Manipulando a los movimientos sociales

Agustín Echalar Ascarrunz

agustin_echalar En los últimos días, el del TIPNIS ha dejado de ser un tema relacionado a la construcción de una carretera que cruzará un parque nacional, para convertirse en un asunto de alta política, de conspiración internacional, y’ de violación a la privacidad de las personas.

El Gobierno, con listado de telefonemas en mano, ha denunciado a los cuatro vientos que dirigentes campesinos del CIDOB y del Conamaq hubieran estado en conversaciones nada menos que con la embajada norteamericana. Ha inferido a partir de ese dato que la marcha estaría financiada y promovida por el imperio. En el camino, altos funcionarios del Estado han confesado haber hecho prácticas reñidas con la ley y es que no sólo han violentado la privacidad de personas que no tenían por qué ser investigadas, al pedir a las empresas telefónicas los listados en cuestión, sino también al momento de hacerlos públicos.

Ha quedado claro para los dirigentes campesinos que están siendo controlados que hay un “gran hermano” que puede enterarse de cada paso que dan; es que si se oponen mínimamente a las decisiones que tome el Gobierno, serán considerados enemigos. Ningún plumaje exótico, ninguna pechera de jaguar podrá librarlos de ser considerados traidores, abyectos servidores del imperialismo y, eventualmente, aunque no haga sentido, “racistas”.

Los indígenas y sus derechos ya no son una de las razones de ser del proceso de cambio; ahora son un estorbo, algo más que una piedra en el camino.

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Para colmo, a fuerza de convertir a los contestones indígenas del TIPNIS en simples marionetas de los gringos, lo que están haciendo los dirigentes del MAS es deslegitimar su propia fuente de poder. Es muy posible que detrás de la marcha, de la movilización, haya una mano negra, porque es evidente que movilizar a gente, sólo por convicción, es relativamente difícil. Se requieren dotes y algo más para manipular a la gente, vale decir, se les tiene que dar una versión tremendista del asunto, algo así como que la supervivencia de todos los animales de la selva amazónica depende de que no se haga la maldita carretera, y eventualmente hay que dar un incentivo, tanto a las bases, como a algunos dirigentes.

Pero aquí está lo interesante, cabe preguntarse si las movilizaciones que llevaron a Evo al poder no implicaban similares mecanismos. Tuve la oportunidad en el año 2000 de vivir de cerca el bloqueo del Titicaca, organizado por Felipe Quispe; allí, la gente estaba convencida de que el Gobierno de Banzer pretendía privatizar el lago, y que en el futuro no dejarían a los ribereños ni acercarse al agua, menos sacar un pececito’ Ante semejante perspectiva obviamente la población se unió contra tan nefasto plan y bloqueó la carretera durante 19 días, ahuyentando un peligro que jamás existió.

No olvido tampoco ya en plena era evista, durante una manifestación contra la embajada americana en junio de 2008, la repartija de fichas que hubo entre los manifestantes. Lo vi, como dicen: “con mis propios ojos”.

Lo que están haciendo los masistas es mostrar, en forma convincente, que los movimientos sociales no son confiables, que la gente es manipulable, que se la puede usar, que la voluntad del pueblo expresada en las calles no es tal, que la llamada democracia directa o radical es una farsa y que ellos son unos brillantes titiriteros.

Página Siete – La Paz