A despecho del triunfo del pasado domingo, las cosas en el oficialismo distan mucho de parecerse a una taza de leche. Como suele ocurrir en los partidos que se tornan hegemónicos con una estructura orgánica copiada y sin una ideología sólida capaz de amalgamar todos sus niveles, en el MAS se ha generado una feroz lucha por espacios de poder.
Esta situación se hace más evidente cuando se tiene a la vista un nuevo proceso eleccionario, en abril próximo, para elegir a los prefectos y alcaldes en todo el país. En el MAS subsiste una tradición orgánica recuperada del MNR ante el horror de los estalinistas y trotskistas incrustados que preferirían imponer una estructura vertical al estilo del “centralismo democrático”.
Esta tradición movimientista implica el surgimiento de cacicazgos que solo reculan ante la presencia de Evo Morales, cuyo liderazgo (de mano dura) es indiscutible al punto que se podría decir que Evo es el MAS y el MAS es Evo. No resulta exagerado señalar que en ausencia de Evo, el MAS pronto resultaría atomizado en infinidad de partículas que obedecerían a determinado cacique. Recuérdese el caso de Condepa y otros partidos cuyos líderes concentraron todo el poder en si mismos sin permitir el surgimiento de sucesores.
Pues bien, estos cacicazgos pueden expresarse y actuar en los márgenes que han sido previamente determinados por Morales y eso significa que pueden pugnar por determinados espacios pero sin embargo debe quedar muy claro que la determinación final le corresponde al jefazo y solo a él.
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En realidad el peso de las “organizaciones sociales” se toma en cuenta para las movilizaciones y el voto pero es poco significativo dentro de la estructura partidaria del MAS dado que esta ha venido asumiendo formas cada vez más personalistas. En consecuencia, ganar el favor del jefe máximo es mucho más decisivo que liderar una “organización social”.
Dentro de este contexto han surgido decenas de candidatos para postularse a las prefecturas y municipios, particularmente de la región occidental del país donde se supone que la elección estaría garantizada, por cuanto los departamentos de La Paz, Oruro y Potosi se han convertido en feudos del masismo y Cochabamba esta en la misma ruta.
Como era de suponer, el botín más preciado es la prefectura paceña y para la cual se mencionan varios nombres, entre ellos de algunos conocidos. De entrada, en este caso se ha planteado una pugna entre el campo y la ciudad ya que el actual senador Lino Villca encabezaría el sector rural-cocalero de los Yungas, en tanto que el sector urbano-intelectual respaldaría al actual ministro de Educación y exrector de la UMSA, Roberto Aguilar, quien desde La Habana anticipó que no será candidato (a menos que el jefazo diga otra cosa).
Se conoce que Gustavo Torrico, apoyado en la estructura de los “satucos” está dispuesto a pugnar por una postulación pero que sin embargo su empeño se está haciendo cuesta arriba ya que dentro de su partido es visto como uno más de los que buscan seguir en el poder en su propio beneficio.
Para el caso de la alcaldía paceña, está confirmado que el MSM de Juan del Granado y el MAS irán cada uno por su cuenta y que la luna de miel se acabó pero no se sabe aún cual será la posición que asumirán los cuatro parlamentarios “sin miedo” en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Ante esta situación, el opositor Pepelucho Paredes está también evaluando sus posibilidades que se sabe no son muchas, sobre todo porque el gobierno lo tiene contra la pared con la amenaza de investigar su fortuna.
En el resto del país, las cartas aún no han sido colocadas sobre la mesa pero si es visible que en esta oportunidad cada uno de los sectores masistas quiere sacar la tajada que supone le corresponde y es claro que la intervención directa de Evo para dirimir las pugnas será cada vez más requerida por cuanto los intereses en juego son muy jugosos y por los próximos cinco años.