Creando una falsa imagen

El ego colectivo comienza a ver enemigos donde no los hay. Se inventa historias de que en otras ciudades se arremete contra personas diferentes sin que medie provocación alguna.

La Prensa

Editorial



Más allá de los discursos encendidos de nuestros gobernantes y líderes regionales y de las confrontaciones violentas entre grupos afines al Gobierno y opositores, existe un elemento que tiene el potencial de causar mayor daño al pueblo boliviano y a la unidad del país. Ese elemento es la construcción de un ego colectivo que comienza a asimilar una imagen distorsionada de los que hoy aparecen como enemigos o como una amenaza a su propia seguridad y bienestar.

Hemos podido evidenciar, tras visitar diferentes regiones del país, que el común de la gente, que el ciudadano de a pie que no está involucrado en ningún movimiento político o social, utiliza en su conversación conceptos agresivos y despectivos al describir a los habitantes de otras regiones. Es como si tomara lo que ve y lee en los medios de comunicación como una característica de toda una población.

De tal suerte que las imágenes de jóvenes unionistas apaleando indígenas influyen en la psiquis colectiva del occidente de Bolivia para generalizar y estigmatizar a todos los cambas como personas violentas y racistas. Lo mismo sucede a la inversa. Los del oriente también asimilan estereotipos inspirados en bloqueadores y «ponchos rojos» para referirse al conjunto de la población andina. Y así, el ego colectivo comienza a ver enemigos donde no los hay. Se inventa historias de que en otras ciudades se arremete contra personas diferentes sin que medie provocación alguna. El ego colectivo ignora que casi todas las ciudades del país cuentan con una población altamente diversa —racial y culturalmente—, que todos los días convive y trabaja en paz y armonía, a pesar de los numerosos conflictos que brotan en toda la geografía nacional.

Decíamos al principio de este comentario que esta situación de inconciencia colectiva puede resultar altamente peligrosa. La historia de la humanidad está plagada de ejemplos de liderazgos políticos que condujeron a pueblos enteros a creer que otros grupos raciales, religiosos y hasta países eran poco menos que animales. El Holocausto en la Alemania nazi es el más atroz de todos.

Ojalá que nuestros gobernantes y líderes regionales no nos lleven por ese camino, con la complicidad de medios de comunicación que se hacen eco de posiciones extremas de grupos minoritarios, relegando a un segundo plano la cualidad pacífica y constructiva del resto de la población.

Nos reconforta la idea de que la imagen del boliviano hospitalario, alegre, querendón de su cultura, amigable, trabajador, honrado y pacífico se impondrá a aquella otra que nos quieren imponer por medio de la desconfianza, el temor y el odio.