El drama familiar de tener un hijo con cáncer
Vender todas las propiedades, dejar de trabajar o viajar al extranjero son algunos de los sacrificios que realizan sin pensarlo los padres y madres de niños enfermos de cáncer.
Susi Apaza y su hija Adriana. FOTO: ANF
La Paz, 5 de diciembre (ANF).- “Perdió la vista, el habla, prácticamente nos dijeron que no había nada que hacer. Nos quedamos sin casa, vendimos todo y viajamos a Argentina, pero valió la pena porque aquí está”, afirma Gilda Sevilla mientras mira con ternura a su hija María Fernanda, que a sus 10 años ha logrado vencer un cáncer calificado como muy grave.
El drama de los padres que tienen hijos enfermos de cáncer se agudiza en un país en el que el costo promedio de un tratamiento anual está estimado en Bs. 90 mil por paciente. El afectado directo es el niño o niña, pero toda la familia debe cambiar su vida de la noche a la mañana invirtiendo horas de sueño, dejando trabajos y cuando pueden, viajando al exterior.
Marco Antonio Vargas, padre de Albaluz (4), renunció a su trabajo como técnico en Coroico (Yungas) y se trasladó al Pabellón Oncológico del hospital del Niño de La Paz, en el que vive de manera intermitente cada quince días desde hace tres meses, cuando le detectaron a su hija un tumor en el abdomen. “Nos dijeron que tenía el cáncer desde hace dos años pero lo detectaron apenas hace tres meses cuando ya se le ha extendido hasta el ojo”, explicó Vargas.
La doctora Yancarla Conde, oncóloga del centro Biomédica de La Paz, reconoció en una entrevista reciente con ANF que la situación de los pacientes de cáncer es difícil en el país. “No tenemos los medios ni los recursos necesarios para llegar a un tratamiento y diagnostico 100% óptimo”, sostuvo.
Un informe difundido esta gestión por el Defensor del Pueblo revela que cada año fallecen 21 niños por cada 100 pacientes con cáncer debido principalmente a la imposibilidad de acceder a tratamientos médicos.
Susi Apaza reconoce que el miedo le invade el cuerpo cuando piensa el costo que tendrá que afrontar una vez que su hija Adriana (4) cumpla cinco años y el Seguro Universal Materno Infantil (SUMI) deje de cubrirle el tratamiento del cáncer que padece desde agosto.
