La impresión causada por el presidente Evo Morales en el 2006 fue muy distinta a la imagen que ha dejado estos días en España.
Cuando Evo Morales visitó al Rey de España en enero del 2006 vestido con una chompa a rayas, el monarca le obsequió una corbata y el presidente boliviano entendió el mensaje. El lunes, cuando ambos líderes volvieron a encontrarse, el Primer Mandatario estaba más presentable que en la primera ocasión, aunque no pudo escaparse de una nueva llamada de atención de Juan Carlos de Borbón, quien le pidió reglas más claras para las empresas españolas que invierten en Bolivia. El Presidente, descolocado por el comentario, repitió la misma frase que habían oído los españoles hace tres años y medio: “queremos socios, no patrones”, premisa que, llevada al extremo, ha dejado al país sin la soga y sin la cabra en la industria del gas. Y para que vuelvan los capitales, no sólo los de España, se necesitará mucho más que las palabras de confianza que ha expresado Evo Morales en Madrid.
Habrá que ver en el futuro cercano, si los españoles le creyeron a Evo Morales, aunque ha quedado claro que la impresión que causó en el 2006 con esa humilde chompa rayada, fue mejor que la imagen causada en esta visita oficial. Una serie de descoloques pusieron al presidente ante la picota de la prensa que él tanto estima.
Las primeras críticas surgieron ni bien llegó al territorio español, donde cayó muy mal la organización de un acto de campaña electoral, donde no sólo se procedió al fichado de los asistentes, sino que hubo también encendidos discursos en contra del colonialismo de España, pese a que después, y de la boca para afuera, Evo Morales le dijo al Rey Juan Carlos que el pasado ha quedado atrás y que los indígenas no son rencorosos. Algunos se preguntan si fue sólo un gesto de cortesía, después de conocer la condonación de una deuda cercana a los 90 millones de dólares.
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Uno de los episodios más comentados ha sido el desliz verbal del Presidente, que se refirió a España como una “república”. Los españoles, para quienes esa palabrita es causante de un fuerte escozor y muy malos recuerdos, no saben que cualquiera puede equivocarse, incluso con Bolivia, donde no hay reyes ni príncipes, pero donde oficialmente se ha borrado la palabra república de la Constitución Política del Estado.
No cabe duda que entre aquella chompa y el elegante traje de alpaca con bordados andinos, muchas cosas han cambiado y la prensa internacional las ha registrado muy bien, aunque les falte el “detalle” de la modificación del nombre de Bolivia. Para colmo, el arribo de Evo Morales a Madrid, justo después de la visita de Hugo Chávez, dio la sensación de una movilización coordinada del bloque que cada vez tiene menos adeptos y más críticos en el mundo. No por nada, al Gobierno de España le han llovido críticas internas por su poco disimulada condescendencia con los regímenes que han estado debilitando el sistema democrático en América Latina. Y para mala suerte del presidente, su estadía en Madrid coincidió con la presentación del nuevo libro del escritor peruano Mario Vargas Llosa, un acérrimo combatiente del populismo en la región. El novelista, quien goza de gran credibilidad en España, el país que lo adoptó, tuvo tanto o tal vez más espacio en la prensa que la visita del mandatario boliviano y la referencia a éste fue obligatoria.