinado asunto o son candidatos y por tanto se hacen más visibles. Existe otro tipo de perdedores que no son tan evidentes pero que también pusieron toda la carne al asador y por tanto pueden sufrir las consecuencias de la derrota.



El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana apostó todo a una victoria del oficialismo en los departamentos de Pando y Beni, a donde virtualmente se trasladó los últimos cuatro meses para hacer campaña o mejor dicho cohecho electoral. Sabía que la tarea era difícil pero necesitaba urgentemente de algún tipo de aval que le permitiera encarar las críticas internas.

Fueron las mismas “organizaciones sociales” las que lo acusaron de haber tendido un cerco en torno al presidente Evo Morales y de ejercer una influencia perniciosa para el futuro del proyecto masista y lo que es peor para el país.

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Las críticas contra Quintana comenzaron en el mismo momento en que fue posesionado ya que se recuerda su pasado político en el que no tenía mucha identificación con la izquierda. Sin embargo, Quintana siempre contó con la confianza de Evo Morales y se decía de él que era el principal articulador de todas las iniciativas políticas durante estos cuatro años de gobierno del MAS, incluido el intento de desestabilizar al entonces prefecto cochabambino, Manfred Reyes Villa en enero del 2007.

La estrategia de Quintana finalmente dio resultado en Pando y Leopoldo Fernández fue alejado del cargo y recluido en la cárcel de San Pedro.

Sin embargo, el desmantelamiento de la institucionalidad pandina, la persecución y cárcel de cívicos y opositores, los traslados de cocaleros y de soldados no lograron romper la conciencia política en ese departamento y aunque el gobierno hable de un «empate técnico» todos saben que los votos que sacó el MAS en Pando son «prestados» porque corresponden a gente acarreada y a muy pocos pandinos que fueron comprados con cargos y prebendas.

Por ello hay voces que indican que el fracaso se debe a la figura de Quintana, quien es sindicado por el sentimiento popular de ser el responsable de la muerte de trece personas durante los sucesos del 11 de septiembre, concebidos y dirigidos por él.

Como los resultados en el Beni tampoco fueron favorables para el partido gobernante ya existen algunos dedos que apuntan hacia Quintana y consideran que su permanencia en el próximo gabinete tendría un costo político mayor a los posibles beneficios.

Uno de los permanentes y ofrecidos candidatos a ocupar el cargo de Juan «camión» es el actual viceministro de Coordinación Gubernamental, Sacha Llorenti quien no deja pasar la oportunidad de posar junto a Evo Morales y cuyas ambiciones son conocidas por el propio Quintana con quien tiene unas relaciones algo tensas con tendencia a la ruptura.

Por tanto no es exagerado decir que existe un sector del MAS que espera, tras el triunfo del gobierno y la derrota personal de Quintanita, que el principal cambio que podría introducir Evo Morales en el primer gabinete de su segundo mandato sea la sustitución de su hasta ahora ministro favorito lo cual alegrará a muchos (dentro y fuera del oficialismo)que ven en este ministro a uno más de los muchos arrimados de último momento.

Sin embargo a quienes esperan un «cambio» debieran saber que será muy difícil romper la estrechisima relación que une a Quintana con Evo y que trasciende el plano político. Lo mas probable es que este «personaje» de gran experticia en guerras sucias seguirá en el entorno del presidente aunque lo cambie de puesto.