Carlos Valverde BravoApenas conocidos los resultados de las elecciones en EEUU, cuestioné el sistema de encuestas previo a las votaciones; la razón salía sobrando: el fracaso repetido de las mismas en Gran Bretaña (triunfo del brexit) y Colombia (el No por el referendo por la paz), y el triunfo de Donald Trump (EEUU).Semejantes resultados me llevan a formular interrogantes y plantear la posibilidad de que las encuestas políticas estén siendo mal trabajadas, porque parece que no se ha advertido que vivimos en sociedades cambiantes y los resultados tan equivocados pueden deberse a que, si bien es cierto que estamos hablando de solo muestreos de posibilidades, probablemente se estén repitiendo los mecanismos y métodos que fallaron. El ‘cruce’ de variables y los elementos sociopolíticos deben ser dinámicos y responder a los tiempos que corren, así las preguntas sean casi las mismas. Las sociedades están experimentando comportamientos cada vez más cambiantes y es obligación de quien sale a hacer un sondeo de opinión a fondo ‘bucear’ en ‘lo que no se ve’, en eso que se llama ‘voto oculto’. Los especialistas están obligados a desentrañar el porqué de ese voto y encontrar la manera de romper esa barrera (si es que es tal), que hace que, finalmente, el resultado de su trabajo sea cada vez más cuestionado o menos creíble.Dudo mucho que, en el campo empresarial, una compañía de servicios acepte que la empresa que contrata no sea capaz de desentrañar la preferencia de los ciudadanos entre varias que ofrecen el mismo servicio. Estoy seguro de que la encuestadora que no logre saber por qué su cliente no está vendiendo como planificó vuelva a ser contratada; dudo que haya una empresa encuestadora que vaya con una respuesta en la que entren los ‘imponderables’ y, si los hay, tratará de desentrañarlos. Entonces, si ello ocurre en el campo de la empresa privada, me pregunto por qué motivo un diario, un partido o los propios gobiernos (en todos sus niveles) deban aceptar los ‘votos ocultos’. Efectivamente pueden ocurrir sucesos impensados (‘efecto Rocha’, en el caso Evo Morales), pero eso es excepcional; lo demás es tarea de los profesionales encargados. El quid de la cuestión es desenmarañar el llamado ‘voto callado’; es imprescindible saber dónde y por qué se oculta, cuáles son los ‘agujeros negros’ sobre los que hay que incidir.Las encuestas son herramientas para dibujar o proyectar el futuro y ahora están en entredicho, y las empresas encuestadoras están en la obligación de responder al desafío. Así como trabajan productos, empleo o calificaciones de satisfacción, de la misma manera están obligadas a replantearse la metodología de trabajo a fin de volver a hacer de ese instrumento, tan útil en algún momento de la historia política de los países, una herramienta de trabajo valedera y cierta.El Deber – Santa Cruz