Tortas y regalos llegaron ayer a la vigilia instalada desde hace un mes cerca a la plaza Murillo. Los movilizados dicen que están más unidos que nunca.Madres de la caravana festejaron su día a un mes de su llegada a la sede de Gobierno.Página Siete / Leny Chuquimia / La Paz»Felicidades, mamás aguerridas”, se dicen entre abrazos las mujeres que forman parte de la vigilia de personas con discapacidad. Desde hace un mes, junto a sus hijos, esperan en la vigilia que han instalado en la calle Junín, a una cuadra de la plaza Murillo, que el Gobierno atienda su pedido de una renta mensual.Con un mitin, abrazos y tortas sorpresa, los miembros de la caravana nacional que arribó a La Paz el 25 abril, tras 35 días de caminata desde Cochabamba, festejaron ayer el Día de la Madre. Desde su trinchera felicitaron a todas las mamás del país.En la lucha por la Independencia, en 1812, cientos de mujeres cochabambinas se levantaron en armas en la Coronilla para enfrentar a las tropas realistas. Un siglo y cuarto después, en homenaje a ese valor, por ley, se instituyó el 27 de mayo como el Día de la Madre Boliviana.»Nuestro mejor regalo es la libertad, la libertad de todos nuestros compañeros que han sido detenidos el miércoles y que ya están otra vez con nosotros”, dice una de las madres y dirigentes del Comité de Defensa de Personas con Discapacidad de Cochabamba, Rosmery Huarita.Hace 26 años, tras un accidente, quedó en silla de ruedas. Con tres hijos pequeños a su cargo, no se dejó vencer por lo que, en ese momento, le pareció la prueba más difícil. «Tenía que seguir a delante, mis hijos estaban pequeños ¿que más podía a hacer?. El corazón de una madre es muy grande y muy luchador, no hay nada que no hagamos por nuestros hijos”, asegura.Para ella y sus compañeras, el de ayer fue un Día de la Madre muy peculiar. Los festejos comenzaron con un mitin de protesta en el mismo campamento en el que recibieron a los compañeros que habían sido detenidos el miércoles, en su intento de ingresar al Kilómetro Cero. Entre ellos estaba Tatiana, mamá de uno de los niños de la vigilia.»Las mamás somos la mayoría de la vigilia”, señala Julia Corrillo. En 2012 ella llegó a la sede de Gobierno junto con su hijo en la primera caravana. Poco tiempo después él murió, «pero a mí nadie me va a quitar mi condición de madre y de haber vivido la discapacidad. A mi hijo no lo olvido y sé lo que una madre es capaz de hacer para darle a su hijo la oportunidad de vivir mejor”.Raquel Jiménez y Jhanet Santos tienen hijos con parálisis cerebral, a los que han dedicado su vida. Ahora protegen a la vigilia.»Nos cuidan a los demás también como si fuéramos sus hijos. El día que nos han detenido, nos han cubierto para que no nos peguen y ellas se han hecho pegar”, relata Jaime Sanjinez con voz torpe y algo infantil que confunde al ver su cuerpo maduro.»Quiero felicitar a todas la mamás que luchan por sus hijos por días mejores para ellos. Un abrazo muy especial para aquellas que tienen discapacidad o tienen un hijo en esta condición”, expresa Huarita desde un megáfono para que todos oigan.Cerca el mediodía, varias tortas llegan al campamento. «Traigan al mariachi para festejar”, dicen y buscan entre ellos al que «mejor sabe cantar”.Denuncian intentos de desunir la vigiliaEl máximo dirigente de los movilizados, David Cayo, indicó que la mañana de ayer se liberó a la totalidad de personas que habían sido aprehendidas el miércoles, tras el nuevo intento de ingresar a la plaza Murillo.»Esta mañana (ayer) se liberó a todos los detenidos. La justicia ha llegado a nuestros compañeros que han mostrado mucha convicción con el movimiento, pese a que les han ofrecido muchas cosas para desmovilizarse.Ellos nos dan mucha fuerza para seguir unidos y adelante”, dijo Cayo.El miércoles por la noche la FELCC La Paz liberó a dos personas mientras que las otras seis fueron llevadas a la ciudad de El Alto. El jueves se liberó a otras dos y ayer al resto. La dirigente cochabambina Rosmery Huarita agradeció a los abogados y jueces que colaboraron con ellos.Denunció que el jueves una de las personas que hacía la vigilia en El Alto fue agredida en cercanías de la estación del teleférico Rojo por tres mujeres que, según su relato, actuaron en complicidad con policías.