¿De qué vamos a vivir?


El Gobierno se queja de los indígenas porque no dejan trabajar a las petroleras. Brasil reduce su demanda de gas; habrá que importar más.

ElNuevoDia Editorial El Día

El Gobierno parió un monstruo y ahora no sabe qué hacer con su engendro. Ya lo dijo el presidente Morales no hace mucho, quejándose de la oposición de los indígenas a la explotación de los hidrocarburos en el norte del departamento de La Paz, ¿de qué vamos a vivir? Ahora es la petrolera estatal, YPFB, la que se suma a la queja y denuncia que los pueblos originarios son los que están impidiendo avanzar con las inversiones en el sector de los hidrocarburos que tanto les ha reclamado a las transnacionales.



Qué curioso es ver ahora al presidente de YPFB haciendo causa común con empresas como Petrobras, Repsol, Total y British Gas, que se comprometieron a invertir 600 millones de dólares el 2009 y apenas han conseguido ejecutar 145 millones y todo por culpa de los indígenas, dice Carlos Villegas, quien ya se ganó la reprimenda de Adolfo Chávez, el máximo dirigente de los indígenas del oriente, el que alguna vez admitió que el asunto de fondo es plata, pese a que frecuentemente, pueblos como los weenhayek, guaraníes y otros, azuzados por algunas ONGs, también apadrinadas por el Gobierno, suelen esgrimir argumentos mitológicos como el carácter sagrado de ríos y bosques para impedir la perforación de pozos y la instalación de plantas de gas.

El hecho es que gracias al empoderamiento gubernamental, el apoyo de las ONGs y la discrecionalidad en el manejo de las normas, se ha montado una verdadera ingeniería de la presión contra las petroleras, que en la mayoría de los casos se transforma en exacción.

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Ahora es más fácil que antes para las petroleras levantar las manos y hacerle una cruz a Bolivia. Al grito desesperado de Villegas en contra de la presión de los indígenas, se suma su calificación de “bastante delicada” la decisión de Brasil de reducir a 16 millones de metros cúbicos su demanda diaria de gas boliviano, justo la mitad de lo que dice el contrato. Hoy son justamente los brasileños los que proponen la modificación del convenio, después de que los responsables bolivianos hicieron el sorpresivo desafío (tildado de suicida por algunos especialistas) durante un congreso internacional celebrado en Santa Cruz. Resulta que luego de conocida la novedad, a las autoridades nacionales les faltó poco para decir que todo era en broma y han vuelto a rogarles a los brasileños que no bajen su pedido.

La decisión de Brasil es la mejor constatación de que ese país ya no necesita el gas boliviano, al menos no en la cantidad fijada por el contrato que fenece dentro de diez años. La triste realidad es que Bolivia acaba de quedarse con un mercado de gas que no llega a los 30 millones de metros cúbicos diarios, pese a que su capacidad de producción es de 42 millones.

En las actuales circunstancias, importa poco si los indígenas presionan o no para impedir las inversiones, lo importante es que no bloqueen ni cierren válvulas para impedir la llegada de cantidades cada vez más grandes de gasolina, gas licuado y diesel importados. Y para los que se han estado preguntando qué va a hacer YPFB con los mil millones que le entregará el Banco Central, la respuesta ya está a la vista. Estamos dejando de ser exportadores y ya somos grandes importadores. Y eso es con mucha plata.