La urbe del futuro tiene que planificarse como región metropolitana y con los ciudadanos, según los expertos. Hoy se cumplen 456 años de esta ciudad caminante, fundada en 1561
El rumbo de la urbe ciudadanos y municipio deben decidir cómo se desarrollará la ciudad. El sistema de abastecimiento y el transporte se deciden en conjunto en ciudades exitosas. Foto: Enrique Canedo
Qué tiempos aquellos cuando, hace 60 años, Santa Cruz contribuía con el 1% de los impuestos del país. En la ciudad, hasta algunos pudientes andaban, como escribió Alfredo Flores, “domingo taco, lunes talones”.
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No había mucho dinero, pero se caminaba más, según el endocrinólogo Juan Carlos Oliva. Había menos problemas de peso y ahora en su consultorio la obesidad es un problema frecuente. Muchos dicen que antes se vivía mejor. Ahora, con 2,5 millones de personas, los bolsillos de los cruceños crecieron, y, según dijo el asesor de la Gobernación, José Luis Parada, Santa Cruz contribuye con el 40% de los impuestos. Pero es la ciudad con más obesidad. Con más diabetes. Cuando los organizadores de la Revolución Jigote buscaron una manzana que invitara a caminar, es decir, que tenga las aceras uniformes, no encontraron ninguna. La ciudad nos enferma.
Faltan lugares que inviten a caminar, y aunque se han construido parques y se ha plantado más de un millón de árboles en esta gestión municipal, los problemas de la Santa Cruz del futuro no parecen que vayan a solucionarse pronto. Uno de esos problemas es la planificación. Y ya no se puede hacer como ciudad aislada.
Cambio de chipLa concejala y exsecretaria de Parques y Jardines, Angélica Sosa, afirmó en un foro que el principal desafío consiste en planificar pensando como región metropolitana, puesto que las ciudades concentran a un 62% de la población. En el Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano y Regional (Cedure) se han realizado dos planificaciones de este tipo a mediados de los 90: en Porongo y La Guardia. Cuando se quiso hacer un plan maestro metropolitano para agua potable y alcantarillado, con participación del Ministerio del Agua, no se encontró ninguna cartografía de apoyo, recuerda el urbanista Fernando Prado. La realidad nos muestra que estamos metropolizándonos, la ley obliga a planificar tomando en cuenta a Warnes, a Montero, pero en la cabeza de los planificadores ese chip ‘metropolitano’ aún no se ha instalado.
Prado ve un problema adicional: ya no somos dueños del territorio metropolitano. Todo está loteado. Cuando se quiera planificar, se verá que un comprador de apellido vacuno ya se compró 40.000 hectáreas, que otros de apellido coreano ya tienen más de 500.000 y que se han diseñado sitios con lagunas en los que se están vendiendo 5.000 lotes de terreno.
“Como no hay una legislación inmobiliaria, si alguien compra 100 hectáreas, al poco tiempo su valor se quintuplica y el municipio no se beneficia de esa plusvalía”, comenta. En resumen, la ciudad está siendo planificada por el capital inmobiliario. Pero cuando haya problemas de drenaje, entonces se exigirá que sea el Estado el que acuda con la solución.
¿Y cómo sería? Una ciudad planificada para el futuro debe tomar en cuenta las ciudades intermedias. En el foro Ciudades intermedias, realizado recientemente en Costa Rica, se habló de articular el territorio productivo con los centros urbanos existentes. Carlos Hugo Molina y Rubens Barbery, del Cepad (Centro para el De-sarrollo Productivo), asistieron al encuentro. “Dos de cada tres bolivianos vive en este tipo de ciudades”, dice Barbery.
En el foro se habló de identificar nodos de servicios básicos, turismo y conectividad. Así, hay ciudades intermedias que quieren aprovechar el turismo en salud (Camiri) y hay algunas que ofrecen ya servicios de agroecoturismo (como las fincas de Warnes y Montero).
En el futuro, según el activista Marcelo Castro, el ciudadano debe tener mayor iniciativa. Es la única forma de cambiar el modelo de negocio que rige, por ejemplo, en el transporte, que es un grupo privado pensado para recoger pasajeros en cualquier punto, aunque haya paradas establecidas. “No tenemos un sistema de transporte. Solo hay líneas”, asegura. Considera que en el futuro no habrá un tren metropolitano, porque, según un estudio de la cooperación japonesa, Santa Cruz aún no tiene la cantidad de habitantes suficiente para que un proyecto de ese tamaño funcione.
“A mí me gustaría usar solo el transporte público”, dice el urbanista Fernando Prado. Tampoco será una ciudad con pasarelas, sino con vías y ritmos de tráfico para que el peatón cruce. Sí, habrá más bicicletas, pero no porque los ciclistas sean enemigos de los automóviles, sino porque se trata de una opción barata y saludable.
El municipalista Iván Arias considera que, en el futuro, se debe erradicar la actitud “ahora nos toca” que asumen los responsables de dirigir las ciudades. El elemento fundamental para construir el futuro, según el analista, es la generación de valor público. “Crear ese valor requiere transparencia en el gobierno municipal. La gente tiene que confiar. Cuando la gente confía y valora, genera valor público; paga más impuestos, porque se los devuelve en servicios, instrumentos de desarrollo humano, científico y cultural. Lo que ahora tenemos nos corta los sueños de las ciudades del futuro”
Fuente: eldeber.com.bo

