Crisis en el MAS

evo_morales_consulta El partido de gobierno no es el mismo de antes del gasolinazo. La disciplina y unidad internas parecen haberse resquebrajado, al punto que las peleas entre “hermanos masistas” son la orden del día. Esto ya había quedado en evidencia cuando diversas voces dentro del oficialismo –incluyendo a un senador por Santa Cruz con cierto parecido a Sancho Panza- pidieron las cabezas de los ministros que impulsaron el fallido intento de ajuste fiscal. Pocos días atrás, la pugna entre masistas provocó el cambio de alcalde en Sucre, y otro tanto se dio en la Asamblea Legislativa Plurinacional para la votación de las vacancias en el Órgano Electoral. Ahora, le tocó al propio presidente Evo Morales ser testigo de las peleas entre oficialistas en ocasión de la entrega de un puente sobre el Pilcomayo. ¿Cuál es la cuestión de fondo? Simplemente, que es más fácil estar unidos en la victoria que en la derrota, y que, como dice el refrán, “cuando el barco se hunde las ratas comienzan a saltar del barco”. El MAS ya no es el proyecto invicto y “eterno”, invulnerable y con ínfulas de perpetuidad, sino un partido de gobierno más, con mayores probabilidades de tener que someterse tarde o temprano a unas elecciones anticipadas que de culminar con éxito el segundo mandato. Todo espejismo acaba por revelar su carácter ilusorio, y así está pasando por estos días en Bolivia, donde la demagogia populista parece haber agotado su capacidad de manipulación social.

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