La pesadilla sindicalista


ricRicardo Cardona*Los sindicatos son un dolor de cabeza constante no solo para los empresarios, sino también para los ciudadanos y trabajadores independientes. Si bien nacieron para velar por el bienestar de sus miembros –obreros o empleados– y para facilitar la negociación colectiva entre el empleador y los trabajadores, se han convertido en un obstáculo para la sociedad libre.A continuación daré algunas razones por las que los sindicatos son hoy un verdadero impedimento para el libre mercado.1.- Con el pasar del tiempo, ciertos trabajadores han querido todo más fácil, lo que implica un menor tiempo de trabajo, pero sin perder sus ganancias. Así que, a través de huelgas y protestas, los sindicatos constantemente han pedido que se les conceda sus peticiones, donde aspiran a ganar más, o trabajar menos, sin haber aumentado su productividad.2.- Al ser una institución en “pro” del proletariado, la mayoría de los gobiernos apoyan y escuchan a los gremialistas, que en su discurso populista, piden igualdad y justicia social. Han logrado así que el gobierno ceda a sus caprichos, como el salario mínimo, aumento salarial anual, aguinaldo, doble aguinaldo, regulación de precios, feriados, protección al trabajador y un centenar de privilegios que solo los que pertenecen al gremio pueden gozar.3.- Un profesional, obrero o trabajador independiente, tiene un camino difícil dentro del campo laboral, porque su jornada de trabajo y su sueldo lo determina –en la mayoría de los casos– un sindicato, eliminando así la libre negociación entre el empleador y el empleado. Así por ejemplo, si un empleador tiene un trabajador impecable y destacado, y le gustaría recompensarlo con un aumento de sueldo, el sindicato vería que eso es injusto y pediría un aumento de sueldo para todos, entrando en huelga hasta salirse con su berrinche.4.- Los sindicatos también intentan tomar posturas monopólicas. Por mostrar un ejemplo, en Santa Cruz, Bolivia, el transporte público está en manos “privadas”, que son realmente sindicatos asociados que negocian para tener el monopolio de las rutas de cada línea y modificar el precio del pasaje. Por lo tanto, se ven manifestaciones, protestas o huelgas cada año para subir el precio del pasaje o para que les permitan ir en alguna ruta específica. Aparte de eso, si alguien quiere abrir una nueva línea, tiene que pedir permiso al sindicato, y si esa persona no consigue o no pide el permiso, teniendo todos los demás papeles en orden, no podrá circular, y si lo hace, el sindicato le hará la vida imposible, ya sea legalmente o en las avenidas y garajes de la empresa “no autorizada”. Aun así, algunas empresas sí logran funcionar sin ser parte del sindicato, ya sea por innovación o algún trato con el sindicato. Y esto sucede también en otros ámbitos, no solamente en el transporte.En resumen, vemos como los sindicatos perjudican al ciudadano libre, sea este trabajador independiente, empresario o consumidor. Su intervención altera la variedad de precios y calidad en los servicios, impide que los mismos se modernicen, limita la competencia y tiende a crear monopolios. Se han alejado así completamente de su función inicial y se han convertido en una real pesadilla.*Dircom Casa de la Juventud. Coordinador Local de Estudiantes por la Libertad