El vergonzoso papel de Lula


Thomas Friedman

*image will expire 6/9/2011 Confieso que cuando vi por primera vez la foto del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, reunido con su par brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, y con el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, todos alzando los brazos después de firmar un acuerdo que supuestamente servirá para distender la crisis con Irán, sólo podía pensar en una cosa.

¿Acaso hay algo más desagradable que ver a demócratas traicionar a otros demócratas, vendiéndolos a un matón que niega el Holocausto y fragua elecciones, sólo para irritar a Estados Unidos y demostrar que ellos también juegan en la mesa de las grandes potencias? No, eso es lo más desagradable del mundo.



"Durante años, los países no alineados y en vías de desarrollo acusaron a Estados Unidos de perseguir cínicamente sus propios intereses sin ninguna consideración por los derechos humanos", observó Karen Sadjapour, de la Fundación Carnegie. "Como Turquía y Brasil aspiran a actuar en la escena global, enfrentarán las mismas críticas que antes blandieron contra otros".

La visita de Lula y Erdogan a Irán se produjo apenas unos días después de que Irán ejecutara a cinco prisioneros políticos que fueron torturados para que confesaran. Ambos abrazaron cálidamente a Ahmadinejad como hermano, pero no dijeron ni una palabra sobre derechos humanos.

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Tanto Turquía como Brasil son democracias nacientes que han superado sus propias historias de dictadura militar. Que sus líderes apoyen y ayuden a fortalecer al presidente iraní, que usa su ejército para reprimir y matar a los demócratas iraníes (que buscan la misma libertad de expresión y de elección que ahora disfrutan los turcos y los brasileños) es vergonzoso.

"Lula es un gigante político, pero moralmente ha sido profundamente decepcionante", dijo Moisés Naím, editor jefe de la revista Foreign Policy y ex ministro de Comercio de Venezuela. Lula, señaló Naím, "ha apoyado las amenazas a la democracia en toda América latina". Con frecuencia elogia al caudillo venezolano Hugo Chávez y al dictador cubano Fidel Castro -y ahora a Ahmadinejad- mientras denuncia a Colombia, que tiene una de las historias democráticas más exitosas, porque ese país permite que los aviones estadounidenses usen los aeropuertos colombianos para combatir a los narcotraficantes.

"Lula ha sido muy bueno para Brasil, pero terrible para sus vecinos democráticos", agregó Naím.

Sin duda, si Brasil y Turquía hubieran realmente convencido a los iraníes de que acabaran de manera comprobable con su sospechado programa de construcción de armas nucleares, Estados Unidos hubiera apoyado el acuerdo. Pero no fue eso lo que sucedió.

Hoy Irán tiene alrededor de 2200 kilos de uranio de bajo enriquecimiento. Según el acuerdo, supuestamente ha accedido a enviar 1200 kilos de su reserva a Turquía para que sean convertidos en combustible para alimentar el reactor médico de Teherán, es decir, combustible que no puede usarse para una bomba. Pero ese acuerdo le dejaría a Irán unos 1000 kilos de reservas de uranio, que el país sigue negándose a someter a inspección internacional, y que puede seguir aumentando y procesando a los niveles que se necesitan para una bomba.

Legitimación

Entonces, este acuerdo hace exactamente lo que Irán quería que hiciera: debilita la coalición internacional que ejerce presión sobre Irán para que abra sus instalaciones nucleares a los inspectores de la ONU y, como premio adicional, legitima a Ahmadinejad en el aniversario del aplastamiento del movimiento democrático que estaba exigiendo un nuevo escrutinio de las fraudulentas elecciones de junio de 2009.

En mi opinión, la Revolución Verde de Irán es el movimiento más importante que ha surgido en décadas en Medio Oriente. Ha sido reprimido, pero no va a desaparecer y, en última instancia, su éxito -y no cualquier acuerdo nuclear con los clérigos iraníes- es la única fuente sustentable de seguridad y estabilidad. Hemos dedicado muy poco tiempo y energía a alimentar esa tendencia democrática, y demasiado tiempo a buscar un acuerdo nuclear.

Tal como me dijo Abbas Milani, un experto de la Universidad de Stanford: "En mi opinión, el régimen de Irán ha desplegado un engañoso juego destinado a convertir el problema nuclear en el único foco de su relación con Estados Unidos y Occidente. Occidente debería haber seguido una política doble: la de emprender serias negociaciones sobre el problema nuclear y al mismo tiempo entablar conversaciones igualmente serias sobre los problemas de los derechos humanos y la democracia en Irán".

Preferiría que Irán nunca llegara a tener una bomba. El mundo sería un lugar mucho más seguro si no tuviera más armas nucleares, especialmente en Medio Oriente. Pero si Irán llega a tenerlas, habrá una enorme diferencia si es un Irán democrático el que puede oprimir el botón y no la actual sanguinaria dictadura. Cualquiera que trabaje para demorar esa posibilidad y para promover la verdadera democracia en Irán está del lado de los ángeles. Cualquiera que apoye a este régimen tiránico y encubra sus maliciosas ambiciones nucleares tendrá que responder algún día ante el pueblo iraní.

The New York Times