Luchas por el poder y medios de comunicación

Diego Arrázola Mendívil

DARRAZOLA “En tres semanas hemos hecho renunciar a tres presidentes. Nosotros tenemos más fuerza que el grupo oligárquico de Santa Cruz. Ellos en enero no pudieron tumbarlo al Mesa, nosotros en tres semanas hemos tumbado a tres presidentes. Somos malos para poner presidentes pero buenos para tumbarlos y para saber quién manda aquí”.

Esto afirmaba el actual presidente del Estado Boliviano, Evo Morales, en ese entonces líder sindical, en un ampliado cocalero realizado después de la posesión de Eduardo Rodríguez Veltzé, el 19 de junio de 2005.



Se refería a los distintos grupos de poder, mostrando que ellos -los sindicatos cocaleros- eran quienes tenían el “control” del Estado, recalcando la lucha con el grupo “oligárquico” del departamento de Santa Cruz.

Sin embargo, cabe preguntarse si los sindicatos son más incluyentes que la “oligarquía cruceña”. Pienso que ambos son igual de excluyentes, puesto que velan por sus visiones y objetivos más no por los de la sociedad, en vez de colaborar al ejercicio de una democracia real, sana y participativa.

Con discursos como el arriba citado se muestra que ahora no son los militares quienes toman el poder sino los sindicatos a partir de sus intereses, que en la mayoría de los casos no son los de todo el país.

Lo que hacen es, como decía Foucault, “Producir la verdad desde el poder que la exige”. En ambos casos existen grupos de poder: uno sindical y el otro llamado oligárquico -probablemente empresarial-, que “producen su verdad”, beneficiándose a sí mismos pero no a la población en general, una mayoría conformada por clases sociales con más o menos recursos, con mayor o menor información, pero vulnerables al bombardeo mediático, inconscientes del poder que tienen los ciudadanos de a pie con el voto que delega poder.

Otro punto a destacar es el hecho de que la población muchas veces no conoce sus derechos para con los medios de comunicación, que dan voz a los sin voz.

Un dato curioso a destacar tras la represión a los marchistas defensores del TIPNIS por parte de la Policía, que depende del jefe de Estado -el presidente-, fue la conferencia de prensa de Álvaro García Linera, en la que catalogó a ciertos equipos periodísticos, como Erbol y Página Siete, de ser medios de comunicación de oposición.

Ante esto, la red Erbol manifestó que “Cuando Evo Morales era, por ejemplo, dirigente cocalero, nosotros abrimos nuestros micrófonos a todas las opiniones y a todas las informaciones del señor Morales, en cumplimiento de la misión de dar la palabra a los excluidos. Lo propio hicimos con el vicepresidente Álvaro García Linera, quien ha sido invitado a las asambleas de Erbol como analista y comentarista, y su opinión fue difundida por las emisoras Erbol, porque creíamos que lo hacía bien. Había sido víctima del sistema, estado en la cárcel detenido por ser parte de un grupo guerrillero, y Erbol cumplió su misión de dar la voz a los marginados. Lo propio estamos haciendo ahora, es exactamente lo mismo: denunciamos el abuso de un Estado, de un gobierno represor. Entonces, Erbol trabaja en su misión”.

La ética periodística es la que formará ciudadanos críticos. Pero muchas veces los lectores no conocen sus derechos. Me pregunto, por ejemplo, qué tan fácil es conseguir un manual de estilo de prensa, que es donde podemos ver los derechos del lector, las formas de quejarse y demás. Necesitamos medios más sensibles y conscientes con la sociedad.

Otra cita polémica, que muestra la falta de coherencia entre las palabras y los hechos, es la declaración del presidente Morales durante la XV Cumbre del Cambio Climático en Copenhague, Dinamarca, el 17 de diciembre de 2009: “Hemos llegado a la conclusión, queridos presidentes, delegaciones que están presentes acá, que en este milenio es más importante defender los derechos de la madre tierra que los derechos humanos”. Sin embargo, en Bolivia no se respetaron ni los derechos humanos ni los de la madre tierra, con en el caso del TIPNIS. Los reprimidos de ayer son los represores de hoy.

Me atrevo a afirmar que existe un abuso de poder por parte del Estado. Censurando en unos casos y desvalorizando en otros, el abuso de poder engloba la falta de respeto a distintos sectores y el sentimiento de superioridad de una cultura sobre otras. Recordemos la polémica introducción de la whipala en Santa Cruz o el planteamiento de Evo Morales en Santa Rosa, el 14 de junio de 2009, cuando pidió que en cada concentración a la que asistan las organizaciones sociales del departamento sea suprimida la frase “La España grandiosa” cuando sea entonado el Himno de Santa Cruz.

“Cómo vamos a gritar ´España la grandiosa`, cuando España ha sido nuestro saqueador, nuestros invasores, los que nos han sometido”, dijo el presidente.

Parece que lo único que cambiaron fueron los actores, puesto que ahora se sigue saqueando pero es el Estado quien lo hace.

Si surgen nuevos liderazgos con intenciones de cambiar el país, unificándolo para que los ciudadanos sean parte de una nación sana, productiva y participativa, esto debe basarse en el respeto y revalorización de todos los bolivianos.

“Estaremos mejor que Suiza en diez o veinte años”, afirmó el presidente Morales tiempo atrás. ¿Será esto una realidad? Pues depende de los ciudadanos, de su conciencia colectiva y empoderamiento, el dar un nuevo rumbo a nuestro país, donde todos seamos bolivianos sin distinciones de unos sobre otros.