“Hay una exagerada libertad de expresión”, dice el reelecto presidente y esta frase es una declaración de principios cuyas consecuencias son previsibles. Después de esto el próximo paso es tomar medidas para que no existan “exageraciones”.
Foto (izq). Así trabajan periodistas y camarógrafos en Bolivia, en medio de ataques de policías de civil y de activistas de «movimientos sociales» del MAS. Camarógrafo Marcelo León, herido por «desconocidos» (der).
Es evidente que Evo Morales no está dispuesto a tender puentes de entendimiento después de su victoria del pasado domingo. Sencillamente no es su estilo, nunca lo ha sido y no es posible esperar que cambie ahora cuando finalmente ha logrado el control de la próxima Asamblea Legislativa.
Era previsible que el principal objetivo de Evo Morales en su segunda gestión serían los medios de comunicación, una vez que, por el momento, la oposición política y cívica ha quedado reducida a su mínima expresión.
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Evo tiene una fijación paranoica con la prensa lo que junto a su egolatría conforman un caldo que puede volverse muy indigesto para todos los periodistas. Como desde hace tiempo atrás se considera prácticamente una divinidad cuestiona que algunos sectores, entre ellos la prensa, no le rindan el debido homenaje.
En esta su actitud hay una mezcla de desvarío y resentimiento que no son precisamente las mejores condiciones para el presidente de un país. Lanza frases que interesan cada vez menos a los analistas políticos y cada vez más a los psiquiatras. “Me voy a defender frente a las ofensas, no tengo por qué callarme”, son palabras que expresan aquello que los psiquiatras describen como “delirio de persecución”.
Como el castellano de Morales puede ser considerado de todo menos como prolijo frecuentemente se hace cuesta arriba seguir el hilo de su razonamiento. “Cuando era dirigente sindical, me ofendían, me humillaban bastante algunas y ahora algunas periodistas están siendo parlamentarias de la derecha, pro yanquis, que moral, que autoridad pueden pedir, ustedes los periodistas están defendiendo a la señora Ninoska”.
Tratemos de descifrar la frase y de entrada encontramos una gran mentira. Los periodistas en su gran mayoría se alinearon con Evo en su época de dirigente cocalero (aún sigue siéndolo) y amplificaron permanentemente algunos excesos que cometieron los organismos antidroga en la región del Chapare. En más de una ocasión lo libraron de una golpiza y fueron sus protectores en esos tiempos cuando Evo se hacia el humilde y llamaba por todo y por nada a «los amigos de la prensa».
Una de sus defensoras fue la “señora Ninoska” a la cual ahora dice que nadie debería defender por cuanto la ha identificado con la “derecha” y la sindica de ser “pro-yanqui” con ese simplismo que se le ha hecho proverbial.
No solo considera que es el único que tiene “autoridad moral” para decir y hacer lo que se le venga en gana sino que cuestiona que los periodistas no lo hayan proclamado como su candidato. “Ustedes debían proclamarme, todos los sectores me proclamaron, menos la prensa, mi molestia por si acaso”, les dijo sin el menor empacho.
Lo dicho por el presidente es realmente grave, aun que la senadora electa y ex periodista Ana María Romero diga que se trata solo de una expresión del “sentido del humor” de Evo. Cabe preguntar cómo le habría caído a Evo y Anamar si algún candidato de la oposición hubiera sido proclamado por las organizaciones sindicales y profesionales de la prensa.
A esta altura ya se tienen muchas muestras del “sentido del humor” presidencial que ciertamente es atrofiado pero decir que benefició a los periodistas es ya una mentira de proporciones paquidérmicas. En una época que pretendió acercarse al gremio intentó recuperar dos disposiciones relacionadas con el reconocimiento por pasajes y la columna sindical, que estaban vigentes pero que no eran respetadas tanto en los medios privados y menos en los oficiales.
A la vista de los hechos, ambos decretos, como muchos otros que ha aprobado el MAS, fueron un saludo a la bandera. Sin embargo en este caso resalta una de las facetas de la personalidad de Evo: considera que la política se desarrolla en términos prebendales y si dio algo puede exigir también algo a cambio. Este es el mecanismo mediante el cual se metió en el bolsillo a dirigentes de los “movimientos sociales” y a los arribistas de la llamada clase media.
A parte de lo anecdótico se puede decir que el panorama para la libertad de prensa y expresión no es de los mejores. Si hasta ahora el gobierno por razones políticas se había abstenido de aprobar una ley que “regule” la actividad de los medios de comunicación, es claro que esa etapa ya pasó, que ya no tiene que guardar las apariencias y vendrá el golpe disfrazado de norma.
No se puede esperar nada bueno de quien considera que la libertad de expresión es una “exageración”.