Cumbre de la ignorancia

Carlos Meleán*

Melean2 700 traficantes bolivianos de droga serían expulsados de Chile y en Bolivia gozarían de plena libertad porque en Bolivia no hay nada pendiente contra esos criminales…

Realmente nuestra sociedad da asco, asco porque no existe justicia, asco, porque todo es manoseado hasta que todos crean esa “verdad”, esa verdad que solamente puede existir en almas enfermas. No digo mentes enfermas porque al parecer nuestra sociedad carece de algo que pueda llamarse mente. Nuestra sociedad está guiada por un enredo de dogmas, que no tienen valor ni sentido, no tienen contenido ni contexto, semántica o por lo menos un poquito de realidad…



Por eso vamos a la cumbre, como si nuestras camisas blancas estuvieran inmaculadas, como si nuestro pasado no tuviera ningún muerto que reclama justicia, como si nosotros no tuviéramos ni un poquito de responsabilidad en lo que se refiere al tráfico de cocaína, porque bien sabemos que los bolivianos solamente podemos rumiar, rumiar coca, rumiar mentiras, rumiar “aereosofías”, rumiar hasta que de la realidad no quede nada, nada más que un montoncito de mierda.

Y de esa mierda nos alimentan, nos hacen vivir en ella, nos hacen creer que es la realidad, que la realidad son cosas chutas en todos los niveles de esta podrida sociedad, que los discursos políticos son la fuente del bien, que nuestros líderes saben lo que dicen, piensan, hablan y hacen. Pero definitivamente ¡no es así! Y cómo puede ser que quedemos indefensos, si tenemos nuestros cerebros que funcionan, nuestros pulmones que respiran, nuestras manos que crean, nuestros pies que todavía caminan… Pero la realidad es cruel y ahí vamos indefensos contra una maquinaria ignorante que trata de aplanar a todo lo que se ponga adelante…

Así que los criminales bolivianos que vuelvan, dejan de serlo en el momento que cruzan la frontera, así que los criminales bolivianos que están en Bolivia dejan de serlo cuando por definición nunca lo fueron, así que la justicia es realmente “originaria”, es decir solamente se da y vale en el mundo milimétrico en la que se da, así que cuando nuestros políticos gritan que tribunales internacionales deben devolvernos nuestro bendito mar, son pendejadas para meternos nuevamente los dedos a… la boca y hacernos pensar que nos dieron el chupón bendito, ese que nos traerá la “iluminación” celestial.

En la Cumbre del MAS como podrán hablar tantas personas tanta mentira, como podrán creerse entre ellos mismos si solamente están mostrando su verdadera falsedad. ¿Habrá dioses o demonios? ¿Qué pensarán ellos al vernos actuar como lo hacemos? ¿Al actuar como lo hacemos, creeremos todavía en algún dios, en algún demonio? Pero de qué sirven estos pensamientos que tienen que ver con el mal o con el bien, con una ética o moral definidas como algo humano, si nosotros si ni bien abrimos los ojos, ya la “Kgamos”, porque seguimos rumiando, seguimos por el “único” sendero posible, “el sendero de la cocaína”, ese sendero que nadie quiere ver, que nadie quiere entender que se convirtió en realidad y esa realidad ya no la podemos apartar de la nuestra… ¿O tal vez si?

¿De qué sirve una política derrotada que no quiere aceptar su derrota? ¿Acaso podrá el moribundo resucitar después de su último suspiro? ¿Serán los dioses tan bondadosos de darnos una segunda vida, una segunda oportunidad? ¿Pero para qué necesitamos una segunda oportunidad si no queremos aprender de nuestros hechos, de nuestros errores y peor aún si nos creemos el ombligo del mundo?

La ignorancia no había tenido ni sabor, ni color, ni olor, ni forma, ni grado académico, ni social, la ignorancia había sido peor que un virus, peor que la “MAS peor” maldición, la ignorancia había sido nuestro cadalso, nuestro juez, nuestra sentencia, nuestro fin y para colmo la cruz que nos dará la última sombra. Hombres honorables sigan con sus cumbres ignorantes mientras unos pocos quizás comprendan que el pensar es un don, es gratis y no es privilegio de nadie… Yo pienso así que soy…*

*Hamburgo, Alemania.

*Título de un libro prohibido en los ´80 y palabras de alguien que hace mucho pensó.