El TIPNIS y el modelo estatista burocrático

Bernardo Corro Barrientos

BERNARDOCORRO_thumb La represión contra los indígenas del TIPNIS revela no sólo la capacidad gubernamental de violar su propia Constitución Política del Estado (2009), sino también el trasfondo de los intereses económicos y sociales de la elite burocrática en el poder, así como la naturaleza de su modelo estatista burocrático.

El modelo que la elite implanta (“las bases del socialismo”), ya fue anunciado en el viejo Plan Nacional de Desarrollo (PND) de mayo de 2006 y reconfirmado ahora, pese a su fracaso, en la Revista Economía Plural del Ministerio de Economía y Finanzas (septiembre 2011). El modelo económico consiste en “redistribuir los excedentes” generados por los “sectores estratégicos generadores de excedentes”, en manos del Estado, como hidrocarburos, minería, electricidad y recursos ambientales, hacia los sectores “generadores de ingresos y empleos” de la industria, el agropecuario, el turismo y otros.



El Estado sería el factor estratégico, ya que “tiene que ser todo, planificador, empresario, inversionista, banquero, regulador, productor del desarrollo”. Con este objetivo, el Estado debe asumir “el control de los recursos naturales de los sectores estratégicos, para beneficiar a los bolivianos en lugar de las empresas transnacionales”.

El modelo no busca, por consiguiente, el desarrollo equilibrado de los diversos sectores como el industrial, agropecuario y de servicios, sino el desarrollo “prioritario” del sector estatal. En este desequilibrio radica la base del poder económico, social y político de la elite burocrática.

Ante el fracaso de las políticas económicas gubernamentales durante cinco años, la explotación del TIPNIS reviste en adelante un carácter estratégico y vital para el fortalecimiento del poder económico de la elite burocrática y la consolidación de su modelo. La construcción de la carretera por la transnacional brasileña OAS permitiría que las empresas transnacionales Petrobras, de Brasil; Total, de Francia, y PDVESA, de Venezuela, exploten las riquezas petrolíferas del corazón del TIPNIS.

Ante el fracaso de la empresa nacional YPFB de “generar excedentes”, las empresas transnacionales asumirán en adelante ese papel en beneficio de la elite burocrática. La alianza subordinada con las empresas transnacionales permitiría a la elite efectuar de manera “filantrópica y caritativa” las “redistribuciones de excedentes” a la población, para que ésta, en “reciprocidad”, le exprese su lealtad y sumisión.

Los altos dirigentes de la elite refiriéndose al proyecto transnacional afirman: “La construcción de esta carretera significa progreso para todos los bolivianos y miles de empleos que nos van a beneficiar” (Héctor Arce Zaconeta, 12/07/2011). Algunos analistas “críticos” creen también superficialmente que el objetivo sería algún “desarrollismo”.

Si el objetivo fuese el desarrollo, el Gobierno debería apoyar “prioritariamente” al desarrollo simultáneo de las empresas medias y chicas de la industria, de la agricultura y de los servicios, donde se encuentra la mayor parte del empleo y que cubre la mayor parte del territorio nacional. El modelo burocrático fortalece sólo a los sectores extractivos de “enclave”, caracterizados por no generar empleo e ingresos para la mayoría de la población, excepto “excedentes” para la elite mencionada.

Seis años de estatismo burocrático (2006-2011) dieron resultados lamentables. El sector estatal con su lema “exportar materias primas o morir” se encuentra en estado calamitoso. La política de los “bonos sin generación de empleo” contribuye a estimular sobre todo las importaciones y el contrabando de alimentos y de bienes de consumo, pero destruye a la pequeña y mediana empresa y a los campesinos. El crédito y el microcrédito, la palanca financiera del modelo, sólo reproduce el estancamiento de las empresas.

Con tal de lograr sus intereses la elite es capaz de utilizar cualquier medio ilícito, como en los casos de las oligarquías burocráticas de Cuba, Libia y la Alemania Nazi.

Página Siete – La Paz