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La fuerza institucional

Cuando creíamos que la democracia estaba consolidada, vemos que sus instituciones son debilitadas. Se presume que el Gobierno quiere controlarlas para hacerse con el poder total…

laPrensa Editorial La Prensa

La democracia, sistema que se ha venido construyendo desde las épocas de la Grecia antigua con el reconocimiento y el ejercicio de las libertades individuales y colectivas, donde a todos los seres humanos se los considera iguales ante la ley, con los mismos derechos y obligaciones, es eficiente y útil cuando cuenta con instituciones fuertes. Es en estas sólidas instituciones democráticas en que asientan los procesos de desarrollo de las naciones.

Son pocos los países que no han adoptado el sistema de Gobierno democrático, pero han asentado su desarrollo social y económico sobre la base del respeto a los derechos humanos, a la separación e independencia de los poderes, que son parte de la democracia. A otros se los condujo, felizmente en forma temporal, hacia el autoritarismo. Es lo que, por ejemplo, sucedió en Bolivia cuando la democracia fue arrebatada por las dictaduras militares. Pero el pueblo la reconquistó el 10 octubre de 1982.

Bolivia vive desde entonces la más larga época democrática de su historia. Son 27 años de alternancias gubernamentales de distintas tendencias que llegaron al poder hasta el presente. Cuando creíamos que la democracia estaba consolidada, vemos que sus instituciones son debilitadas. Existe la presunción de que el Gobierno quiere controlarlas para hacerse con el poder total, infringiendo leyes de respeto a derechos humanos, yendo más allá de sus atribuciones y deteriorando ese sistema que dice defender. No otra cosa significa el hecho de que se hubiera dañado parte del Poder Judicial y que se copara políticamente instituciones del Estado que requerían de autoridades idóneas, calificadas por el Parlamento para dirigirlas, como la Contraloría General, Impuestos Internos, la Dirección de Aduanas o entidades de regulación financiera o sectorial, tornándolas, en algunos casos, ineficientes o centros de corrupción. O que se hubiera instruido detenciones sin cumplir con procedimientos establecidos por ley, cayendo en violación de DDHH.

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El que se intente continuar por ese camino será perjudicial para la nación porque podría desaparecer la solidez institucional para dar paso a una situación de caos o de autoritarismo. Bolivia, como toda nación que quiere desarrollarse, ser digna y respetada, deberá más bien contar con instituciones fuertes, cumpliendo cada una sus funciones con eficiencia y honestidad y no caer en el terreno de la destrucción y el aniquilamiento institucional.

Tal vez sea bueno tomar en cuenta las palabras del Embajador del Reino Unido de Gran Bretaña al conmemorar el cumpleaños de la reina Isabel II, ocasión en la que recordó que “cuando se construyen instituciones que son transparentes, respetadas, independientes, apolíticas y operan al servicio de la comunidad, representan una poderosa fuerza de bien en cualquier país. No hay mejor garantía para los derechos de los pueblos que una legislatura floreciente, el imperio de la ley y un sistema judicial fuerte e independiente”.

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