Carlos Toranzo Roca
El azúcar ahora tiene un precio de 7,5 bolivianos por kilo, pero no se la encuentra en el mercado, quizás la puedan hallar en Patacamaya (22.000 quintales de EMAPA). Como en los viejos tiempos de la UDP, la gente hace inmensas colas para conseguir ese alimento. Pobres, ricos, gente de medianos ingresos, tienen que abrir el quintal entregado por EMAPA y dividirse el azúcar en plena calle, ya sea en la Plaza Abaroa, o el Stadium Hernando Siles. Ahora en ese campo deportivo ya no se beben las alegrías de los goles –también ahora escasos, Bolívar cero goles en dos partidos de la Libertadores de América-, sino se beben las amarguras de las colas para conseguir algo de azúcar. Pero, la política económica oficial aconseja consumir miel de abeja, 50 Bs. El kilo y propone que todos los bolivianos consigan sus colmenas. Pobres abejas, tendrán que viajar a Achacachi, a Oruro, a las alturas de Potosí, para hacer su proceso de cambio. Pero, si no hay miel de abeja, esa política oficial, aconseja usar Estevia. En las alturas de Wallpa cayu hay alborozo por esa idea.
El kilo de pollo ha subido en 35%, ahora cuesta 15 bolivianos, pero la amenaza es que poco a poco ya no lo surtan en los mercados porque simplemente no hay maíz para alimentar a los pollos. Las importaciones de maíz han aumentado y parece que serán necesarias más importaciones para que la carne de pollo llegue al mercado. El precio de la carne de res está por la nubes, como se dice popularmente, la pulpa tiene un precio cercano a los 36 bolivianos por kilo. Eso significa que en épocas de cambio, los pobres sólo pueden comprar hueso para hacer su caldo. Seguramente la política oficial aconsejará que en el futuro las parrilladas se hagan con carne de membrillo.
A las largas colas para comprar azúcar, se suman otras preocupaciones, el precio de la leche está por subir; en realidad el precio de la leche en polvo ya subió. La política oficial aconseja que el litro de leche se incremente en casi en 50% para los lecheros, pero que el precio final de la PIL no se modifique. Todavía no hay mucho ruido sobre los precios del cerdo, los precios de algunos embutidos están por las nubes. Stege la tradición boliviana, no es ya un producto masivo, es sólo para las elites. Es cierto el proceso de cambio, pues se ha pasado de las salchichas Stege a las salchichas Sofía o de Hipermaxi.
El pan no aumentó de precio, pero su tamaño se ha reducido, con lo cual la dieta obligada ya es un hecho. Todos los bolivianos sienten incertidumbre por la provisión de alimentos.
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Es cierto que hay una crisis alimentaria mundial, que suben los precios de los alimentos en todas partes. Pero, esa no es la única explicación para entender lo que pasa en Bolivia. Tampoco la helada es la otra explicación, no lo es tampoco la sequía. Aunque todo eso es evidente, lo cierto es que durante varios años, salvo en trigo –aunque en ese tema estamos cada vez peor-, Bolivia se fue preparando para producir sus propios alimentos. Pero, en los últimos años las señales de política han sido negativas, no contribuyeron al aumento de la inversión y de la producción de alimentos; antes bien, se ha optado por su importación para disimular la inflación.
La política dirigida a destruir el “modelo económico” cruceño y aplastar a sus “oligarquías”, no logró entender que Santa Cruz, hace años, -entre grandes, medianos y pequeños productores- es la clave de la seguridad alimentaria en el país. Los excesos ideológicos están poniendo en crisis la seguridad alimentaria y la pueden destruir. Los bolivianos requieren alimentos, eso implica que en lugar de destruir la producción cruceña, ella requiere de incentivos para invertir y aumentar la producción. Es mejor pensar en esas soluciones, y no divagar con la descolonización. No hay que perder de visa que el fideo desplazó a la papa y la quinua, -no está bien, pero es eso que constata la realidad-. No hay que cerrar los ojos y mentirse creyendo que la producción de la economía campesina es la clave de la producción de alimentos, la realidad es otra, la mayoría de los alimentos se producen en Santa Cruz, ya no en el altiplano.