Actuando contra la propia convicción

Agustín Echalar Ascarrunz*

agustin_echalar_thumb A algunos bolivianos les sale el patriotismo de sólo ver flamear la bandera tricolor, otros se conmueven cuando la Selección nacional empata con la Argentina, aunque eso no logre sacarla del último lugar entre los equipos futboleros de Sudamérica, a otros les saltan las lágrimas escuchando el himno nacional, y existen inclusive los que se estremecen con esa penosa composición titulada Viva mi patria Bolivia, a mí me sale el orgullo nacional cuando visito el Archivo de Sucre, lo he hecho acompañado de gentes de otros países, y he visto cómo se quedaban con la boca abierta, y es que el Archivo Nacional es un resumen de buenas cualidades, es una combinación de trabajo serio, moderno y eficiente, con la preservación posiblemente de la parte más importante de nuestro patrimonio.

No hay en Bolivia tesoros artísticos ni arquitectónicos que tengan una gran relevancia, si se perdieran, por la negligencia del hombre o debido a una catástrofe natural, sería una pena, pero nos podríamos conformar con el trillado dicho de que “son sólo cosas materiales”, pero si el Archivo de Sucre se perdiera, ahí se perdería el más importante de nuestros tesoros y la parte más tangible de nuestra memoria. Tener un archivo bien administrado, entre otras cosas, alejado del sórdido mundo de los políticos, ha sido pues un gran logro nacional y Marcela Inch ha sido figura clave, durante una década, de esta buena historia, por eso es que indigna el que su carrera haya sido interrumpida de una manera tan abrupta, la han echado de un puntapié.



Pero más allá de la injusticia cometida contra esta mujer que tan bien ha servido al país, me ha conmovido la carta de despido que doña María Luisa Soux, directora ejecutiva de la Fundación Cultural del Banco Central, le ha enviado, en ella, reconociéndole todos los méritos profesionales, y su gran labor, le da el puntapié aduciendo que son (sin)razones ajenas y presiones externas las que han llevado al directorio de la fundación a echarla de su cargo.

Quepa preguntarse, y no sólo respecto a la signataria de la carta, sino de los miembros del directorio de la fundación, ¿dónde está su valor civil, y su sentido de rectitud?, ¿no debían oponerse a que se cometa una injusticia, es más, a cometerla ellos mismos? El reclamo es porque en primer lugar eso se espera de gente notable que precisamente es parte de un directorio de tan alto rango. Creo que hay gente valiosa en ese directorio y creo que María Luisa Soux también lo es, y eso es lo que más me angustia, porque pone en evidencia la dinámica perversa del poder.

¿Qué lleva a personas de buena índole a actuar tan mal?, ¿lo hicieron sólo por cuidar su propia pega?, o tratemos de verle el lado amable, ¿optaron por hacer concesiones, para salvar, ante el autoritarismo, lo poco que se pueda salvar?, de hecho el nombramiento de Ana María Lema en reemplazo de Marcela Inch da la impresión de ir en ese sentido.

Cuando un régimen comete injusticias, no actúan solamente sus cúpulas perversas, sino al enmarañado juego de intereses pequeños, de mezquindades despreciables y de personas que a veces hasta por motivos bien intencionados se convierten en los “ejecutores voluntariosos” de las injusticias de estos regímenes.

*Operador de turismo

Página Siete – La Paz