TIPNIS verde vs. TIPNIS blanco

Daniel A. Pasquier Rivero

daniel-pasquier El monstruo de la “derecha” aparece por todas partes en la afiebrada interpretación oficial de los conflictos que vive el país. Con escenarios distintos, a miles de kilómetros, con actores de todas las razas, clases y colores, los reclamos diversos pero, todos con la característica de su radicalización en aumento y sin la respuesta de un gobierno, que no aparece. Todo son pretextos, argumentos esquivos o falsos. Y reclaman no ser responsables de nada. La respuesta es obligada: Uds. son responsables desde hace seis años de la conducción de la administración del Estado. Si lo han hecho bien o mal es otro cantar.

Lo del complot de la derecha no se sostiene. En Potosí son cívicos, población rural y capitalina. Todos desengañados por las promesas incumplidas, y que fueron arrancadas a regañadientes, porque Evo Morales no cede nada en base a racionalidad sino por la fuerza. Otra vez a los bloqueos y a los paros. Tienen experiencia. Conocen bien al MAS, votaron por él y sus principales autoridades pertenecen al partido. Siguen siendo uno de los pueblos más pobres de éste pobre país.



En Oruro juegan a la tuja; hoy con los hermanos potosinos, mañana no, preferimos con el ministro de la Presidencia, ese es más cuco; sabe cómo mirar con un ojo para un lado y con el otro hacia el contrario. Formará comisiones, distribuirá mesas de trabajo, dará largas al asunto y al final dejará constancia del esfuerzo del ministro llamando al diálogo, al que no respondieron las partes. Mientras sigue el contrabando a sus anchas, distraídos con el problema de límites, quizás ya ni recuerdan las promesas del nuevo aeropuerto, las carreteras y el museo en Orinoca.

Tarija tuvo una vez un plan con visión para desarrollar en base a la autonomía departamental la industria del gas y los hidrocarburos; convertir las regalías en regadíos para cambiar el paisaje de sus tierras áridas y acoger migración con vocación de trabajo. La gobernación cayó en manos del MAS tras la traición de algunos ambiciosos y una maniobra judicial contra el gobernador legítimamente elegido por voto directo y popular. De todo eso sólo queda la pugna por la repartición de las regalías, pugnas internas extendidas también con Chuquisaca, otra gobernación en poder del MAS.

En Cochabamba las autoridades en flagrante delito de “sedición” organizan la resistencia a la Ley Corta que protege al TIPNIS. Lo más aberrante. El presidente del Estado falta a sus principales atribuciones constitucionales, Art. 172 de la CPE: 1. Cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes; 2. Mantener y preservar la unidad del Estado boliviano. Su discurso y su frenético accionar de las últimas semanas llama a desobedecer la Constitución y las leyes en cuanto al respeto a los derechos de los pueblos indígenas, y pone en riesgo de enfrentamiento a los bolivianos. Todas son autoridades del MAS. El conflicto campesino – indígenas está promovido por el mismo gobierno.

¿Será que todo el gobierno está infiltrado por la derecha y los neoliberales? Según el Vice todo responde a una estrategia para derrocar al “indio”. Esto nadie lo cree, pero él sí. Perteneciendo al primer círculo de poder, los que toman las decisiones junto a los cocaleros, ¿estarán también a órdenes de USAID o del imperialismo? No se sostiene. Los antecedentes del presidente, como presidente de las federaciones de cocaleros, y los del Vice, K´ananchiri su nombre de guerra, no apoyan la tesis. Es más coherente interpretar que todos los conflictos en el territorio nacional responden al descontento acumulado de la ciudadanía ante la falta de gestión de este gobierno. Gente que apoyó al partido de gobierno en un principio, y que puede seguir apoyando el “proceso de cambio”, ve y cuestiona los resultados, lejos de las matemáticas habituales del Vice. El 53% de rechazo de la ciudadanía a la gestión es demostrativa; rechazo que se mantiene por casi un año, en especial desde diciembre 2010 con el gasolinazo, aún pendiente. Objetivo y cuantificable son el apoyo masivo a la causa indígena en la defensa del TIPNIS y la victoria con el 60% de votos nulos y blancos, aparte del alto abstencionismo, contra la convocatoria “inédita” a las elecciones de magistrados “preseleccionados” por el gobierno para el nuevo Órgano Judicial.

No sirven las referencias ni las diatribas contra los colonizadores del siglo XV. Ni afirmar que Huascar y Atahuallpa se pelearon por intriga de los españoles. Los verdaderos enemigos de Bolivia en el siglo XXI son los neocolonizadores, los sembradores de coca con ropaje de campesinos. Por encima de pueblos indígenas originarios, atropellando la voluntad de la mayoría mestiza del país que se esfuerza por dedicarse a actividades legales, destruyen las bases de un incipiente desarrollo industrial en el sector agropecuario, forestal, ecoturístico, e introducen la confrontación y la violencia como arma para ejercer e imponer su poder. Las llamadas “tensiones” de la revolución son cuentos; son conocidos instrumentos de mafias en otras latitudes desde hace mucho tiempo. Son las tensiones en la construcción del nuevo imperio del narcotráfico.

¿Qué dice Evo sobre Misicuni? Nada. Un proyecto vital para los cochabambinos: agua potable, el bien más escaso en esas regiones; riego en los valles, energía. Está el proyecto para la producción de urea en Entre Ríos; la anhelada industrialización de nuestros recursos naturales. Pero al gobierno de Evo Morales sólo le interesa la expansión de los cocales, y vuelca todo el aparato del Estado y su energía personal a destruir el TIPNIS.

Pregunta obligada: ¿Quién manda en el Estado Oligonacional? Respuesta obvia: Los cocaleros y sus intereses. El resto, no es competencia del Estado, o no son responsabilidades de sus autoridades; no interesan, aunque detrás de tanto conflicto aceche la muerte premeditada o por descuido. Bolivia, lo que queda, contempla azorada el levantamiento del Estado ilegal. El TIPNIS verde se ha convertido en el símbolo de la lucha contra el TIPNIS blanco, el del asentamiento y consolidación de un Estado al servicio del narcotráfico.