Nuestro territorio

Ismael Schabib Montero*

Vicealmirante Ismael Schabib El territorio es uno de los principales componentes básicos del Estado al igual que la población, sólo que el territorio no se reproduce y la población sí. Es la base física donde habita la población y dentro de cuyos límites ejerce el gobierno su autoridad, es el espacio que proporciona a la población sustento y protección, le ofrece la potencialidad de desarrollo y seguridad. Es el fundamento donde se construye el hogar nacional.

El territorio boliviano es variado, como son variados otros por donde pasa la cordillera de los Andes, como el peruano, ecuatoriano, colombiano, el venezolano, este último con menor impacto orográfico que los anteriores, el caso ecuatoriano tiene similitudes con el boliviano, Quito la capital, es andina y Guayaquil, se ubica en las tierras bajas de la costa.



En la división política de un país, como la de Bolivia, se consideran departamentos, provincias y cantones para facilitar su administración, pero no significa que cada departamento o provincia sea dueña de su espacio, el espacio territorial es de todos en general y de nadie en particular, un beniano puede adquirir terrenos y tierras en Potosí y un potosino, con el mismo derecho, puede adquirir terrenos para hacer su vivienda en el Beni, tierras para desarrollar alguna actividad agrícola, ganadera etc. Pero el territorio es indivisible, es uno sólo, un país o Estado, puede fracturarse si divide su territorio, es peligroso. Los conceptos de terreno, tierra y territorio son diferentes. Bolivia enfrento varias guerras para defender su territorio, no tierras ni terrenos.

El sentimiento de pertenencia por el suelo nace con el tiempo, por la identificación del ser humano con el medio ambiente, por desarrollar actividades en la vida diaria, cuando se comparten logros y vicisitudes, anhelos y frustraciones, especialmente cuando los antepasados han sido enterrados en el lugar. Este sentimiento se desarrolla por lo nacional y lo regional.

Modernamente y con el propósito de preservar el ecosistema, el equilibrio ecológico, los países han creado parques nacionales en sus territorios, reservas ecológicas, que se han declarado intangibles, sinónimo de sagrado, intocable y no parece malo que como en el caso del TIPNIS los oriundos del lugar, los originarios, por el sentimiento de pertenencia que tienen, sean los celosos custodios de esa intangibilidad. En el caso que nos ocupa, se empiezan a ver los resultados positivos cuando los susodichos están demostrando en los hechos que son los centinelas que quieren evitar que los depredadores narcocaleros sigan con su avance maligno, la marcha que hicieron desde Trinidad a la ciudad sede del gobierno, reclamando respeto a la ley y pidiendo justifica, caminando durante más de 60 días, sufriendo las inclemencias del clima, pero principalmente soportando la represión y el acoso asesino del gobierno racista, ya es un hito en nuestra historia.

Pero se debe estar atentos para que esta sana intención no sea un motivo para que los originarios se mantengan alejados de la salud y la educación, tratados como seres en extinción, metidos en una burbuja, se supone que como en cualquier parte del territorio nacional deben contar con establecimientos educativos en todos los niveles y con los centros de salud que el caso aconseje, cumplir el rol de custodios de los parques nacionales no tendría que ser motivo para que se los prive del uso de la tecnología, en beneficio de la eficiencia en la custodia de esos territorios y de una mejor calidad de vida.

Tampoco debiera ser motivo para que los parques nacionales se conviertan en quistes independientes, en territorios internacionales, alentados por extranjeros, Luís Gálvez, nos dio una lección en el Acre que no se debe repetir jamás.

Se otorgan terrenos para construir viviendas, tierras para la industria, agricultura y ganadería, la totalidad del territorio es del Estado y el Estado somos todos, por eso se dice el territorio boliviano.

*Vicealmirante de la República de Bolivia