El Alto/ La Paz/ Un desalojo imprevisto, enterarse que estaban enfermos y la carencia de dinero les causó una profunda depresión que los llevó a dejarse morir, según una vecina.En este pequeño ambiente vivían los ocho miembros de la familia Quino. Sara Aliaga / Página Siete.Eva Quino, de 12 años, falleció entre el martes y miércoles, su familia no lo sabe precisar, pues según sus testimonios «no se dieron cuenta”. Su cuerpo fue rescatado recién el jueves y ayer un informe del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) confirmó que la niña murió de hambre.En la tarde de ayer su cuerpo inerte, frío y morado descansaba en un ataúd blanco, pequeño.Muchos decían que cuando una persona muere el cuerpo se hincha, pero no era el caso, sus huesos aún eran notables.La Defensoría coordinó con los vecinos de la subalcaldía del Distrito 8 para que el velorio se realice en la sede social de la zona 25 de Julio, a una cuadra de la extranca de Senkata. En la puerta se puso un rozón hecho de una bolsa de nailon de color negro y un letrero en el que se lee «Velorio de la niña Eva Quino. Falleció a causa de la extrema pobreza en la que vivía toda su familia”.Ese ambiente es algo frío, a los pies de su ataúd ardían dos velas blancas que «lloraban” y debajo pusieron un platillo con coca y dos vasos de gaseosa. En vida, Eva conoció qué es sufrir por comida y en su velorio, su espíritu, conoció la soledad.No hubo otros familiares, sólo Alan, su hermano mayor de 19 años, de físico delgado, de aspecto de quinceañero. Una vez más fue el único que cargó con toda la responsabilidad, el dolor y la tristeza.Sus padres están internados en el Hospital de Clínicas y sus cuatro hermanos menores fueron trasladados al Hogar Transitorio 24 Horas.Alan estaba frente al ataúd de su hermana. Tenía la mirada perdida, se presionaba las manos y trataba de contener las lágrimas, pero no pudo. «Es muy duro todo esto, es una responsabilidad muy grande”, dijo. No hallaba palabras.Antes de cumplir los 20 años tuvo que asumir el rol de padre de familia y hacerse cargo de sus cinco hermanos menores, trabajaba como ayudante de albañil, sobre todo para cumplir con el pago del alquiler, que era 200 bolivianos cada mes. «Ganaba 50 bolivianos y no me alcanzaba”, dijo.Dura realidadEste medio llegó al lugar donde vivía la familia de Eva. Un cuarto de dos por tres, donde ocho personas -el papá, la mamá y seis hermanos- dormían en un catre de una plaza y media y en un colchón de paja, extendido en el piso.Al centro está una cocina, casi inservible, sobre ella una caldera muy vieja y una olla con arroz quemado y un pescado. La habitación estaba desordenada y polvorienta.Virginia Dolores, vecina de la familia, contó que los veía muy poco, pues ella salía temprano a vender y llegaba por la noche. «Una vez vi a la señora, se veía muy flaquita, le dije que vaya al médico y dijo que no tenía plata. Luego le dije que pidiera ayuda y me dijo que no. No era muy sociable”, dijo.En un rincón se ve una muñeca botada, con los ojos cerrados, Dolores al ver ese juguete dice: «No sabía nada, pobre wawa. Yo les hubiese ayudado, hubiese pedido ayuda, tal vez la niña estaría viva”, lamentó.Una noche, cuando Virginia llegó a su cuarto escuchó decir «todos vamos a morir aquí”, pero no le dio importancia, pues creyó que se trataba de una pelea de pareja, conyugal, de esas que a veces son usuales en un hogar.DescuidoAlan contó que su madre estaba sola hasta 2001, luego se conoció con su padrastro, que era artesano. Vivieron 14 años como cuidadores de casa, en una vivienda del barrio de Junt’uma, pero en diciembre del año pasado el dueño los echó.Según un estudio psicológico realizado por la Dirección de la Niñez-Género y Familia, ese imprevisto desalojo fue una de las causas para que los padres caigan en una profunda depresión y se dejen morir.Otra de las causas fue el enterarse «que estaban mal de salud y optaron por encerrarse en el cuarto y no salir más”, informó la directora de la Niñez, Ana María Saavedra,El director del Hospital Boliviano Japonés, Rubén Narváez, señaló que tanto los padres como los cuatro hijos menores sufren de una desnutrición moderada. Asimismo, informó que padecen de una enfermedad crónica. Los padres fueron trasladados al Hospital de Clínicas.Alan reveló que tiene tías de parte de madre, pero no quisieron ayudarlos porque «tiene vergüenza de decir que somos pobres”. Tampoco pidieron ayuda por «negligencia de mis papás, ellos no me dejaban”.SolidaridadAyer, la exministra de Justicia Virginia Velazco llegó al velorio y luego a la casa donde vivía Eva. «A nombre del presidente Evo Morales vamos a donar víveres, toallas, frazadas y todo lo que sea necesario”, dijo.Las autoridades gestionan un trabajo para Alan en una institución pública. Posteriormente, «por órdenes del Presidente, le construiremos una casita”, señaló Velazco. La Alcaldía debe conseguir el terreno.La Dirección de la Niñez y el programa televisivo Cabildo Abierto entraron en campaña para ayudar a la familia Quino. Quienes deseen colaborar pueden llamar al 76270137 y preguntar por Edwin Cochi, quien recogerá las donaciones. «Contratamos un vehículo para recoger las donaciones”, informó Cochi.Página Siete / Virgilia Mamani / El Alto