The Economist: Bin Laden murió, pero su amenaza sigue viva

OSAMA Despertado por el ensordecedor ruido de las aspas giratorias, Haji Bashir Khan trepó a la azotea y miró, bajo un cielo cálido y sin luna, a medida que las fuerzas especiales estadounidenses tomaron por asalto el complejo de su vecino.

"Sí, estábamos asustados. Aquí no tenemos terrorismo", dice el propietario de un restaurante, de mediana edad. Escuchó disparos y gritos, luego sintió una explosión cuando un helicóptero que había caído fue destruido. La detonación hizo estallar la ventana de su dormitorio y diseminó pedazos chamuscados del helicóptero en un campo de trigo cercano.

Khan y otros en Abbottabad, una ciudad que es sede de una guarnición al Norte de Islamabad, dijo que la operación que mató a Osama bin Laden, duró unos 40 minutos. En la Sala de Situación de la Casa Blanca, donde Barack Obama y su equipo se reunieron para mirar los informes en desarrollo, pareció que duró mucho más tiempo. Al final -en las primeras horas del 2 de mayo, hora de Pakistán- los Seals de la Armada estadounidenses dispararon y mataron al hombre que planeó el asesinato de casi 3.000 personas, el 11 de septiembre de 2001, y que se convirtió en el líder simbólico de la yihad global contra Occidente.

El gobierno de Pakistán, preparándose para la ira pública y ataques de venganza, declaró sombríamente que fue tomado por sorpresa por el operativo. Mucho más difícil de tragar son sus afirmaciones de que los torpes espías paquistaníes no tenían idea de que Bin Laden no había estado, probablemente durante años, en una cueva remota en la frontera con Afganistán, sino mecido en los brazos de generales retirados y en actividad en un agradable poblado al borde de unas colinas. Prefiere declararse incompetente, debido a que admitir una alternativa es mucho más doloroso: que el directorio del Servicio de Inter Inteligencia (ISI), o elementos descarriados en su ámbito, habían encubierto a Bin Laden durante mucho tiempo, y que los líderes paquistaníes consintieron que fuera muerto, si es que realmente lo hicieron, a último momento.

Esa parece, para muchos, la explicación más probable. La prolongada estada de Bin Laden, con muchos de sus parientes que llegaron desde Yemen, requirió una red de ayuda. El hecho de que tuviera relativamente pocos guardias en el lugar, también sugiere que confiaba en otros para su seguridad. Los ciudadanos comunes de Abbottabad, habitualmente, tienen que mostrar sus documentos de identidad.

Desde que eludió a sus perseguidoras en las montañas de Tora Bora, en Afganistán, en noviembre de 2001, la capacidad escurridiza de Bin Laden ante los esfuerzos de Estados Unidos por encontrarlo, ha inspirado a muchos yihadistas en todos lados. En el campo atestado del terrorismo islamista, también preservó a Al Qaeda, su organización extendida, como la marca líder.

Sin embargo, hubo y hay muchas fisuras en la aparentemente audaz fachada. De acuerdo con algunos observadores, Al Qaeda está bajo severa presión: más chica en número de integrantes de lo que ha estado en años, con restricción de dinero y mucho menos capaz de llevar a cabo grandes operaciones contra el "enemigo lejano" en Occidente (en contraposición con el "enemigo cercano", como habitualmente define a los estados musulmanes corruptos). En Medio Oriente, en particular, la estrella de Al Qaeda ha estado menguando desde hace tiempo.

La muerte de Bin Laden lo demostró. Si bien los diarios a lo largo de la región desplegaron la noticia en sus primeras páginas, y los programas periodísticos de la televisión siguieron hasta el amanecer analizando las implicaciones, el interés se esfumó rápidamente. Al margen de algunas odas al martirologio difundidas por oscuros sitios web yihadistas, y algunas altivas quejas de que la inhumación de Bin Laden en el mar ofendía la tradición musulmana, casi no fue derramada ni una lágrima.

Ni Bin Laden ni Al Qaeda nunca tuvieron sostenido atractivo para la mayoría de los árabes y musulmanes. Para muchos, fue una plaga y un criminal, responsable no solo de miles de muertes, sino también por dar notoriedad a los musulmanes en todas partes. Otros lo consideraron como una figura romántica y desafiante, un hombre que, pese a la evidente brutalidad de sus métodos, abrigaba la buena intención de liberar a los musulmanes de la tutela occidental. Sin embargo, para muchos de sus admiradores, la emoción de ver la cola del león estadounidense violentamente arrancada de un tirón, demostró ser efímera.

Golpeados

A medida que transcurrió el tiempo, resultó evidente que las metas de la yihad de Bin Laden -especialmente liberar a las tierras musulmanas de los ocupantes infieles- seguían estando lejanas. Por el contrario, su beligerancia fue la excusa para más profundas transgresiones a los límites en Irak y Afganistán, fortaleció el respaldo occidental a aliados musulmanes en la guerra contra el terrorismo, y amplificó las divisiones musulmanas, tales como las que existen entres sunitas y chiítas. Aun antes que el surgimiento de las revueltas populares diera vuelta la política regional, Al Qaeda se había esfumado hacia la marginación. Los acólitos de Bin Laden solo prosperaron en zonas remotas y donde no rige la ley, como son las montañas de Yemen y Pakistán, los desiertos del Sahel y las comarcas yermas en Afganistán e Irak, donde lo que las sostuvo fue la resistencia a las invasiones extranjeras que ellos habían ayudado a provocar. El constante asedio de las fuerzas de seguridad mantuvo a los líderes escondidos, con creciente imposibilidad de comunicarse entre sí y con el mundo.

Como consecuencia, el núcleo central de Al Qaeda, definido en términos generales como los remanentes de la organización que liderada por Bin Laden y su segundo egipcio, Ayman Al Zawahiri, encontraron refugio en las áreas tribales de Pakistán después de su expulsión de Afganistán se encuentran en un pobre estado. El creciente número de ataques con misiles por aviones teledirigidos de la CIA contra sus campos en Waziristán Norte, han tenido éxito al matar a muchos combatientes y comandos de Al Qaeda, en los últimos dos años. Esos ataques han sido tan eficaces (al menos desde el punto de vista militar, aunque reciben el rechazo de los paquistaníes comunes, quienes con frecuencia terminan como víctimas no intencionales) que han llevado a algunos comandantes de Al Qaeda a matarse unos a otros, convencidos de que fueron traicionados desde adentro.

Tienen tanto temor de que sus comunicaciones sean monitoreadas, que dejan tirados teléfonos móviles sin tarjetas, los que son encontrados cubriendo los terrenos en torno de campos de Al Qaeda y los Talibán. De acuerdo con fuentes de inteligencia, Al Zawahiri desapareció totalmente a fines de 2009, y no ha oído nada de él desde entonces. Los aviones teledirigidos también recogen enorme cantidad de información en tiempo real, lo que ha permitido al general David Petraeus, el comandante de la coalición en Afganistán, usar a fuerzas especiales para atacar bases de los Talibán y Al Qaeda, a veces, casi todas las noches. Estimaciones recientes sugieran que el número de miembros activos de Al Qaeda en Afganistán y Pakistán es ahora apenas un poco más de 200, además de los combatientes extranjeros que vienen y van.

Mutación

Ha declinado el número de amenazas terroristas identificadas por las agencias de inteligencia occidentales como provenientes de la región, aunque en la medida en que podía esperarse. Hace unos años, más del 75% de las amenazas de originaba en el Sur de Asia. Ahora se dividen casi equitativamente con el resto del mundo. Sin embargo, la red Al Qaeda ha demostrado tener una ventaja: su habilidad proteica de adaptarse a las circunstancias.

Otro resultado de la presión concentrada en el corazón de Al Qaeda ha sido su mutación de una organización de pirámide jerárquica, como lo fue en 2001, a lo que Leah Farrall, autor de un blog de contraterrorismo, describe como "una red con jerarquía transferida, en la cual los niveles de autoridad de comando no siempre son claros, los vínculos personas entre los militantes tienen peso y, a veces, trascienden a la estructura de comando entre el corazón de Al Qaeda, sus ramificaciones y franquicias". En este modelo, el liderazgo central está relevado, en gran medida, de las responsabilidades operativas directas, la que es transferida a las ramas y franquicias. En cambio, el núcleo central ejercita el comando y control solo de la estrategia y la ideología.

Dudas

La especulación de que Al Qaeda querrá lanzar un ataque desenfrenado para vengar a su líder caído, puede no ser correcta. Una de sus características es la paciencia: la implementación de planes de largo alcance pueden requerir años, y activar de manera prematura a las células durmiente para ataques aislados, puede desperdiciar activos valiosos. Es más probable que los próximos ataques, cuando se produzcan, simplemente serán rotulados como justo castigo por la muerte de Bin Laden. A más largo plazo, sin su prestigio unificador, la red podría desperdigarse aún más. Eso hará más difícil la tarea de los servicios de inteligencia occidentales.

Seguramente le resultará más difícil a Pakistán, donde el gobierno y especialmente el servicio de inteligencia, ahora aparecen humillados. Los halcones de la India se mofan de que nunca más se podrá confiar de su enconado rival. Los congresistas estadounidenses más vociferantes quieren que se elimine del presupuesto la asistencia civil y militar por US$ 3.000 millones a Pakistán.

Asustados, los paquistaníes ya advierten a los estadounidenses que no consideren más operaciones. Pero, es claramente una tentación. Un objetivo próximo obvio sería el Molá Omar, el líder talibán afgano que envejece. Se acusa al servicio de inteligencia de Pakistán de protegerlo.

Algunos teóricos de la conspiración temen que los estadounidenses ahora vayan tras el arsenal nuclear que tienen los paquistaníes.

Cualquier presión occidental sobre Pakistán será calibrada teniendo presente la guerra en el vecino de al lado, Afganistán. No resulta claro cuánto desafío habrá después de haber decapitado a Al Qaeda. Los optimistas ven rayos de esperanza: por ejemplo, esperan que Estados Unidos empuje a Pakistán a comenzar su largamente aplazada campaña contra la red Haqqani, que ataca a las fuerzas occidentales en el Este de Afganistán, desde bases en Pakistán.

Si los talibán más poderosos aceptan que Bin Laden murió, pueden sentirse relevados de su código de honor Pashtunwali sobre protección de los invitados y abandonen sus vínculos con Al Qaeda. Una exigencia occidental para que lo hagan ha sido el mayor obstáculo a las planeadas conversaciones de paz. Tan importante resulta que los talibán, por sí mismos, puedan sentirse llevados hacia esas conversaciones, por temor a que esté en peligro el apoyo que reciben desde dentro de Pakistán.

Por no está claro que ahora los talibán se vuelvan más amigables y que esas conversaciones avancen mucho. Los líderes talibán verán si la muerte de Bin Laden suaviza la ya declinante voluntad de lucha de los occidentales en Afganistán y si se afianzan los planes para retirar a muchos de los soldados en los próximos tres años.

Muchos estadounidenses desean con fervor que así ocurra. Después de casi diez años sangrientos, la guerra en Afganistán es impopular, especialmente en el partido de Obama.

Por ahora, hay pocas evidencias de que el Presidente vea las cosas así. La palabra oficial de la Casa Blanca y del embajador estadounidense en Kabul es que la OTAN todavía tiene mucho trabajo duro por hacer antes de entregarle la guerra al gobierno y ejército afganos, como está planeado para 2014. Bajo el plan actual del Presidente, la Casa Blanca comenzará una revisión de la guerra en las próximas semanas, que será seguida en julio del comienzo de la retirada de algunos de sus 100.000 soldados en Afganistán. El número exacto dependerá del resultado de la revisión.

Por un lado, el ataque a Abbottabad ha dado a Obama un auge inmediato de 17 puntos porcentuales en las encuestas, según el Centro de Investigaciones Pew. Pero, Obama seguramente se cuidará de no hacer nada que pueda dilapidar su nueva estatura de poderosos guerrero contra los enemigos de Estados Unidos.

La semana que culminó fue triunfal en la lucha contra Al Qaeda. Sin embargo, el éxito de la audaz operación en Abbottabad ha suscitado una serie de interrogantes sobre la propia operación y los detalles de la muerte de Bin Laden, que el gobierno de Obama decidió mantener ocultos en parte, al no difundir las fotos de su cuerpo, para evitar agitar a quienes le apoyaban.

Sin embargo, el interrogante más importante se refiere a la forma que tomará ahora la yihad global. Al Qaeda puede estar, de varias maneras, en retirada, pero está lejos de ser derrotada. Logró adaptarse antes y sigue cambiando. Un movimiento que valora el martirologio no dejará desperdiciar las oportunidades propagandísticas que da la muerte de su líder. En efecto, el valor de Bin Laden como sargento para reclutar a jóvenes musulmanes desafectos, puede ser aún mayor en la muerte que en la vida.

The Economist