Obama espera la consolidación de la “izquierda vegetariana”; le preocupa el factor coca

La apuesta del gobierno norteamericano apunta a los gobiernos de Lula y Bachelet. El proceso encabezado por Evo Morales resultó el mayor problema para los demócratas.

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La Prensa

Carlos Morales Peña

Washington DC y Nueva York.- Ocupado a tiempo completo por la crisis económica y financiera en su propia casa, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene poco tiempo para pensar en América Latina. Sin embargo, la región sigue siendo estratégica para el esquema de poder estadounidense y los planes del primer presidente negro de la potencia norteamericana están en marcha.

La misión imposible de pasar en el Congreso una profunda reforma del sistema de salud lo ha llevado a reconocer que se trata del más difícil examen que haya tenido que enfrentar desde que decidió jugar por el poder en la nación más poderosa del mundo.

Fox News, la cadena televisiva más conservadora, ha sugerido incluso la posibilidad de que la iniciativa pueda transformarse en un verdadero Titanic para la administración demócrata.

Hasta sus mismos aliados internos parecen jugarle trucos poco claros, señal de que hay otros factores de poder que, en realidad, gobiernan en Washington y fuera de ella.

El mismo Bill Clinton, cabeza del principal aparato político sobre el que se apoya la gestión Obama, acaba de jugar una ficha inesperada con el espectacular rescate de las periodistas Laura Ling y Euna Lee, corresponsales de un canal de televisión fundado, entre otros, por el ex vicepresidente Al Gore, aliado natural del ex Presidente. Obama se enteró por televisión de la operación que llevó a Clinton a la capital norcoreana, Pyongyang, para el citado rescate.

El protagonismo estelar se lo llevó Clinton bajo la excusa de que el Gobierno norcoreano había condicionado la liberación a que el ex Mandatario se presentara en su país para escuchar sus reclamos. Una poderosa red de financiadores afines a los Clinton financió e hizo posible la liberación de las periodistas norteamericanas.

Incluso, la reciente aprobación por parte del Senado de Sonia Sotomayor, su candidata a la Corte Suprema de Justicia, desnudó una victoria pírrica, con más daños para el vencedor que para el vencido, en este caso el Partido Republicano, que logró poner en duda el “activismo judicial” de esta destacada neoyorquina de origen puertorriqueño y la capacidad del oficialismo para hacer gestión a los casi siete meses de llegar a la Casa Blanca.

Pero el caballo de Troya sigue siendo la crisis económica que parece comenzar a dar señales de estar cediendo, aunque millones saben que no volverán a tener un empleo como la gente en años o quizás nunca más, por lo que tuvieron que dejar sus casas e instalarse en las viviendas de otros familiares o amigos.

Quizás por ellos las calles de Washington y especialmente de Nueva York están inundadas de los famosos suitcases people, la gente de las maletas, porque moran en las esquinas y parques con sus valijas en las que llevan lo poco que les queda de pertenencias.

En ciudades industriales, como Detroit, el desempleo ha trepado hasta un 25 por ciento, todo un récord que no tiene antecedentes en los últimos 50 años.

La administración de Barack Obama festejó esta semana porque los índices de paro económico comenzaron a ceder, aunque todavía hay un largo camino para que la economía retome su ciclo positivo en la creación de empleo.

Una paradoja que se está dando en EEUU es que mientras la gente culpa de la crisis al sistema financiero y al modelo económico de liberalización de mercados, acude a las tiendas de Wal Mart para comprar jeans procedentes de China, a menor precio.

Esto explica que los tratados de libre comercio con Colombia, Panamá y Corea del Sur estén paralizados en el Congreso, donde no hay clima para avanzar en la liberalización de mercado por la crisis financiera global. Mucho menos parece haber espacio para la discusión de un nuevo modelo de integración comercial tal como lo vienen planteando Ecuador y particularmente Bolivia a través de su propuesta de Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP). Sencillamente, “no cuadra” con el modelo que impulsa EEUU para la región y, en general, para el mundo.

Los vecinos del sur

En medio de este frente interno complicado y con otras agendas externas dominadas por conflictos más explosivos en el sudeste asiático y Oriente Medio (Irak, Afganistán, Irán, Palestina, Corea del Norte), pero también las desconfianzas con Rusia y China, Obama apenas mira a la región latinoamericana, siguiendo una tradición que Washington no ha modificado —hasta ahora— pese a las declaraciones de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en sentido de que América Latina es la región más importante para los ciudadanos estadounidenses.

De hecho, la migración, la liberalización comercial y la creciente participación de los latinos o sus descendientes en la política de EEUU son parte del fenómeno latino en este país. Sólo basta pensar en la designación de Sotomayor en la Corte Suprema de Justicia para comprobar la enorme influencia de los latinos en la vida estadounidense.

Está claro que México, sumido en una guerra de alta intensidad con y entre los carteles del narcotráfico, ha sido la principal preocupación de Obama respecto de la región. Detrás está el cálculo en relación con una alianza estratégica que resulta vital para el esquema de poder estadounidense. La situación de desgobierno desatada por la guerra de los carteles explica el viaje de Hillary Clinton y de buena parte del gabinete de Obama a México. Allí están en juego buena parte de los intereses estratégicos de EEUU más que en cualquier otro país de la región.

Por las mismas razones, le sigue Colombia, donde se ha abierto una fuerte polémica regional por la pretendida “cooperación” militar que le dará Washington al país sudamericano para la instalación de bases con alcances regionales, en el multimillonario Plan Colombia, cuyos resultados están en duda.

La molestia expresada por Brasil y Chile, en un primer momento, que se extendió a la mayor parte de los países sudamericanos mostró las sensibilidades que hay frente al aumento de la presencia estadounidense en la región. Y de forma inesperada, Honduras logró ingresar entre las prioridades de la administración Obama por el desafío que plantea para la región y la democracia occidental el golpe de Estado que terminó expulsando por la fuerza a un presidente constitucional.

Allí, EEUU pareciera esperar que baje la expectativa de una solución vía Washington, para que sean las mismas instituciones multilaterales de la región (OEA, Unasur) las que encuentren una salida al callejón que plantea la ruptura institucional en la nación centroamericana.

Obviamente la influencia que tiene un país como EEUU en Honduras es muy grande debido a la cooperación militar y en virtud de que tradicionalmente fue un “aliado” de ese Estado en la región.

En los medios estadounidenses es posible percibir que, pese al fin de la Guerra Fría, el caso de Honduras despertó fuertes diferencias entre demócratas y republicanos, donde estos últimos se niegan a reconocer que hubo un golpe de Estado, y perciben que en el país centroamericano está en juego mucho más que la democracia y señalan a Hugo Chávez como uno de los responsables del proceso.

En Washington se sabe que, después de México, Colombia y Honduras, para el Gobierno de Obama hay dos grupos de países que, claramente, son motivo de preocupación, por un lado, y de expectativa, por el otro, en el mediano y largo plazos.

En ese espectro, Bolivia, incluso más que Venezuela, es el país sudamericano cuyo proceso político, encabezado por el presidente Evo Morales, ha resultado el mayor dolor de cabeza de la gestión demócrata, que aún no encuentra el camino para restablecer las relaciones tras la expulsión del embajador Philip Goldberg, en septiembre de 2008, y la posterior salida de la agencia antidrogas estadounidense DEA.

Pareciera que para Washington ni siquiera la beligerancia de Hugo Chávez ha sido tan difícil de enfrentar como ocurre con el Mandatario boliviano, cuyas señales de confrontación hasta con el mismo Obama (a quien acusó de ser “peor” que George W. Bush) marcan una política de distanciamiento que será difícil revertir en el corto plazo.

Es que, más allá de la pelea discursiva con el líder de la revolución bolivariana, Chávez y Obama se observan a sí mismos como “males necesarios” por una simple razón: el petróleo venezolano, que Caracas necesita vender para sobrevivir y que Washington requiere comprar como si fuera maná del cielo.

El caso Chávez, por obvias razones, es el más delicado por la enorme capacidad de influencia que tiene. Sin embargo, en círculos políticos y mediáticos esperan que el poder de Chávez comience a bajar de forma gradual y que, en el largo plazo, se consolide una perspectiva menos radical.

En el caso boliviano se ve que la pelea con la potencia estadounidense puede resultar un buen negocio (tiene réditos políticos inocultables, mucho más cuatro meses antes de las elecciones generales) mientras que, para EEUU, la dependencia con Bolivia es sencillamente nula. Pareciera que en la capital estadounidense se considera difícil un restablecimiento inmediato de las relaciones diplomáticas con Bolivia, congeladas tras la expulsión de Goldberg, y se espera que la mejora se produzca de forma gradual.

En cambio, en Washington, se observa con atención, e incluso con “esperanza”, la consolidación, con Lula da Silva, de Brasil, y Michelle Bachelet, de Chile, de un “modelo soft” al socialismo propugnado por Chávez-Evo. La “izquierda vegetariana”, como dice Lula y repiten en los círculos políticos y académicos de la potencia norteamericana, cuyos “avances” institucionales, económicos y sociales señalan otro rumbo, “menos traumático”, para la región.

En particular, se observa con atención el papel de Lula como articulador de un nuevo esquema de poder en la región donde pueda imperar un enfoque más pragmático y menos ideológico, más vinculado al desarrollo y los negocios comerciales antes que a posiciones de fondo sobre el modelo político.

Obama dijo con claridad que quiere entablar relación con todos los países más allá del color político que sus gobiernos propugnen, tal como ocurría durante la administración Bush. En ese marco, no ve malos o buenos, amigos o adversarios, sino posibles contrapartes en una sociedad de largo plazo.

Aunque la partida aún está abierta, en la capital estadounidense no ven más futuro para América Latina que la consolidación, en el largo plazo, de una opción socialdemócrata al mejor estilo Lula y que los tiempos para el radicalismo de Chávez tendrían plazos de expiración.

Por su liderazgo y su enorme capacidad para lidiar, tanto con Chávez como con EEUU, con Evo como con Europa e Irán, Da Silva aparece, en ese contexto, como un líder con una enorme capacidad de negociación en la región sudamericana y a escala global.

El factor coca

Uno de los factores clave del debate en las relaciones entre EEUU y los países andinos, en particular con Bolivia, es la coca. La “flexibilización” en la política de erradicación de cultivos y, al revés, la decisión de expandir las áreas cultivadas oficialmente de 12.000 a 20.000 hectáreas también son motivo de preocupación.

Muchos de ellos parten de reconocer que EEUU es un “país adicto”, que debe hacer más para combatir el consumo, eslabón clave para romper el negocio del “narco”. Pero la cooperación estadounidense está atada a las políticas que los países pongan en marcha contra las drogas. Por lo pronto, las baterías siguen apuntando a la lucha contra los carteles de la droga que, como en México, están planteando un desafío enorme a los Estados de la región.

El columnista de Reuters Bernd Debusmann habló con La Prensa de estos temas y señaló las debilidades de lo que él considera un “modelo injusto” que sigue poniendo énfasis en la interdicción de los productores de coca pero hace poco con las finanzas del narcotráfico en, por ejemplo, EEUU y Europa.

El reportero dijo que habría que discutir la legalización de las drogas, lo que rompería el círculo perverso de este negocio en EEUU y el mundo, y alerta de que detrás existen poderosos intereses económicos y financieros.

La cuestión de la droga está lejos de resolverse en un país donde el consumo de absolutamente cualquier bien o servicio se realiza de la forma más libre que uno pueda imaginarse. Incluso, en ciudades como Nueva York se han abierto mercados paralelos y ferias donde no rige ni siquiera el poderoso sistema de impuestos.

Es el caso de China Town, donde funcionan bancos, financieras, casas de cambio y centros de trueque en manos de poderosos comerciantes y financistas chinos que no pasan por el Departamento del Tesoro. Las ferias con productos alimenticios, las farmacias y las tiendas de abarrotes están identificadas con letras, con dólares y dinero chino cien por ciento.

Un rápido recorrido por la Gran Manzana muestra locales cerrados y personas “sin casa” que esperan una opción en la era de Obama. Si ésta llegará a ellos aún es una gran incógnita, lo cierto es que la recuperación está llegando más lentamente de lo esperado y la inconformidad va in crescendo.

Ecos desde el norte

La crisis económica cede en Estados Unidos, aunque millones se quedaron sin empleo.

La gestión Obama apenas mira al sur, empero tiene buenas relaciones con Colombia.

Para el país del norte, los conflictos en México y Honduras son preocupantes.